Tiempo y masa 2: La isla castigo y sus sirvientes

Capítulo 10

Narrado por Philip

He luchado contra muchas cosas.

Bestias astrales.

Piratas del cielo.

Depredadores de las nubes.

Incluso contra un dragón de tormenta una vez.

Nada.

Absolutamente nada.

Me había preparado para lo que vi aquel día.

Martín estaba arrodillado frente a Vhar-Kel.

Las llamas giraban alrededor de él.

Sus ojos brillaban de color rojo intenso.

Y aquellas espinas láser sobresalían de su espalda como alas de cuchillas.

Entonces levantó la cabeza.

Y sonrió.

No una sonrisa normal.

Una sonrisa de monstruo.

—Martín...

Murmuré.

CRACK.

Su cabeza comenzó a abrirse.

Yo ya sabía que podía hacerlo.

Había visto sus mandíbulas antes.

Pero nunca así.

La cabeza se abrió verticalmente.

Más.

Más.

Y más.

Las dos mitades quedaron separadas.

Revelando enormes filas de dientes afilados brillando entre las llamas.

Vhar-Kel retrocedió.

Por primera vez.

El Vigía del Aire.

Uno de los sirvientes del Castigador.

Retrocedió.

Y entonces Martín rugió.

RRRRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH

La montaña entera tembló.

Las nubes se dispersaron.

Las grietas del suelo se expandieron.

Y lo peor de todo...

Martín empezó a crecer.

Yo me quedé inmóvil.

—No...

Seguía creciendo.

Y creciendo.

Y creciendo.

Hasta alcanzar el tamaño de Vhar-Kel.

Dos gigantes.

Frente a frente.

Uno era un monstruo de fuego.

El otro...

No estaba seguro de qué era.

La energía roja y rosa giraba alrededor de Martín.

Sus espinas láser iluminaban todo el valle.

Y entonces desapareció.

Simplemente desapareció.

No.

Había detenido el tiempo.

Lo comprendí al instante.

El viento dejó de moverse.

Las llamas quedaron inmóviles.

Las cenizas dejaron de caer.

Todo quedó congelado.

Excepto él.

Vi una estela roja atravesar el campo de batalla.

Luego otra.

Y otra más.

Era Martín.

Moviéndose dentro del tiempo detenido.

No podía seguirlo con la vista.

Ni siquiera podía imaginar su velocidad.

Y entonces...

El tiempo volvió.

BOOOOOOOOOOOOOOM

Vhar-Kel salió disparado.

Atravesó una montaña.

Luego otra.

Luego una tercera.

La onda de choque me lanzó al suelo.

Durante unos segundos pensé que había terminado.

Que el combate había acabado.

Que Martín había ganado.

Entonces escuché algo.

Algo muy lejano.

Una risa.

Una risa grave.

Procedente de entre las montañas destruidas.

Las llamas comenzaron a elevarse.

Más altas.

Más calientes.

Más violentas.

Y una enorme silueta volvió a levantarse.

Vhar-Kel.

Herido.

Cubierto de grietas.

Pero vivo.

Y cuando abrió sus seis alas...

Vi algo que me heló la sangre.

Las grietas de su cuerpo estaban llenas de masa negra.

La misma masa que había cubierto el castillo de nuestro reino.

Y seguía creciendo.

Vhar-Kel levantó la cabeza.

Miró a Martín.

Y habló por primera vez.

Su voz sonó como fuego ardiendo dentro de una tormenta.

—Ahora sí...

Las llamas negras comenzaron a envolverlo.

—...empieza el verdadero combate.

Y detrás de él, por un instante...

Juraría haber visto dos enormes ojos amarillos observando desde las nubes.




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