Titanes Abisales: Runas perdidas

14.A la vanguardia

En el taller, Yaya leía los libros con los que Valeria había inundado la oficina mientras la supervisaba de reojo.

—Has trabajado mucho, ¿no crees?

—Sí, sí... —Concentrada en su trabajo, no le prestaba mucha atención, tratando de tallar runas en el armazón de una pistola.

—Tanto trabajo para ir al mar profundo... Espero que por lo menos las camas en el nuevo buque sean cómodas.

—Ajá... ¿¡Espera, ¿qué!? —Rayó el armazón sin querer.— ¿¡Por qué te importa eso!? ¿¡Vas a ir!?

—Claro, no olvides que sigo siendo una elegida de Pachamama, cariño.

—¿Qué...? ¿Estás segura de lo que dices?

—Estos viejos huesos aún pueden dar mucha guerra. —Se recogió la manga mostrando su bíceps; aunque sus brazos eran algo flacos, se evidenciaba su buena forma a pesar de la edad. —Además, no quiero que una jovencita como tú muera ocupando el asiento que podría ocupar yo.

—¿Cómo puedes hablar así...? ¿Acaso tus amigos en archipiélago no estarám esperando por t!?

—¿Ellos? Nah... Pero Jorge quizás...

—¿Quién es Jorge?

—Mi hijo mayor.

—¿¡Eres madre!?

—Abuela, tengo dos hijos y tres nietos, son hermosos por cierto. Espera, creo que tengo una foto por aquí. —Empezó a rebuscar en sus bolsillos.

—¡Pero...! —Se tomó un segundo para procesarlo. —¿¡Entonces, qué haces aquí!? ¿¡No deberías estar con ellos!?

—Bueno... Hace un tiempo que no hablamos y... creo que es mejor así. —Encontró la foto arrugada. La vio con algo de nostalgia.

Valeria recibió la foto; se veía a Yaya más joven con sus dos hijos, un hombre que supuso que era Jorge y una mujer, ambos con sus hijos en los hombros. A los extremos estaban los cuñados y de fondo el valle entre los picos del caparazón de Pachamama. Al ver el reverso, Valeria vio la fecha: hacía 13 años que se tomó esa foto.

—Yaya... —Aunque fuera una linda foto, Valeria no podía evitar preocuparse. —¿Hace cuánto no...?

—¡Oh, mira quién llegó!

Yaya señaló a Carolina, que entró con una taza de café mucho más grande de lo usual.

—Buenas... —Se tallaba los ojos para acostumbrarse a la luz. —¿Cómo va la cosa?

—Oh...! Bueno, eeh... Hablé con los reclutas ayer, me explicaron un par de cosas que les enseñan a los creadores y... creo que tengo el primer prototipo. —Con un destornillador, instaló un accesorio al armazón de la pistola, parecido a donde se ponían las baterías en los motores de los autos. —Vamos a ver...

Valeria colocó un cristal de Zoé en el accesorio; las runas y líneas a lo largo del armazón de la pistola empezaron a brillar suavemente. Valeria intentó tomarla, pero la alta temperatura que alcanzó le quemó la mano. Las runas brillaron cada vez más hasta que Carolina tomó el arma y la lanzó por la ventana. La pistola explotó como una granada en el campo, poniendo en alerta a a la base.

—Buen inicio... —mencionó Yaya asomándose.

—Pff... Por algo se empieza, supongo.

Voltearon a ver a Valeria, la cual no parecía decepcionada, sino emocionada.

—¡Ya...! ¡Ya tengo algo sólido!

Salió corriendo del taller, casi tumbando la puerta, llegando a la oficina de Ricardo, que encontró dormido en su escritorio hasta que la escuchó llegar de golpe.

—¡Llama al cardenal! ¡Ya podemos formar el equipo de desarrollo!

—¿Cómo...? —Se talló las sienes por la migraña. —¿De qué estás hablando?

—¡Ya tengo una base para empezar a trabajar! ¡Necesitaré a un equipo de creadores para desarrollar las nuevas armas! ¡Ya tengo todo planeado!

Ese mismo día, como si ya estuvieran en reserva, un equipo de creadores llegó a la base. Fueron llevados a la oficina donde Valeria, con todo lo aprendido, fue capaz de dar a entender su objetivo y cómo podrían hacerlo. Valeria, en un tablero, escribió la línea de tiempo y objetivos a lo largo de un año. Los creadores contraargumentaron, triplicando los pasos para poder siquiera hacer el segundo prototipo. El primer día se dedicaron a discutir y el segundo a perfeccionar el plan de trabajo con todos los recursos que tenían. Para entonces, en el tercero, comenzaron a trabajar. Los días pasaron volando, pues el trabajo se veía infinito por momentos. Por su lado, Carolina se aseguraba de sacar a Valeria del taller de vez en cuando para obligarla a descansar y también:

—¡Niña! —Carolina entró al taller con un rifle en su espalda. —Llegas tarde... ¡De nuevo!

—¿Eh? —Valeria abrió la cortina, viendo que ya se había hecho de día. —Pensé que eran las 7...

—Lo son, pero de la mañana. —La agarró de la capucha de la túnica, arrastrándola fuera.

—¡Espera, ya casi acabo!

—No me importa.

—¡Eh...! ¡Yaya! ¡Yayaaaaa! —Clamando por ayuda, solo vio a la anciana sentada, durmiendo, con un hilo de saliva cayendo de su boca.

Yaya se despertó por el portazo de Carolina al salir, pero ya era tarde. En el campo de tiro, Carolina la llevó a uno de los circuitos de prueba.

—Cuidado, debes apoyar bien la culata; un hombro dislocado puede llevar a una muerte segura. —Carolina le corrigió su postura y entonces Valeria pudo empezar a disparar a los blancos. —Al terminar el circuito, no olvides anotar el resultado.

Las balas de entrenamiento generaban explosiones pequeñas pero visibles. Valeria mejoraba poco a poco, logrando darle a los cartones en forma de sanguijuela cada vez más lejos. Carolina se alejó un poco, dejando a Valeria maniobrar hasta sentir la mano de Ricardo en su hombro.

—Veo que progresa bien.

—Algo así... Ha mejorado, pero aún le falta mucho. —No despegó la vista de Valeria, la cual se tropezó con una piedra pero, aun así, siguió disparando tras acomodarse en el suelo.

—Ya veo... Aún así, ya se ve más capaz de defenderse sola.

—Supongo.

—Entonces... ¿No crees que es hora de dejarla intentarlo?

—¿Qué insinuas? —Volteó a verlo. —¿Quieres que deje a la niña sola?

—Tiene 23, Carol... Mira, he estado pensando en algunas cosas estos días... Me gustaría que dejes el escuadrón. Sé que te importa... a tu manera. Pero creo que sería mejor si...



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En el texto hay: fantasia, aventura accion drama, fantasía ficción

Editado: 03.04.2025

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