Tiempo y masa 2: La isla castigo y sus sirvientes

Capítulo 5

Habían pasado varios días.

Quizá semanas.

Ya ni siquiera estaba seguro.

La masa negra seguía extendiéndose por la selva.

Y nosotros seguíamos escondiéndonos.

Aquella mañana me había despertado en mi forma de juguete vivo.

La transformación ya empezaba a ocurrir sin que yo la controlara.

Estaba sentado sobre una roca cuando escuché pasos acercándose.

Muy rápidos.

—¡MARTÍN!

Era Alil.

Venía corriendo entre los árboles.

Tropezó con una raíz.

Se levantó.

Siguió corriendo.

Y volvió a tropezar.

—¿Qué pasa?

—¡He encontrado algo!

—Eso no suena tranquilizador.

—¡Venid!

Staril apareció poco después.

Y los tres seguimos a Alil hasta las proximidades del antiguo dojo.

O lo que quedaba de él.

La masa negra seguía allí.

Más grande.

Más extensa.

Más horrible.

Parecía haber cubierto por completo toda la montaña.

Pero aquello no era lo que Alil quería enseñarnos.

En mitad de un pequeño claro había una estatua.

Una enorme estatua de piedra.

Con forma de gusano.

—¿Eso es lo importante?

—Mírala bien.

Me acerqué.

La piedra parecía antiquísima.

Cubierta de símbolos extraños.

Y había algo inquietante en ella.

Como si estuviera observándonos.

—No me gusta.

—A mí tampoco.

—Entonces probablemente es importante.

Staril examinó la estatua.

Golpeó la piedra.

Luego volvió a golpearla.

Después sacó una espada.

—¿Qué haces?

—Comprobar una teoría.

Antes de que pudiéramos detenerlo...

¡CRAAACK!

Partió la estatua en dos.

Durante un segundo no ocurrió nada.

Luego ocurrió todo.

La estatua empezó a brillar.

Los símbolos se iluminaron.

La tierra tembló.

Y una grieta apareció en el aire.

No en el suelo.

En el aire.

La grieta se expandió.

Giró sobre sí misma.

Y terminó convirtiéndose en una especie de túnel luminoso.

Un agujero imposible.

—¿Es...?

—Sí.

—Un agujero de gusano.

Staril señaló los restos del gusano de piedra.

—Y nunca mejor dicho.

Nadie se rió.

Porque el agujero acababa de tirar de nosotros.

—¡EH!

—¡ESPERAD!

—¡NO ESTABA PREPARADO!

El mundo desapareció.

Sentí que caía.

Aunque no había gravedad.

Vi colores imposibles.

Escuché ecos lejanos.

Y durante un instante me pareció ver miles de ojos observándonos desde el interior del túnel.

Entonces salimos disparados.

Y aterrizamos sobre hierba.

Mucha hierba.

Me levanté lentamente.

Miré alrededor.

Y me quedé sin palabras.

Nos encontrábamos en una enorme llanura verde.

El cielo era gris.

El viento era frío.

Y a lo lejos...

Había un castillo gigantesco.

Un castillo completamente cubierto por la masa negra.

Torres.

Murallas.

Puertas.

Todo estaba envuelto por aquella sustancia viscosa.

Miles de astillas negras sobresalían de las paredes.

Como espinas monstruosas.

—Vale...

Alil tragó saliva.

—Eso no estaba aquí antes.

Entonces vimos algo moverse sobre una de las torres.

Una silueta.

Luego otra.

Y otra más.

Figuras humanoides cubiertas por la misma masa negra.

Inmóviles.

Observándonos desde kilómetros de distancia.

Staril bajó lentamente la espada.

—Tengo la sensación de que acabamos de entrar en territorio enemigo.

Y en ese momento...

Las enormes puertas del castillo comenzaron a abrirse solas.

CRAAAAAAAAAK.

Desde la oscuridad del interior surgió una luz amarilla.

La misma luz amarilla que habíamos visto en los ojos de aquella criatura.

Y una voz resonó por toda la llanura.

Una voz imposible de localizar.

Como si viniera de todas partes a la vez.

—El portador del tiempo...

—Por fin ha llegado.

Los tres nos quedamos congelados.

Porque estaba claro que quienquiera que habitara aquel castillo...

Nos estaba esperando.




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