Tiempo y masa 3: staril y la ciencia oculta

capítulo 3: el despertar del rayo.

El científico seguía sonriendo.

Aquella sonrisa me daba escalofríos.

—Preparándote para conocer a nuestro señor.

No.

Ni hablar.

Volví a intentar mover los brazos.

Y esta vez...

Respondieron.

Primero un dedo.

Luego otro.

Después toda la mano.

Los científicos todavía no se habían dado cuenta.

Perfecto.

Apreté los dientes.

Sujeté uno de los tubos clavados en mi mano.

Y tiré.

¡CRACK!

Una punzada de dolor me recorrió el brazo.

La sangre empezó a mezclarse con el líquido verde.

—¡¿Qué?!

Gritó uno de los científicos.

No me importó.

Arranqué el segundo tubo.

Dolía.

Muchísimo.

Pero era mejor que quedarme allí.

Las alarmas empezaron a sonar.

WEEEOOOO

WEEEOOOO

—¡El sujeto 47 está despierto!

—¡Contención inmediata!

Me puse de pie dentro de la cápsula.

Y entonces ocurrió algo raro.

Sentí una energía recorriéndome.

No era magia normal.

No era energía astral.

Era algo diferente.

Algo eléctrico.

Mis dedos comenzaron a brillar.

Miré mi reflejo en el cristal.

Y me quedé inmóvil.

Mi cabello había cambiado.

Seguía siendo largo.

Seguía siendo negro.

Pero las puntas tenían un degradado azul brillante.

Como si estuvieran hechas de electricidad.

—¿Qué me habéis hecho?

Los científicos retrocedieron.

Y entonces una chispa saltó entre mis dedos.

Después otra.

Y otra más.

ZZZZT

Pequeños rayos azules comenzaron a bailar alrededor de mis manos.

Me quedé mirándolos.

—Vale...

Levanté una ceja.

—Eso es nuevo.

Uno de los científicos pulsó un botón de alarma.

Error.

Sin pensarlo lancé la mano hacia delante.

Un rayo salió disparado.

¡¡ZZZRAAAK!!

Impactó contra un panel.

Y lo hizo explotar.

Las luces verdes del laboratorio parpadearon.

Yo me quedé mirando mi mano.

—Definitivamente eso es nuevo.

No tuve tiempo para celebrarlo.

Porque varios guardias anfibios acababan de entrar.

Así que hice lo único razonable.

Golpeé el cristal.

CRAAASH

La cápsula estalló.

Miles de fragmentos salieron despedidos.

Y toneladas de líquido verde inundaron el suelo.

Caí al laboratorio empapado.

Pero libre.

Por fin libre.

Lo primero que hice fue correr hacia Nira.

Seguía inconsciente.

—Vamos.

Despierta.

Nada.

Miré los tubos.

Y los arranqué.

Uno tras otro.

Luego golpeé el cristal.

CRASH

La cápsula se rompió.

Nira cayó hacia delante.

Y conseguí sujetarla antes de que golpeara el suelo.

Tosió.

Abrió los ojos.

Parpadeó.

Me observó.

Y después observó mi cabello.

Y los rayos que seguían saltando entre mis dedos.

—Staril...

—¿Sí?

—¿Por qué pareces una tormenta con piernas?

No pude evitar sonreír.

—Larga historia.

En ese momento una puerta blindada comenzó a abrirse al otro lado del laboratorio.

Muy lentamente.

BOOOOOOM

El suelo tembló.

Los científicos dejaron de correr.

Y de repente parecían asustados.

Muy asustados.

Uno de ellos susurró una frase.

—No...

—No tan pronto...

Algo enorme se estaba acercando desde el otro lado de la puerta.

Y por la expresión de aquellos científicos...

No era algo que hubieran querido liberar.



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En el texto hay: seres sobrenaturales, aventura

Editado: 07.06.2026

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