Tiempo y masa 2: La isla castigo y sus sirvientes

Capítulo 2

(Narrado por un ninja de la Torre del Vacío)

Era una noche normal.

Bueno, tan normal como puede ser una noche en la Torre del Vacío.

Me habían asignado guardia en el nivel siete.

El pasillo de las celdas antiguas.

Aburridísimo.

No ocurría nunca nada.

Solo silencio.

Y sombras.

Demasiadas sombras.

Apoyé la espalda contra una pared.

Miré el reloj.

Faltaban tres horas para el cambio de turno.

—Genial...

Entonces ocurrió algo extraño.

Un olor raro llegó desde el final del pasillo.

Como humo.

Pero no era humo normal.

Era azul.

Al principio era una pequeña nube.

Pensé que sería alguna avería.

Pero siguió creciendo.

Y creciendo.

Hasta llenar todo el corredor.

—¿Hola?

Nadie respondió.

Llevé una mano a mi espada.

El humo azul se movía como si estuviera vivo.

No avanzaba.

No retrocedía.

Simplemente... flotaba.

Como si estuviera observándome.

Y eso fue lo que me dio más miedo.

Entonces vi una silueta.

Dentro del humo.

Pequeña al principio.

Después más grande.

Mucho más grande.

No parecía humana.

Tampoco parecía un animal.

Parecía...

Un peluche.

Pero algo estaba terriblemente mal en él.

Sus brazos eran demasiado largos.

Su cuerpo estaba torcido.

Y su cabeza parecía abrirse por la mitad.

Como una mandíbula gigantesca.

Di un paso atrás.

Luego otro.

—¿Quién anda ahí?

La figura no respondió.

Simplemente avanzó.

Muy despacio.

El humo azul empezó a girar a su alrededor.

Y por un instante vi unos ojos brillando en la oscuridad.

No parecían enfadados.

No parecían agresivos.

Parecían vacíos.

Como si aquella cosa ni siquiera me estuviera mirando a mí.

Como si estuviera buscando otra cosa.

Intenté activar la alarma.

Mi mano nunca llegó al botón.

Porque el tiempo se detuvo.

Las llamas de las antorchas quedaron inmóviles.

El humo dejó de moverse.

Incluso el polvo suspendido en el aire se congeló.

Y yo...

No podía moverme.

Ni un dedo.

La criatura siguió caminando.

La enorme mandíbula de su cabeza se abrió lentamente.

Más.

Y más.

Y más.

Hasta ocupar casi toda su cara.

Lo último que vi fue aquella silueta deformada acercándose entre el humo azul.

Y dos luces rosas brillando donde deberían estar sus ojos.

Después...

Nada.

Y a la mañana siguiente, el puesto de guardia estaba vacío.

Sin señales de lucha.

Sin armas.

Sin rastros.

Solo una extraña marca rosa dibujada en la pared.

Como si alguien hubiera arrastrado una estela de energía por la piedra.

Y debajo, escrito con una caligrafía temblorosa:

"El tiempo os alcanzará."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.