Tiro directo al corazón

2. Dorsal #16 y un encuentro inesperado.

Lia.

—¡No áreas restringidas, solo área de prensa!

Estoy que me meo.

El zumbido en mis oídos aumenta, mis manos sudan mares y tiemblan como si fueran gelatina.

El que nos dio indicaciones salió de ahí; antes de irse me escaneó de arriba a abajo y me sonrió.

Traigo los tenis sucios, ¿okey?

Mi cuerpo y mi cerebro necesitan aire.

Evitando hacer ruido visual, salí de donde nos habían dejado. ¿Mala decisión? Probablemente. ¿Me siento menos nerviosa? Para nada.

Caminé por pasillos enredados. Siento que si abro una puerta voy a terminar en el mundo extraño de Jack.

El partido de hoy no era considerado un “clásico”, pero desde hace unos años a la afición de Panteras —el rival de hoy— les hierve la sangre cada vez que Búfalos gana.

Y aunque son del centro del país, a más de siete horas de aquí, vinieron en montón.

La mayoría de la seguridad está concentrada en la cancha. Nadie en los pasillos para decirme cómo demonios regreso.

Metí mi libreta y mi credencial en la mini mochila y seguí caminando.

—¿Qué haces aquí?

Salté del susto. Al girar, mi cara pasó de sorpresa a felicidad absoluta.

De verdad que casi grito y me le aviento encima.

—¡Dylan! —exclamé, tapándome la boca con una mano y saludando con la otra como tonta.

Él sonrió, confundido.

Dylan Lemma. Dorsal #16. Un año y medio en el equipo. Extremo brillante.

—¿Vienes con alguien? —preguntó.

Seguía embobada. No lo había podido conocer antes; en el meet and greet yo estaba enferma.

—¿Ah? ¡Ah, perdón! Vine a hacer una entrevista.

Frunció el ceño. —¿Y por qué no estás en el área de prensa?

—Me dio claustrofobia. Caminé de más y me perdí. El guardia se fue… Yo solo conozco la tribuna.

Sonrió. —¿Vienes a la rueda de prensa?

—No. Ni sé qué hago aquí. —Saqué mi libreta y se la mostré—. Ya me quedé sin calificación, fijo.

Él se rió al ver mis garabatos disfrazados de preguntas.

—¿Cuánto te falta para acabar?

—Penúltimo cuatri. Si saco buen promedio, la uni me ayuda a conseguir trabajo.

—¿Segura que eres periodista? —me miró de arriba a abajo—. Es la segunda vez que veo prensa vestida con jersey.

—Vine a hacer la tarea… y a ver el partido con mis hermanos.

—Bueno, por buena causa... ven conmigo. —Me guió con una mano en la espalda—. Si no, te sacan y ahí sí cero.

Me quedé sin respuesta.

—¿Periodismo, eh?

—Me gusta el deporte. Tenía que encontrar la forma de estar cerca.

Él sonrió. —Si no fuera futbolista, sería cantante.

—¿Cantante?

—Tengo buena entonación, aunque no lo creas.

Doblamos en otro pasillo. Yo feliz en el chisme como si él no tuviera partido en dos horas.

—¿Me vas a sacar del estadio? Esto vale 80% de mi calificación. Aunque… mejor que me saques a preguntarle a Grossi si patea el balon, pero tampoco quiero que me veten.

Dylan soltó una carcajada. —Te voy a llevar al vestidor.

Me quedé helada. —¡¿Y yo qué voy a hacer ahí?!

—Tu entrevista, tal vez. —ironizó.

—Quiero entrevistar a uno, no ver a todos en calzones.

Él rio fuerte. —Les digo que se vistan antes de entrar, lo juro.

—Pero…

—Es eso o cero.

Antes de que pudiera responder, un guardia enorme nos cerró el paso.

—Nadie entra, solo jugadores o staff.

—Bro, viene conmigo.

—Dylan…

—Yo me hago responsable. Déjala pasar. —Juntó las manos como en súplica.

El guardia dudó… y luego se hizo a un lado.

—Gracias, hermano. Te dedicaré un gol por guapo.

El de seguridad rió negando.

—Espera. —Dylan me miró—. Dame info, para que no nos corran a los dos.

Me quedé tiesa —¿Eh?

—Nombre, edad, algo.

Soy Lia, me gusta el pan y me aterran los gatos.

—Soy Lia, estoy estudiando periodismo y comunicación especializado en deporte específicamente fútbol , amo este mundo desde niña, esto vale el 80% de mi calificación y… no quiero que me veten del estadio.

—¿Edad?

—22.

—¿Soltera o casada?

—Solte… ¡¿Qué tiene que ver?!

Se rió y desapareció detrás de la puerta.

Yo me quedé tiesa, sonriendo sola.

Dylan Lemma me acaba de llevar al vestidor de Búfalos. El equipo que amo con toda mi alma.

Esto es un sueño. O estoy en una dimensión desconocida.

—Sobis dice que pases —Dylan abrió la puerta, sonriendo.

Definitivamente sigo dormida.

Roberto Sobis, el director técnico de búfalos, acaba de decir que puedo entrar.

—¿Están vestidos?

—Algunos sin camisa pero no verás nada indeseado.

Entrecerré los ojos, el me sonrió dejándome entrar.

Ahora voy a llorar.

Estoy en el vestidor. El que solo había visto por videos de YouTube por los vlogs que suben de cada partido.

Volteé hacia un lado y están Tahiel con una sonrisa cantando, junto a él Fer Gorriti y Marc Rosas, Aiton, Sousa, Herrera y todos.

Sólo me faltaba uno.

—¿Dónde esta Angel? —me giré hacia Dylan.

—Lo quitaron de la convocatoria de último momento. No sé pasó —respondió.

—¡Eh! pero me podés entrevistar a mi —Tahiel me miró, hablándome con su acento argentino—, el gordo está malito, aquí tenés a muchos más para entrevistar.

—Ademas, no podemos quitarles mucho tiempo —Sobis apareció a lado mío, lo miré y sonreí—, por ser tan amiga de Dylan te estamos dando la oportunidad.

Amiguisma, claro.

Claro, fuimos al mismo preescolar y así.

—Crecimos juntos y todo eso, necesitaba mi ayuda. ¿No, Lia?

Asentí— Es mínimo de 15 minutos, será rápido, profe. Lo juro

—Tu haz lo tuyo. No te molestaremos.

Pero si la que está dando molestias soy yo.

—Lo amo mucho, gracias por todo.

Si que lo amaba, nos dio tanta felicidad en dos años que lleva aquí. Roberto Sobis solo rió y camino hacia el otro lado.

—¿No me quieres entrevistar a mi? —Dylan recargo su brazo sobre mi hombro.



#5314 en Novela romántica
#423 en Fanfic

En el texto hay: romance, futbol, periodista

Editado: 06.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.