Aquel susurro provenía de lo oscuro, decía una y otra vez una verdad de la que ningún ser común puede huir.
Crujidos y crujidos se percibían a lo lejos, junto a una canción de cuna desconocida para sus tímpanos.
—Ojos malditos, ojos repugnantes, condenado sea el que se atreva a contemplar tu hermoso rostro.
Abrasado cada vez más por la oscuridad, esta seguía devolviendo las mismas palabras, al mismo ritmo de la melodía.
"Duele, duele, duele, duele... ¿Cuándo terminará esto?"
Esa pregunta siempre volvía al mismo lugar y al mismo momento. Es una costumbre que se le ha inculcado desde temprana edad.
"Pero... ningún ser vivo podría soportar este dolor."
De eso es consciente desde su bienvenida a este mundo.
Frotando las uñas contra el suelo, aseguraba tener una oportunidad de escapar. Seguía y seguía, logrando excavar un pequeño hoyo por donde solo cabría una hormiga.
Miró a través de él, desesperado y feliz de poder encontrar una salida a su tortura.
Sus ojos vieron a una mujer, calcinada poco a poco a causa de las llamas. Agonizaba en un intento de apagarlas. Piel y ojos se desprendían de su cuerpo como si fueran simple líquido.
Este es el destino de quien defrauda a las sombras. Sin compasión, una muerte dolorosa y agonizante.
La carne iba siendo expuesta, retorciéndose con su cabeza inclinada. Parecía estar mirando directo a sus ojos.
El miedo, que parecía nunca acercarse, logró llegar a través de dicha escena.
—aah, aah.
Cayéndose hacia atrás, su cuerpo temblaba, soltando chirridos de ayuda, como si no supiera la dura verdad de que nadie vendría.
—Por favor...
Con la mano llevada al corazón, se inclinó ante la perfecta personificación de la maldad. Las lágrimas no tardaron en salir, varias llegando al suelo.
—Déjame en paz... te lo suplico.
Rendido ante tal poder, lo sabe: tiene nula oportunidad frente a este monstruo. Así que lo único que puede hacer es humillarse y esperar un milagro que, en el mejor de los casos, podría suceder.
Los crujidos, las palabras repetitivas y también la canción cesaron. Un leve silencio, relajante e incómodo a la vez, algo de lo más extraño.
"¿Qué es lo que debería hacer?"
"¿Debo seguir así?"
Sin duda es una interrogante bastante complicada.
Si hace el atrevimiento de mover un pelo, su cabeza podría rodar por todo el lugar. Pero si tiene la osadía de no moverse, también podría considerarse una falta de respeto.
No hay una respuesta correcta.
A pesar de su debate reflexivo, decide quedarse en su misma posición.
"¿Qué sentido tenía elegir en primer lugar?"
Una voz espeluznante, cuya presencia se escuchaba a lo lejos, rompió el silencio.
—Debes irte.
La misma voz que reiteraba esas asquerosas palabras le exclamaba esto.
Al estar tan cansado, no tenía energías para reflexionar. Tampoco la voluntad de articular una palabra, después de que su lengua quedara entumecida.
Bajó aún más la cabeza.
La súplica disfrazada de respeto hacía un papel importante. Cualquiera sabe que, con solo hablar y actuar como una buena persona, se daría lugar a una agradable conversación. Aunque debes recordar algo:
(La moneda no tiene solo una cara).
Expresiones falsas y un puñal en la espalda. Aunque lo más duro es saber quién lo lleva consigo.
Eso lo sabía, lo sabía, y en respuesta la desdicha, hizo un crujir semejante al chasquido de los dedos.
Arrebatada su conciencia, la figura se hundió hasta desaparecer.
La brisa golpeó el rostro envuelto en vendas. Seguían húmedas. Bajo las uñas había tierra, y la orden no se había ido con la oscuridad.