Vhar-Kel había cambiado.
Las llamas negras recorrían su cuerpo.
La masa oscura salía de las grietas de su piel como si algo estuviera creciendo dentro de él.
Y aun así...
Martín no retrocedió.
Ni un paso.
Yo tensé mi arco.
Las piedras astrales incrustadas en las flechas comenzaron a brillar.
—Martín, espero que tengas un plan.
El gigante juguete monstruoso giró una de sus enormes mandíbulas hacia mí.
—Más o menos.
—Fantástico.
Disparé.
FSSSSSHHHH
La primera flecha atravesó el aire.
Impactó contra una de las alas de Vhar-Kel.
¡¡BOOOOM!!
La explosión iluminó el cielo.
Disparé otra.
Y otra.
Y otra más.
Una lluvia de flechas explosivas cayó sobre el monstruo.
BOOM
BOOM
BOOM
BOOM
Las llamas negras se dispersaron momentáneamente.
—¡Ahora, Martín!
El gigante rugió.
Y desapareció.
Otra vez.
Había detenido el tiempo.
Durante un instante todo quedó inmóvil.
Las explosiones congeladas.
Las cenizas suspendidas.
Las nubes quietas.
Y Martín.
Moviéndose libremente.
Corrió directamente hacia Vhar-Kel.
La energía roja y rosa explotaba alrededor de su cuerpo.
Las enormes espinas láser brillaban como soles.
Y entonces abrió completamente sus mandíbulas verticales.
Aquello era aterrador.
Las dos mitades de su cabeza se separaron revelando filas y filas de dientes brillantes.
Parecía capaz de morder una montaña.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Cuando el tiempo volvió a avanzar...
¡¡CRAAAAAAASH!!
Martín cerró las fauces sobre la cabeza de Vhar-Kel.
La onda de choque sacudió toda la montaña.
Las rocas cercanas explotaron.
Las alas negras del sirviente se agitaron violentamente.
Vhar-Kel rugió de dolor.
Por primera vez.
Por primera vez desde que había aparecido...
Lo vi sufrir.
La masa negra empezó a escapar de las grietas de su cuerpo.
Como humo.
Como si la mordida hubiera dañado algo más profundo que su armadura.
—¡Lo está consiguiendo!
Grité.
Pero entonces ocurrió algo peor.
Mucho peor.
La masa negra que salía de Vhar-Kel no desapareció.
Comenzó a reunirse sobre él.
Girando.
Acumulándose.
Formando una gigantesca esfera oscura sobre la montaña.
Y desde el interior de aquella esfera...
Se abrió un enorme ojo amarillo.
Solo uno.
Y era muchísimo más grande que el de cualquier sirviente.
Martín soltó a Vhar-Kel inmediatamente.
Porque incluso él parecía haber comprendido algo.
Aquello que nos observaba...
No era Vhar-Kel.
Era algo que estaba mirando a través de él.
Algo mucho más antiguo.
Y la montaña entera comenzó a agrietarse bajo nuestros pies.
#1604 en Otros
#72 en Aventura
#1193 en Fantasía
#673 en Personajes sobrenaturales
Editado: 07.06.2026