Tiempo y masa 2: La isla castigo y sus sirvientes

Capítulo 13

Narrado por Philip

El viaje de vuelta a Aeralia fue silencioso.

Demasiado silencioso.

Habíamos derrotado a Vhar-Kel.

Deberíamos haber estado celebrándolo.

Pero nadie lo hacía.

Porque todos seguíamos pensando en lo mismo.

Nexor.

Aquel nombre no abandonaba mi cabeza.

Martín caminaba delante de nosotros.

Había vuelto a su forma humana.

Parecía agotado.

Más agotado de lo que quería admitir.

—¿Seguro que estás bien?

Le pregunté.

—Sí.

Mentía fatal.

—No te creo.

—Pues tendrás que esforzarte más.

Aquello sonó más a Martín.

Y por un momento me tranquilicé.

Por un momento.

Porque entonces ocurrió.

Martín se detuvo en seco.

—¿Martín?

No respondió.

Su cuerpo empezó a temblar.

Primero ligeramente.

Luego con más fuerza.

Y de repente...

BOOOOM

Una explosión de energía lo envolvió.

Todos retrocedimos.

La energía rosa apareció.

Después roja.

Y después...

Negra.

—¡¿Qué está pasando?!

Gritó uno de los guardias alados.

Martín cayó de rodillas.

Y comenzó a crecer.

Su cuerpo humano desapareció.

La forma de juguete regresó.

Más grande.

Más pesada.

Más monstruosa.

Las espinas láser aparecieron de golpe.

Sus mandíbulas se abrieron involuntariamente.

Y entonces comenzó a convulsionar.

—¡MARTÍN!

Corrí hacia él.

Pero una onda de energía me lanzó hacia atrás.

Rask me sujetó antes de que cayera por un precipicio.

—¡No te acerques!

Miré de nuevo.

Y sentí un escalofrío.

Una nube de energía negra y amarilla estaba descendiendo desde las nubes.

Como humo.

Como una tormenta viva.

Y estaba entrando directamente en el cuerpo de Martín.

Por los ojos.

Por las grietas de la armadura.

Por las mandíbulas abiertas.

—¡No!

Martín golpeó el suelo.

Con fuerza suficiente para agrietar la roca.

Pero la energía seguía entrando.

Más.

Y más.

Y más.

Sus ojos cambiaban constantemente.

Rojos.

Amarillos.

Rojos.

Amarillos.

Como si dos voluntades estuvieran luchando.

Entonces escuchamos algo.

Una voz.

Procedente de Martín.

Pero no era su voz.

—Déjame entrar...

La voz sonaba antigua.

Inmensa.

Y terriblemente tranquila.

—No.

Respondió otra voz.

La de Martín.

Desde dentro.

—Este cuerpo es mío.

La energía negra se agitó violentamente.

Las nubes comenzaron a girar sobre Aeralia.

Los cristales astrales de la ciudad parpadearon.

Y por primera vez...

Parecía que la batalla ya no estaba ocurriendo afuera.

Estaba ocurriendo dentro de él.

Dentro de su mente.

Dentro de su alma.

Martín rugió.

Un rugido tan fuerte que hizo vibrar todas las islas flotantes.

Y durante una fracción de segundo...

Vi una gigantesca silueta detrás de él.

No era Nexor.

No era Vhar-Kel.

Era otra cosa.

Algo enorme.

Algo con alas hechas de luz roja.

Algo que parecía estar intentando protegerlo.

Y entonces todo explotó en una tormenta de energía.

La luz nos cegó.

Y cuando pude volver a abrir los ojos...

Martín había desaparecido.




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