M-0 seguía avanzando.
Lentamente.
Imparable.
El laboratorio ardía detrás de él.
Las llamas verdes iluminaban la noche.
Y la gigantesca copia de Martín parecía más peligrosa que nunca.
—Tengo una mala noticia-Dije-.
—¿Cuál?-Preguntó Nira-.
—No creo que podamos correr más rápido que eso.
—También tengo una mala noticia.
—¿Cuál?
—Yo tampoco.
Perfecto.
M-0 abrió sus enormes mandíbulas.
Una luz verde comenzó a acumularse en su interior.
—Bueno.
—¿Sí?
—Ha sido un placer conocerte.
—Igualmente.
Entonces algo salió disparado desde el pantano.
¡SHRAAAAK!
Una enorme lengua atravesó el aire.
Golpeó a M-0 en el pecho.
Y lo lanzó varios metros hacia atrás.
Nira y yo nos quedamos congelados.
—¿Qué acaba de pasar?
La niebla empezó a moverse.
El agua del pantano tembló.
Y una gigantesca silueta emergió lentamente.
Era enorme.
Más grande que M-0.
Parecía una mezcla imposible entre anfibio, monstruo y armadura.
Su piel era azul oscuro.
Tenía enormes placas óseas cubriéndole la espalda.
Y unos ojos amarillos brillaban bajo una especie de corona de espinas.
—No...
Murmuró Nira.
—¿Qué?
—Es uno de los sirvientes.
La criatura rugió.
Y la niebla se apartó.
—Vhar-Kuast.
El Sirviente de los Pantanos.
Habíamos oído rumores sobre él.
Pero verlo en persona era otra cosa.
M-0 se levantó.
Y durante unos segundos ambos monstruos permanecieron inmóviles.
Observándose.
Entonces cargaron.
¡¡BOOOOOOM!!
El impacto hizo temblar la montaña.
M-0 golpeó.
Vhar-Kuast respondió.
Garras.
Mordiscos.
Colas.
Explosiones.
La batalla parecía una tormenta.
Nira y yo nos refugiamos detrás de unas rocas.
—¿Estamos viendo pelear a dos monstruos gigantes?
—Sí.
—Solo quería asegurarme.
La pelea continuó durante lo que parecieron horas.
Ninguno conseguía imponerse.
Hasta que ocurrió.
M-0 utilizó su extraña energía temporal.
Durante una fracción de segundo...
Vhar-Kuast se quedó inmóvil.
Solo una fracción.
Pero fue suficiente.
M-0 abrió sus mandíbulas.
Y lanzó una descarga brutal.
¡¡KRAAAAAASH!!
La explosión sacudió todo el valle.
Cuando el humo se disipó...
Vhar-Kuast cayó.
Derrotado.
Pero por muy poco.
M-0 también estaba destrozado.
Una pierna dañada.
Grietas por todo el cuerpo.
Y enormes chispas verdes escapando de su interior.
Parecía a punto de derrumbarse.
Entonces ocurrió algo extraño.
Muy extraño.
Una pequeña esfera de energía salió del cuerpo de Vhar-Kuast.
Voló lentamente.
Y se introdujo en el pecho de M-0.
La criatura se quedó inmóvil.
Durante varios segundos.
Nira y yo observamos sin atrevernos a movernos.
Y entonces...
Los ojos verdes de M-0 cambiaron.
Su brillo se suavizó.
La postura agresiva desapareció.
Las mandíbulas se cerraron.
Y por primera vez desde que lo vimos...
Parecía confundido.
Como si acabara de despertar.
Como si algo dentro de él hubiera cambiado.
M-0 nos observó.
Yo preparé rayos.
Nira también se puso en guardia.
Pero la criatura no atacó.
En lugar de eso...
Se acercó lentamente.
Y se sentó.
Simplemente se sentó.
Como un animal esperando instrucciones.
Hubo un silencio incómodo.
—¿Está... domesticado?
Pregunté.
—No tengo ni idea.
Respondió Nira.
M-0 bajó la cabeza.
Y se quedó quieto.
Mirando a Nira.
Luego inclinó un poco el cuerpo.
Como ofreciendo espacio sobre su espalda.
Nira parpadeó.
—¿Me está invitando a subir?
—Creo que sí.
—Esto parece una idea terrible.
—Completamente.
Nira suspiró.
Y subió.
M-0 no reaccionó.
Simplemente permaneció inmóvil.
Esperando.
Entonces se puso de pie.
Y lanzó un rugido hacia el cielo.
Esta vez no sonó como una máquina.
Sonó casi...
Libre.
Y muy lejos, oculto entre la niebla del pantano, dos ojos amarillos observaron la escena.
Porque algo acababa de cambiar.
Y ni Nira ni yo entendíamos todavía qué era.
Editado: 07.06.2026