(Narrado por Staril)
Tenía miedo.
No miedo de luchar.
No miedo de morir.
Ni siquiera miedo del Castigador.
Tenía miedo de quedarme solo.
Había pasado mucho tiempo junto a Alil.
Mi hermana.
Y también junto a Martín.
Aquel chico extraño que podía detener el tiempo, transformarse en un monstruo de juguete gigante y meterse en problemas más rápido de lo que yo podía sacar una espada.
Y ahora ninguno estaba conmigo.
Rask había partido con Martín para intentar destruír a los sirvientes del Castigador.
Alil había ido hacia otra región.
Y yo...
Yo tenía mi propia misión.
Por eso estaba caminando por un camino embarrado junto a una chica que apenas conocía.
—Llevas diez minutos callado.
Dijo ella.
—Estoy pensando.
—Mientes fatal.
Suspiré.
Ella sonrió.
Se llamaba Nira.
Tenía mi edad.
Era humana.
Cabello rosa.
Ojos negros.
Y una enorme mochila llena de mapas y herramientas astrales.
—No estoy acostumbrado a viajar con desconocidos.
Dije finalmente.
—Perfecto.
Yo tampoco.
No pude evitar reírme un poco.
La Región Pantanosa apareció ante nosotros al caer la tarde.
Era enorme.
Pantanos.
Canales.
Árboles gigantes.
Niebla.
Y agua por todas partes.
Las casas estaban construidas sobre pilotes de madera.
Unidas mediante puentes elevados.
Y sus habitantes...
Eran anfibio-humanos.
Algunos tenían piel azulada.
Otros verde oscura.
Otros presentaban pequeñas branquias en el cuello.
Muchos llevaban herramientas fabricadas con cristales astrales.
Aquella región parecía completamente distinta de la aldea.
Y mucho más antigua.
—Bienvenido a Murgal.
Dijo Nira.
—No parece muy acogedor.
En ese instante algo chapoteó cerca.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Nos giramos.
Nada.
Solo agua.
Y niebla.
—No me gusta eso.
Murmuré.
—A mí tampoco.
Respondió Nira.
Seguimos avanzando.
Pero la sensación no desaparecía.
Era como si algo nos estuviera observando.
Desde debajo del agua.
Desde dentro de la niebla.
Desde todas partes.
Y entonces vimos algo.
A lo lejos.
Una enorme estructura sobresaliendo del pantano.
Parecía una torre.
O quizá una estatua.
Era difícil saberlo debido a la niebla.
Pero una cosa sí estaba clara.
Estaba cubierta de masa negra.
La misma masa.
Las mismas astillas.
Las mismas sombras.
El corazón me dio un vuelco.
Porque eso significaba una sola cosa.
Uno de los sirvientes del Castigador estaba allí.
Esperándonos.
Y mientras observábamos la torre...
Dos ojos amarillos se abrieron brevemente dentro de la niebla.
Y desaparecieron.
Editado: 07.06.2026