En el mar moribundo, por primera vez, tres Titanes se vieron envueltos en una lucha encarnizada por su supremacía. Ngai agarraba a Supuch con toda su fuerza, el simple contacto era suficiente para empezar a quemar la piel de Supuch dejando quemaduras cada vez más profundas pero la masa gelatinosa de Supuch le permitio escurrirse de su agarre para entonces impulsarse golpeándolo en el abdomen con una embestida haciéndolo caer sentado pero ganando el suficiente tiempo para que Zoé volviera a levantar la cabeza abriendo sus mandíbulas mientras absorbía el agua de mar con la ayuda de los agujeros lo largo de su cuerpo. Antes de que Supuch se pudiera mover, Zoé disparo un chorro de agua a presión desde su boca que logro empujar a Supuch varios kilómetros hasta que esté corto el chorro con su rayo. Ngai aprovecho para levantarse quedando al lado de Zoé. Supuch al reincorporarse no mostró la más mínima intención de retroceder irguiendose más alcanzando la altura de Ngai. En el lomo de Zoé las consecuencias de esta batalla no se hicieron esperar cuando nuevos terremotos sacudieron incluso los cimientos en los refugios a lo largo de las ciudades. Los únicos libres de este caos eran las águilas y el Oyente de Zoé que volaba en una, el cual con unos binoculares y la radio a todo volumen sintonizando la frecuencia de emergencia buscando aliados para reclutar.
"¡Hay un sobre cargado destruyéndolo todo aquí! ¡Necesitamos apoyo!"
¿Apoyo? ¿Acaso planeaban abatirlo? Tras escuchar las coordenadas rápidamente guío a su escuadrón de águilas a la ubicación llegando a un pueblo agricola ya dominado por las sanguíjuelas. En el centro de este uno de los bendecidos por la sobrecarga vagaba sin control liberando su poder sin medida incinerando a las sanguíjuela a varios kilómetros a la redonda con cada rugido mientras la milicia local estaba obligada a refugiarse como podia para no ser incinerado. A pesar de soportarlo en un inicio, el gran poder que se le fue conferido ya lo estaba sobrepasando haciéndolo caer en un frenesí que solo podría ser detenido con su muerte, o eso creyó. Entre las ruinas quemadas del pueblo un sacerdote con sus ropas parcialmente quemadas se acercaba rodeado por un anillo de fuego del cual manifestaba cristales titán llenos de su conocimiento para usarlos como escudo cada que la fuerza del elegido apuntaba en su dirección aunque los destruyera casi en el acto eliminando el conocimiento almacenado en estos.
-¡Hijo de la serpiente! ¡Escucha mi voz! ¡Concéntrate! -Grito el sacerdote mientras se acercaba tratando de imponer su voz entre los dolorosos rugidos del elegidos mientras el poder de Zoé escapaba violentamente de su cuerpo - ¡Recupera el control! ¡Cumple con el destino con el que Zoé te ha bendecido! ¡Zoé es tu guía! ¡Zoé es tu hogar! -vio como las inmensas llamas que escapaban de su cuerpo empezaban a disminuir y en ese momento se acercó corriendo tomándolo de los mejillas para entonces juntar sus frentes. - ¡Dilo!
Por un instante otro torrente de llamas amenazó con salir disparado de su boca pero en vez de eso, con voz quebrada, agotada y adolorida el elegido dijo.
-¡Zoé es... Mi titán! -Al terminar la plegaria cayó de rodillas sosteniéndose desesperadamente del sacerdote logrando volver a respirar aunque fuera un momento- ¡Duele... Duele mucho...! ¡No veo nada...! ¡Ya no lo soporto!
-Lo se. -Se arrodilló junto con el, al ver las quemaduras en todo su cuerpo provocadas con sus propias llamas, necesito un segundo de silencio para tomar fuerza y poder decir. - Y la única forma de darle fin a este dolor, ¡Es liberarlo todo! Hijo mio, Zoé necesita tu fuerza en las brechas de las cordilleras, ¡Ve! ¡Y libera todo lo que Zoé te ha dado! ¡Convierte en el héroe que estás destinado a ser! -Lo ayudo apuntandolo a la dirección de la brecha más cercana.
Lágrimas cayeron de los ojos del elegido pero estás fueron evaporadas cuando las llamas volvieron a emerger, el sacerdote rápidamente se alejo mientras el elegido se reincorporaba.
—Ora conmigo una última vez —Continuo.— ¡Zoé es mi guía!
-Zoe... ¡Es mi guía! ¡Zoé es mi hogar! ¡Zoé... Es mi titán! -Con toda su fuerza dió un gran serie de saltos en dirección a la brecha dejando cráteres de fuego con cada salto.
La onda expansiva del primer salto lo acabo derribando a pesar de la distancia. El sacerdote en el suelo se levantó la máscara un momento limpiando la sangre que corría de su nariz antes de darse cuenta del ardor debido a sus palmas ahora quemadas. El Oyente entonces aterrizó junto con sus águilas.
-¿Estás bien? -Pregunto con una mezcla de asombro y preocupación.
-¿¡Quien pregunta!? -Rapidamente se levantó alzando los puños hasta que vio con quién estaba hablando - Hay por... ¡Mi señor! -Cuando intento arrodillarse, el Oyente rápidamente los tomo de los hombros para impedirlo.
-No hay tiempo para formalidades ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué no estás en un refugio?
-Como sacerdote... Es mi deber ayudar a aquellos que están per...
Por un segundo perdió fuerza cayendo sobre el Oyente que rápidamente lo llevo a la barquilla para darle primeros auxilios.
-¿Cual es tu nombre?
-Bochica señor... —Menciono en voz baja agotado.— ¿No tendrá algo de beber? Algo fuerte de ser posible.
—¿Le das mucho a la bebida señor bochica?
—No, pero un trago de aguardiente me ayudaría a olvidar el do... ¡agh! —Solto un quejido cuando el Oyente apretó las vendas que puso en sus manos. — Okey, eso servirá. Ya me tengo que ir...
Salió de la barquilla pero el Oyente lo detuvo.
—¿Buscarás más sobrecargados?
—Asi es señor, no puedo quedarme aquí mientras ellos siguen haya afuera... Están sufriendo ¿Acaso no los oye?
A su alrededor solo podía escuchar el sonido del viento y el fuego en el pasto quemado crepitar. Vio con más atención a Bochicha que miraba en una dirección particular justo antes de que una llamarada azul apareciera disparada al cielo en la lejanía en esa dirección. No le hicieron falta más pistas para entender que sucedía.