Titanes Abisales: Runas perdidas

28. Tumba abisal

Tras la partida de Jhonatan, llegaron a la costa poco después.

—Deberíamos esperar a que Jhona vuelva —sugirió Valeria.

—¡Tonterías! ¡Debemos aprovechar que el sol aún ilumina nuestro camino! —replicó el Cardenal—. El tiempo es oro, no podemos seguir desperdiciándolo.

Con un par de gestos, dio la orden de bajar el puente a la tripulación. El puente de la parte inferior del barco se desplegó, abriendo el almacén y dejando salir dos jeeps grises que usarían para la exploración. Los soldados y el Cardenal subieron a los jeeps mientras el escuadrón G terminaba de prepararse. Ricardo los acompañó un momento, compartiendo algunas palabras con uno de los soldados, haciendo que se desviara a cumplir otra tarea en la parte trasera del barco.

—Ok, gente, le hice unos últimos cambios al plan de respaldo —dijo Ricardo mientras se acercaba—. En caso de emergencia, nos reuniremos en el oeste, en las ruinas de una colonia fallida.

—¿Una colonia? —cuestionó Valeria—. Jhona no dijo nada sobre eso.

—La colonia está pegada a las ruinas. Seguramente pensó que eran una sola cosa. En fin, la colonia puede servir como escondite o refugio; se puede fortificar en el peor de los casos.

—En caso de emergencia, nos reunimos en la colonia. Suena sencillo —afirmó Luis.

—Una cosa, ¿adónde fue ese tipo del regimiento? Estamos a punto de salir —cuestionó Valeria.

—Le encargué asegurar una ruta de extracción. Se reunirá con nosotros más tarde. No te preocupes.

Con todo claro, todos se montaron en los jeeps, partiendo hacia lo desconocido. Esquivando escombros y baches, lograron entrar a las ruinas por la carretera. Aun tras dos siglos, el lugar se conservaba medianamente bien. Los altos edificios aún daban sombra y refugio ante el ardiente sol en las solitarias calles.

—¿Se imaginan cómo sería construir edificios tan altos en el lomo del Titán? —Luis lanzó la pregunta al aire.

—Estaría muy bien, pero Zoé está en constante movimiento, y si llega a hacer un movimiento brusco, edificios tan altos como la Torre del Oyente serían muy peligrosos durante los terremotos—respondió Valeria, un poco triste por su propia respuesta—. Pero... quién sabe, quizás algún día podamos.

El jeep del Cardenal paró de golpe, obligándolos a frenar. Se bajaron para ir rápidamente al interior de uno de los edificios. El escuadrón G, alerta, los siguió rápidamente, viendo cómo habían entrado a... ¿una librería?

—¡Todo este conocimiento preinundación está casi intacto! —exclamó el Cardenal, emocionado—. ¡Rápido! ¡Empáquenlo todo!

Los soldados siguieron la orden mientras el escuadrón G se recuperaba del susto. Entraron a la librería, ojeando lo poco que había.

—"Nacho, libro inicial de lectura", "Coquito", "El principito"... Estoy casi seguro de que estos son libros infantiles —afirmó Luis—. ¿Vale la pena perder el tiempo con esto?

Volteó, viendo a Valeria que hacía lo posible por encajar tantos libros como podía en su mochila, hasta que Carolina la jaló de la oreja.

—¡Por supuesto que sí mi inculto amigo!—afirmó el Cardenal—. Todo conocimiento es valioso. Cada uno de estos libros nos ayudará a reconstruir nuestro pasado y así poder en... ¡¡Miren allá!!

Señaló una estantería llena de DVDs. Valeria y el Cardenal rápidamente se lanzaron sobre ellos por un segundo empujandose para revisarlos primero.

—"Los cuentos de los hermanos Grimm". ¡Creo que mi bisabuelo me contó sobre esto! —afirmó Valeria mientras lo guardaba.

La primera parte de la expedición se transformó en una misión arqueológica. Llenaron los jeeps de todas las reliquias antiguas que se cruzaron, desde la más simple hasta la más valiosa. Al finalmente salir de las ruinas, Valeria tomó la radio del auto radio.

—Aquí escuadrón al barco. ¿Alguna señal de nuestra águila? Cambio.

—Negativo. La situación es peor de lo que parece. Las águilas están ahora mismo ayudando a la contención de un gran número de sanguijuelas —respondió el capitán.

Valeria regresó la radio con un suspiro de resignación.

—Él estará bien. Enfócate en lo que tenemos delante —le dijo la sargento, tratando de reconfortarla.

Delante ya podían ver las formaciones rocosas donde posiblemente estaría la cueva a investigar. Ricardo entonces tomo la radio.

—Como vas? Listo? Perfecto. —Nuestro compañero ya aseguró la extracción y estableció un puesto de vigilancia en uno de los edificios. Nos avisará si se nos acerca algo.

Todos voltearon a ver hacia las ruinas, observando cómo desde uno de los edificios salía un destello titilante que se comunicaba en código morse: estaba en posición.

—Posición confirmada —dijo Carolina por radio.

Tras unos minutos, la entrada estaba a la vista, con un gran número de sanguijuelas justo enfrente, reposando.

—Parece una colmena en formación —mencionó Luis, ajustando los binoculares—. Están todas apiñadas unas encima de otras, así que...

Todos voltearon a ver a Valeria, que ya se estaba poniendo la mano de Zoé mientras descendía del jeep. Apagaron los motores y siguieron a pie hasta llegar a una distancia adecuada. Allí, Valeria comenzó a recitar oraciones en voz baja para concentrarse, formando una gran bola de fuego sobre su cabeza. Este despliegue de poder alertó a las sanguijuelas, pero antes de que pudieran organizarse para atacar, Valeria disparó.

—¡Que el fuego de Zoé los purgue! —Apretó el puño y fragmentó la bola de fuego, que cayó sobre los monstruos en un eficaz bombardeo.

Ricardo y Luis se encargaron de eliminar a las criaturas que lograban escapar del radio del ataque, asegurando el área en tiempo récord.

—Excelente trabajo, pero... pfff... ¿era necesario tirar la frasecita? Jajaja —preguntó Carolina mientras le daba una fuerte palmada en la espalda.

—Bueno, es que... así terminaba la plegaria... —Dijo casi murmurando.

¡Ja! ¡Eso no te lo crees ni tú! —le recriminó Luis—. Solo querías darle un efecto dramático, ¿no?



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Editado: 31.08.2025

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