To love you

Capítulo 4: Engaño

— ¡Largo de aquí, Sam! —Alejé al perro separándolo con mi pierna. Parecía que Sam quería disculparse conmigo por haber orinado en mi pierna y ello me obligó a llamarlo arrepentida por dejarlo irse triste y sollozando.

Jonathan estaba con papá en la cocina. Sí, papá estaba cocinando. Chaser se les unió al rato y yo estaba con mamá en la sala tocando el piano.

Cuando la cena ya estuvo lista todos nos sentamos en la mesa. Mi padre y mis hermanos prepararon lasaña. Era de noche y no me apetecía para nada, pero era ese el único plato que sabían cocinar.

Aun así comí y agradecí por su esfuerzo. Mis hermanos orgullosos de su comida repitieron el plato y lo devoraron.

En la noche nos reunimos todos para mirar una película de terror. Y no me tomé la molestia de saber el infernal nombre de esa película porque no soy aficionada a ellas, es más las odio. Pero a los hombres de esta casa les fascinaba.

— ¿Para qué estás aquí, si vas a tener tus audífonos puestos? —Me reprochó Chaser.

— ¡Cállate! ¡No es tu problema así me gusta ver las películas a mí! —Me excusé con molestia.

Mi pelirrojo hermano mayor rodó sus ojos y volteó en dirección a la televisión. Pensé que nuestra "conversación" ya había acabado, pero luego él preguntó lo que siempre me sacaba de quicio.

— ¿Has visto a Ghala? ¿Alguien le ha estado coqueteando? ¡Dímelo para ir a romperle la cara!

— ¡Ya supérala! —Grité. Chase y Ghala fueron novios hace un año y su relación apenas había durado dos meses. La entendía, ¿quién soportaría a un idiota como este?— Eres como un disco rayado. ¿Es que no te cansas?

— No, porque mi Ghala es mía, de mí —afirmó como un pequeño niño que no quiere emprestar un juguete.

Mi padre me dio permiso de ir a dormir si no quería ver la película, no me podía obligar a ver algo que no me gustaba.

Fui a mi habitación y como no tenía sueño aún, me puse a ordenar mis cuadernos y dejar las hojas de ejercicios que me dejó Missi en un lugar que pueda recordar. Busqué en mi mochila aquellas hojas y me topé con la carta de la mañana. Había olvidado desecharla.

La tomé entre mis manos y saqué la fotografía dentro de ella.

¿Quién sería la persona que se tomaba el tiempo de molestarme?

Volví a mirar la foto y aún seguía sin reconocer a las siluetas que estaban allí recostadas sobre un viejo sube y baja con la cabezas juntas como si estuvieran dándose un beso.

Nada.

¿Quiénes rayos serán? ¡Todo se veía oscuro! Además, la foto estaba tomada desde lejos, de un foco poco ortodoxo como si la persona que la hubiese tomado la hubiera hecho al paso; y solo se apreciaban los árboles a los lejos, algunos juegos y las silueta de los tipos al fondo y ese carro azul que era iluminado un poco por la luz pública.

¿Carro azul? Automáticamente mi cabeza conectó ese carro azul con Tony. Él era la única persona que yo conocía que tenía un carro azul.

— Imposible —mascullé— ¿Qué estoy pensando?

Creo que ver un poco de esa película de terror me alborotó las neuronas. Pero a pesar de pensar así, no dormí tranquila ese día, ni el otro, ni el siguiente a ese. Hasta el lunes.

Tony me recogió una cuadra antes de mi casa, teníamos que cuidarnos de papá. Verlo de nuevo con su sonrisa radiante esperándome me hizo disolver mis dudas estúpidas.

Este chico jamás me engañaría. Jamás, estaba segura.

Pasamos de la mano hasta el aula y por el corredor vi por primera vez pasando a Missi; iba a saludarla, pero ella caminaba con la cabeza baja, como evitando que la mirasen a los ojos, y además se cuidaba de no ser empujada por los altos hombres del equipo de fútbol que pasaban, trabajo que pudo ser más fácil si hubiese mantenido erguida su cabeza.

Igual, ello no iba a detener mi saludo. Sin embargo, Milton se le acercó por detrás y envolvió su brazo derecho en el hombro de Missi logrando guiarla entre ese tumulto de orangutanes.

Tony retrocedió hasta mí, no me había dado cuenta que lo dejé caminando y hablando solo.

— ¿Qué pasó? —me preguntó.

Pensé que se molestaría, pero su voz en vez de tener un tono molesto tenía preocupación.

— Nada —contesté y le sonreí. Volví a sujetarme de su mano y caminamos juntos hasta el aula.

Britany y Nick ya estaban dentro de la clase de Historia y bien acaramelados. Los saludamos y esperamos al profesor.

Pasé toda la clase atormentada con fuertes cólicos. Tony se dio cuenta de ello -de que tenía dolor de estómago- no de que estaba menstruando.

¡Válgame Dios! ¿Por qué tuve que nacer mujer? Pero si no fuese así, no estaría de novia con este maravilloso chico.

La clase terminó y busqué una excusa para ir al baño rápido. Como vi que Britany estaba muy concentrada en Nick, no le pedí que me acompañara.




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