La montaña volvió a temblar.
Las grietas se expandieron.
Columnas de energía roja escapaban de las profundidades.
Y entonces lo vimos.
Vhar-Kel.
La criatura emergió lentamente del interior de la montaña.
Era incluso más grande de lo que mostraban los dibujos.
Seis alas negras.
Plumas oscuras.
Y aquellos dos ojos amarillos que dejaban largas estelas luminosas al moverse.
Pero había algo más.
Algo que no aparecía en el pergamino.
Su brazo derecho.
No terminaba en una mano.
Terminaba en una enorme hoja de energía.
Una especie de filo láser rojo que vibraba constantemente.
—Eso no parece divertido.
Murmuró Philip.
—Ni un poco.
Vhar-Kel nos observó.
Después desplegó sus alas.
Y lanzó una lluvia de fuego.
El cielo se volvió rojo.
—¡Cuidado!
Gritó Philip.
Rodamos hacia lados opuestos.
Las explosiones sacudieron la montaña.
Yo activé la Detención del Tiempo.
Todo se congeló.
Corrí.
La energía rosa apareció alrededor de mis puños.
Me lancé contra Vhar-Kel.
Puñetazo.
Patada.
Codazo.
Rodillazo.
Más rápido.
Más rápido.
Más rápido.
Las estelas rosas dibujaban espirales alrededor del monstruo.
Treinta golpes.
Cuarenta.
Sesenta.
Ochenta.
Cuando terminé liberé el tiempo.
¡¡BOOOOOOM!!
Los impactos explotaron al mismo tiempo.
Vhar-Kel retrocedió.
Pero algo iba mal.
Muy mal.
Mis brazos empezaron a arder.
—¿Qué...?
Miré mis manos.
Pequeñas llamas rojas recorrían mi armadura.
Las llamas se extendieron.
Por los brazos.
Por el pecho.
Por la espalda.
—¡Martín!
Escuché gritar a Philip.
Intenté apagar el fuego.
No funcionó.
Cada vez quemaba más.
Más.
Más.
Hasta que caí de rodillas.
Sentía que todo mi cuerpo estaba ardiendo desde dentro.
Vhar-Kel levantó su brazo láser.
Preparándose para rematarme.
Y entonces ocurrió.
Algo se rompió en mi interior.
O quizá despertó.
No lo sé.
Mis ojos comenzaron a brillar.
Primero de color rosa.
Después rojo.
Rojo intenso.
Las llamas dejaron de hacerme daño.
Y empezaron a girar a mi alrededor.
Philip se quedó inmóvil.
—¿Martín...?
Mi espalda empezó a doler.
Dos enormes hileras de espinas luminosas surgieron de ella.
Filos de energía roja.
Como alas hechas de lanzas láser.
Las rocas cercanas comenzaron a derretirse.
El aire vibraba.
La montaña temblaba.
Y por primera vez...
Vhar-Kel retrocedió.
Sus ojos amarillos se fijaron en mí.
Yo me levanté lentamente.
Las llamas giraban alrededor de mi cuerpo.
Mis ojos brillaban como brasas.
Y señalé al monstruo.
—Vas a combatir...
Las espinas láser se desplegaron detrás de mí.
—...con alguien de tu tamaño.
El rugido de la montaña resonó en todo el cielo.
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Editado: 07.06.2026