El dojo estaba en silencio.
Habían pasado varios días desde nuestra huida de la Torre del Vacío.
Alil y Staril reconstruían las zonas dañadas.
Yo seguía atrapado en mi extraño cuerpo de muñeco.
Aunque algo estaba cambiando.
Una mañana me desperté con una sensación extraña.
Los pantalones que me había fabricado Staril me quedaban pequeños.
Muy pequeños.
—¿Eh?
Me puse de pie.
Y seguí creciendo.
Y creciendo.
Y creciendo.
—¡ALIL!
—¿Qué pasa?
—¡Creo que me estoy haciendo gigante!
Cuando todos llegaron al patio, me observaron con la boca abierta.
Ya no medía poco más de un metro.
Ahora tenía prácticamente la misma altura que cuando era humano.
Mis brazos eran más largos.
Mis piernas más fuertes.
Y las alas pequeñas de energía rosa que a veces aparecían detrás de mí parecían más estables.
—Interesante... —murmuró Staril.
—Tu alma se está adaptando al recipiente.
—Eso no me tranquiliza.
Aquella noche no podía dormir.
Miraba mi antiguo cuerpo humano.
Seguía inmóvil.
Como dormido.
Y entonces tuve una idea.
Una idea muy mala.
De esas que suelen acabar en desastre.
—¿Y si...?
Al día siguiente reuní a Alil y Staril.
—Tengo una teoría.
Los dos se miraron.
—Eso nunca termina bien.
—Escuchad primero.
Les expliqué lo que pensaba.
Según los documentos encontrados en la torre, mi alma y mi cuerpo seguían conectados.
Quizá...
Solo quizá...
Existía una forma de fusionarlos.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—No estoy seguro.
—Eso tampoco tranquiliza.
Me acerqué a mi cuerpo humano.
Respiré hondo.
Sentí la energía temporal fluyendo.
Y entonces ocurrió.
CRACK.
Mi cabeza se abrió por la mitad.
Revelando aquellas enormes mandíbulas ocultas.
Alil dio un salto hacia atrás.
—¡Nunca me acostumbraré a eso!
—Ni yo —dijo Staril.
La energía rosa empezó a rodear tanto al cuerpo humano como al cuerpo de muñeco.
Las dos formas parecían atraerse.
Como si fueran piezas separadas de algo que quería volver a unirse.
Me acerqué.
Y activé mi poder.
La luz rosa inundó el patio.
Todo desapareció dentro del resplandor.
El suelo.
Los bambúes.
El dojo.
Todo.
Cuando la luz se disipó...
Estaba de pie.
Miré mis manos.
Humanas.
Volvía a ser humano.
Pero algo era diferente.
Cuando cerré los ojos podía sentir al muñeco todavía dentro de mí.
Como una segunda forma.
Como una transformación que podía activar cuando quisiera.
—¿Lo has conseguido? —preguntó Alil.
Moví los dedos.
Flexioné los brazos.
Sonreí.
—Creo que sí.
Entonces una pequeña grieta apareció en mi mejilla.
CRACK.
Durante un segundo se abrió una diminuta mandíbula llena de dientes afilados.
Y volvió a cerrarse.
Todos nos quedamos mirando.
Silencio absoluto.
—Vale —dijo Staril.
—Eso sí da bastante miedo.
Pero antes de que pudiéramos celebrar nada, el bastón de Yai Rongar volvió a brillar.
Esta vez con mucha más intensidad.
Y una voz resonó por todo el dojo.
—Muchacho...
—Si puedes oírme...
—El Dotrok no era el verdadero enemigo.
El brillo se apagó.
Y el patio quedó completamente en silencio.
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Editado: 07.06.2026