(Narrado por Martín)
Después de infiltrarme en la torre, asustar a los ninjas fué pan comido.
Y encontrar a Dotrok no fue difícil.
Pero eso fue precisamente lo que me preocupó.
Demasiado fácil.
Como si él quisiera que lo encontrara.
Subí hasta la parte más alta de la Torre del Vacío.
Pasillo tras pasillo.
Escalera tras escalera.
Nadie intentó detenerme.
Ni guardias.
Ni monstruos.
Ni trampas.
Nada.
Finalmente llegué a unas enormes puertas negras.
Empujé.
CRAAAAK.
Se abrieron lentamente.
Y allí estaba.
Dotrok.
Sentado en un trono de piedra.
Esperándome.
—Has tardado bastante.
Su voz era tranquila.
Como si estuviera hablando del tiempo.
No de una guerra.
Apreté los puños.
La energía rosa apareció alrededor de mis brazos.
—Mataste a Yai Rongar.
—Sí.
—Perseguiste a mis padres.
Dotrok guardó silencio.
—Y convertiste mi vida en una pesadilla.
El villano se levantó.
—Eso último no fue mi intención.
—¿Qué?
—Yo nunca quise destruirte.
—¡Mentira!
—Quería controlarte.
Eso me enfadó todavía más.
Sin pensarlo dos veces me lancé al ataque.
Detuve el tiempo.
El mundo se congeló.
Las antorchas.
El aire.
Todo.
Corrí hacia Dotrok.
Preparé mi mejor combo.
Ciento veinte golpes.
Luego ciento cincuenta.
Más rápido que nunca.
Las estelas rosas iluminaron toda la sala.
Cuando terminé, retrocedí.
Sonriendo.
—Se acabó.
Liberé el tiempo.
Nada ocurrió.
Mi sonrisa desapareció.
Dotrok seguía de pie.
Sin un rasguño.
Sin haberse movido.
—¿Qué...?
Entonces vi algo imposible.
Alrededor de Dotrok flotaban pequeños fragmentos de tiempo roto.
Como espejos transparentes.
Todos mis golpes estaban atrapados dentro de ellos.
Congelados.
Dotrok cerró la mano.
Los espejos se rompieron.
Mis ataques desaparecieron.
Como si jamás hubieran existido.
Sentí un escalofrío.
—No puede ser.
—Tu maestro te enseñó a detener el tiempo.
Dotrok descendió del trono.
—Pero nunca te enseñó lo que existe por encima.
—¿Por encima?
—El Dominio Temporal.
Por primera vez desde que había comenzado esta aventura...
No estaba seguro de poder ganar.
Dotrok levantó una mano.
La sala desapareció.
De repente nos encontrábamos en un espacio blanco infinito.
Sin suelo.
Sin techo.
Sin paredes.
Solo vacío.
—¿Dónde estamos?
—Entre segundos.
—¿Qué significa eso?
—Significa que aquí no puedes esconderte detrás de tu poder.
La energía rosa volvió a rodearme.
Esta vez mucho más intensa.
Mi cuerpo tembló.
Sentía que la forma del Ave del Tiempo quería despertar.
Dotrok observó aquello.
Y por primera vez...
Pareció preocupado.
Solo un instante.
Pero lo vi.
—Así que era cierto...
—¿El qué?
Dotrok retrocedió un paso.
—No eres simplemente un usuario de magia temporal.
El espacio blanco comenzó a agrietarse.
Grandes grietas negras aparecieron a nuestro alrededor.
Y desde una de ellas surgió una voz.
Una voz desconocida.
Antigua.
Enorme.
Como si perteneciera a algo mucho más viejo que Dotrok.
Mucho más viejo que Yai Rongar.
—Por fin...
Las grietas se expandieron.
Dotrok levantó la vista.
Y por primera vez parecía asustado.
—No...
—Tú no.
La voz volvió a resonar.
—El portador ha despertado.
Y algo gigantesco empezó a abrir un ojo al otro lado de la grieta.
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Editado: 07.06.2026