El libro cayó al suelo.
Las páginas se abrieron solas por una corriente de aire que no debería haber existido.
Yai Rongar lo recogió rápidamente.
Su rostro cambió al leer las primeras líneas.
—No...
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
El anciano cerró el libro de golpe.
—Ahora.
Pero ya era tarde.
Una voz resonó desde el fondo de la sala.
Una voz fría.
Tranquila.
Y aterradora.
—Siempre llegas tarde, Yai Rongar.
Todos nos giramos.
No había nadie allí.
Y entonces la oscuridad del rincón empezó a moverse.
Como si fuera un ser vivo.
De ella emergió una figura alta vestida con una larga capa negra.
Su rostro estaba oculto tras una máscara metálica.
Los dos ninjas palidecieron.
—No...
—Es imposible...
Yai Rongar dio un paso adelante.
—Dotrok.
El silencio fue absoluto.
Incluso el aire parecía haberse detenido.
—Veo que encontraste al muchacho —dijo Dotrok.
—Aléjate de él.
Dotrok soltó una pequeña carcajada.
—¿Todavía intentas protegerlo?
La energía temporal comenzó a acumularse alrededor del bastón de Yai Rongar.
—No daré un paso atrás.
—Lo sé.
Respondió Dotrok.
—Por eso siempre fuiste un problema.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Yai Rongar levantó el bastón.
Dotrok se movió.
Yo apenas vi un destello oscuro.
Un único movimiento.
Nada más.
El anciano se quedó inmóvil.
Completamente inmóvil.
—Maestro...
No respondió.
—Maestro.
Seguía sin responder.
Entonces el bastón cayó al suelo.
Clac.
Yai Rongar cayó de rodillas.
Después hacia delante.
Sin moverse.
—¡MAESTRO!
Corrí hacia él.
Pero Dotrok apareció delante de mí.
Como si hubiera atravesado el espacio.
Me golpeó antes de que pudiera reaccionar.
Caí al suelo.
Intenté levantarme.
La energía rosa apareció alrededor de mis manos.
Pero desapareció inmediatamente.
Como si alguien la hubiera apagado.
—¿Qué...?
—Inútil.
Dotrok me observaba desde arriba.
—Todavía eres demasiado débil.
Los dos ninjas intentaron intervenir.
Dotrok ni siquiera los miró.
Un instante después ambos estaban contra una pared, incapaces de continuar.
Yo intenté activar la Detención del Tiempo.
Nada.
Lo intenté otra vez.
Nada.
Sentí miedo.
Por primera vez desde que había comenzado mi entrenamiento.
Miedo de verdad.
Dotrok se inclinó.
—He esperado años para encontrarte.
—¿Por qué?
—Porque perteneces a algo que jamás debió existir.
No entendí sus palabras.
Y tampoco tuve tiempo para hacerlo.
Una extraña sensación recorrió mi cuerpo.
Todo empezó a volverse borroso.
Pesado.
Como si estuviera quedándome dormido.
Intenté resistirme.
Intenté levantarme.
Intenté luchar.
Pero mis fuerzas desaparecían.
Lo último que vi fue a los dos ninjas gritando mi nombre.
La sala alejándose.
Y la figura inmóvil de Yai Rongar en el suelo.
Después llegó la oscuridad.
Y cuando abrí los ojos otra vez...
No podía moverme.
Estaba sujeto a una silla metálica.
Una intensa luz artificial apuntaba directamente a mi cara.
Más allá del resplandor se distinguían sombras.
Máquinas.
Pantallas.
Y alguien observándome.
Una figura sentada al otro lado de la habitación.
Esperando a que despertara.
—Por fin.
La voz de Dotrok resonó en la sala.
—Ahora podremos hablar sobre lo que realmente eres.
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Editado: 06.06.2026