Tiempo y masa 1

Capítulo 16

La luz artificial me cegaba.

Intenté moverme.

No pude.

Entonces vi unas máquinas rodeándome.

Tubos.

Pantallas.

Cables.

Y en el centro de todo estaba Dotrok.

—El cuerpo humano es demasiado frágil —dijo—. Pero tu alma... tu alma es especial.

—¿Qué vas a hacer?

Dotrok sonrió detrás de su máscara.

—Liberarte.

La máquina se activó.

Sentí una extraña sensación.

Como si algo tirase de mí desde dentro.

La habitación comenzó a deformarse.

Los colores se mezclaron.

Y de repente...

Vi mi propio cuerpo.

Inmóvil.

Al otro lado de una cápsula.

—¿Qué...?

Miré mis manos.

Ya no eran mis manos.

Eran pequeñas.

Moradas.

Hechas de tela y energía.

Corrí hacia un espejo.

Y casi me caí del susto.

Me habían metido dentro de un muñeco.

Tenía el aspecto de una criatura morada extraña.

Cabeza redonda.

Brazos cortos.

Piernas pequeñas.

Y unos ojos enormes.

—¡¡DOTROK!!

El villano parecía satisfecho.

—Ahora podrás servir mejor a mis propósitos.

—¡Ni hablar!

Intenté usar mi magia.

Para mi sorpresa...

El tiempo se detuvo.

Todo quedó congelado.

—¿Qué?

Todavía funcionaba.

Mis poderes seguían allí.

Y también mis combos.

Entonces descubrí algo más.

Durante la detención temporal sentí un dolor extraño en la cabeza.

CRACK.

La parte superior de mi cabeza se abrió por la mitad.

Como una enorme mandíbula.

Y en el interior había varias filas de dientes afilados.

—¡¿Pero qué clase de muñeco soy?!

En ese momento aparecieron varios ninjas leales a Dotrok.

Habían acudido al laboratorio al escuchar los gritos.

—¡Está despierto!

—¡Capturadlo!

—¡No dejéis que escape!

Yo miré la puerta.

Luego a los ninjas.

Luego a mis nuevas manos de muñeco.

—Bueno...

La energía rosa empezó a aparecer alrededor de mí.

—Supongo que toca improvisar.

Detuve el tiempo.

El laboratorio quedó inmóvil.

Corrí alrededor de los guardias.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

La energía rosa dejó largas estelas brillantes.

Preparé una enorme cadena de combos.

Patadas.

Puñetazos.

Empujones.

Movimientos rápidos para desarmarlos.

Cuando el tiempo volvió a avanzar...

¡BOOM!

Los ninjas salieron despedidos en distintas direcciones y quedaron fuera de combate.

Las alarmas empezaron a sonar.

¡WEEEOOOO! ¡WEEEOOOO!

Luces rojas iluminaron el laboratorio.

Y yo aproveché para escapar por un conducto de ventilación.

Mientras corría por los túneles metálicos, una sola pregunta ocupaba mi mente:

—¿Y ahora cómo vuelvo a mi cuerpo?

Y muy lejos, en la parte más alta de la Torre del Vacío, Dotrok observaba una pantalla.

No parecía enfadado.

Al contrario.

Parecía satisfecho.

Como si mi fuga formara parte de su plan.



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En el texto hay: aventura epica

Editado: 06.06.2026

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