Tiempo y masa 2: La isla castigo y sus sirvientes

Capítulo 6

Las puertas del castillo seguían abiertas.

La luz amarilla brillaba desde su interior.

Y aquella voz todavía resonaba en mi cabeza.

—El portador del tiempo ha llegado.

No me gustaba nada.

Entonces escuchamos un ruido entre la hierba.

Algo corría hacia nosotros.

Muy rápido.

Alil sacó una daga.

Staril desenvainó su espada.

Yo preparé mis puños.

Y de repente apareció.

Era una especie de hombre lagarto.

Tenía escamas verdes oscuras.

Una cola larga.

Y una cicatriz que le cruzaba medio rostro.

—¡Corred!

Nos quedamos mirándolo.

—¿Perdón?

—¡QUE CORRÁIS!

Señaló el castillo.

—¡Ahora mismo!

Entonces vimos algo moverse sobre las murallas.

Decenas de figuras negras estaban apareciendo.

Demasiadas.

Muchísimas.

El hombre lagarto palideció.

—Ya os han detectado.

—¿Quién eres? —pregunté.

—¡Luego!

Y salió corriendo.

Por alguna razón decidimos seguirlo.

Corrimos durante horas.

Atravesamos praderas.

Bosques.

Colinas.

Ríos.

Y cuanto más nos alejábamos del castillo...

Más tranquilo parecía el mundo.

Finalmente llegamos a una aldea.

Pequeña.

Rodeada por empalizadas de madera.

Molinos.

Casas de piedra.

Campos de cultivo.

Un cartel de madera estaba clavado junto a la entrada.

RAIFORD

—Bienvenidos —dijo el hombre lagarto mientras recuperaba el aliento—. Al único lugar de esta isla donde todavía queda esperanza.

Aquella frase no sonó muy tranquilizadora.

Los aldeanos nos observaban con curiosidad.

Había humanos.

Hombres lagarto.

Personas con cuernos.

Y otras especies que jamás había visto.

Parecía que todo tipo de refugiados habían terminado allí.

Aquella noche nos reunimos alrededor de una gran hoguera.

—Vale —dije—. Ahora empieza a hablar.

El hombre lagarto asintió.

—Mi nombre es Rask.

—Y estáis en la Isla Castigo.

Ninguno de nosotros había oído ese nombre.

—¿Isla Castigo?

—Sí.

Rask señaló el horizonte.

Hacia donde se encontraba el castillo cubierto por la masa negra.

—Hace miles de años este lugar era el reino más avanzado del mundo.

—¿Tecnología?

—Más allá de cualquier tecnología.

Rask alimentó el fuego.

Las llamas iluminaron su rostro.

—Máquinas capaces de alterar el clima.

—Ciudades flotantes.

—Armas que podían destruir montañas.

—Motores capaces de atravesar dimensiones.

Alil silbó.

—Eso suena peligroso.

—Lo era.

Rask bajó la mirada.

—Los dioses observaron aquello.

—Y decidieron que los habitantes se habían vuelto demasiado poderosos.

El silencio cayó sobre la hoguera.

—¿Qué hicieron?

Rask tardó varios segundos en responder.

—Crearon un monstruo.

Un viento frío recorrió la aldea.

—No una bestia normal.

—No un dragón.

—No un demonio.

Miró directamente hacia mí.

—Algo inmortal.

—¿Inmortal?

—No envejece.

—No se cansa.

—No puede ser destruido.

Staril frunció el ceño.

—Eso suena injusto.

—Porque es un castigo.

Rask señaló nuevamente el castillo.

—Ese monstruo llegó a la isla.

—Y empezó a extender la masa negra.

Sentí un escalofrío.

—¿La misma masa que vimos en el dojo?

—La misma, supongo-dijo Alil-¿No?

—¿De que sitio estáis hablando?-dijo Rask-.

—¿Y la criatura de los ojos amarillos?-dijo Staril, para cambiar de tema-.

Rask se quedó completamente inmóvil.

—La habéis visto.

—Sí.

El hombre lagarto tragó saliva.

—Entonces habéis sobrevivido a algo que casi nadie ha visto jamás.

La hoguera crepitó.

Y entonces dijo unas palabras que no olvidaré.

—Porque esa criatura...

—No es el monstruo.

Todos nos quedamos congelados.

—¿Cómo?

Rask señaló el castillo lejano.

—Esa cosa de los ojos amarillos es solamente uno de sus sirvientes.

El silencio fue absoluto.

Y por primera vez desde que había llegado a aquella isla...

Sentí verdadero miedo.

Porque si aquello era solo un sirviente...

No quería imaginar cómo sería el amo.




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