Time after Time

Un final para comenzar

02 de diciembre. Jared Sellers. 18 años.

Amaba la época de navidad más que otra cosa. Las luces tintineaban por todos los locales, las personas hablaban de lo que harían con su familia y amigos, los niños reían con solo escuchar el nombre Santa. Sonrió con cierto sentido de ironía y recargó su peso en el semáforo para transeúntes. La ciudad cuando se lo proponía, celebraba a lo grande.

Echó un vistazo a su reloj. Sonrió al notar que llegaba un poco antes de la hora acordada. Gracias a sus fallos de memoria y pésimo sentido de la orientación, cada vez que tenían una cita, llegaba tarde y ella tenía que esperarlo. Cosa que no podía permitirse hoy, era el día de su cumpleaños y la reservación del restaurante era estricta, por lo que todo debía ser perfecto.

—¡Jared! —llamó una voz con anhelo.

Él alzó su vista, donde una cascada de cabellos negros decorados con unos brillantes ojos grises, le esperaban con emoción al otro lado de la calle. Alzó su mano en son de saludo y volvió a observar el semáforo para transeúntes, que aún se encontraba en color rojo. El corazón le palpitaba con fuerza y la espera se comenzaba a hacer eterna, quería que el color verde se marcara para poder sentirla en su cuerpo. Quería abrazarla como siempre lo hacía.

Por fin marcó verde.

Ella era quien debía acercase, mientras él, la esperaba con los brazos abiertos. Sin embargo, en cuanto ella dio el primer paso...un estruendo se escuchó y solo alcanzó ver su inerte cuerpo en el piso.

Lo que ocurrió luego, fue tan veloz que apenas podía recordarlo.

Un montón de curiosos se acercaron a la escena, al mismo tiempo que Jared se acercaba con paso inseguro, donde al asegurarse de sus sospechas algo se quebró en su ser. Después hubo luces tintineantes, solo que ya no eran de los establecimientos ni de los adornos, eran azules y rojas acompañadas de un estruendoso ruido de sirenas. Aquello solo pasaba a segundo plano, mientras observaba como se la llevaban y le trataban de dar algún tipo de esperanza.

Sin embargo, había que ser realista, la suerte es para algunos y la desgracia es para todos.

Lo único bien grabado en su memoria, fue la última escena de esa noche.

El perfecto color blanco de la losa pasaba desapercibido para él, mientras inhalaba ese penetrante olor a medicamentos mezclado con cloro y otros productos de limpieza. Ese putrefacto olor a hospital. Los sonidos de unos lentos pasos lo hicieron regresar en sí, alzó su mirada y observó a aquella persona que esperaba. El doctor.

Lo que nunca supo ese doctor, fue que esas palabras marcaron el destino y futuro de Jared.

«Lamento informarle que la operación falló. Lucille Dashner está muerta».




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