Toda Mi Mala Suerte

35

 

—Cassie, amor —mamá se coloca en mi cama como siempre lo hace cuando no me despierto temprano—, cariño, ¿no comerás nada? Ya casi es medio día.

Niego, apretando los ojos. —No tengo hambre.

—Pero es malo no comer —explica—. Vamos, hay uvas y te preparé unas tostadas francesas, tus favoritas.

Me siento en la cama y aliso mi cabello con mis manos. —Mamá… —la miro y quiero decirle qué está sucediendo en la escuela, quiero contarle sobre como ayer no dejé de llorar y de lo mucho que deseo que mi vida cambie.

— ¿Si? —acaricia mi brazo—, ¿pasa algo?

Pero no puedo hacerlo.

Mamá no va a resolverlo, mis padres solo se van a preocupar y ahora que han cambiado de ciudad no quiero ponerles el peso en los hombros por todo lo que sucede en mi escuela.

—Nada —sonrío—, solo que, gracias por cocinarme mi desayuno favorito.

Ella me abraza y puedo percibir el olor a manzana verde, el acondicionador que ha usado por muchos años. —De nada, mi niña. Aunque no puedo pasar mucho tiempo contigo, siempre te llevo en mi corazón.

Lo sé, mis padres son buenos padres pero están ocupados. —Te quiero —susurro—. Um, ya me voy a bañar y bajo a comer, ¿sí?

—Claro —responde mamá—, eres una buena hija, Cassie —se levanta y me da una sonrisa—. Eres responsable, educada y nunca te he pedido que limpies tu habitación —eso me hace sonreír—. Estoy orgullosa de ti.

Ella sale y mi sonrisa desaparece. Me pregunto si mamá estaría orgullosa si me viera en la escuela, siendo una tonta burla para todos.

Me saco mi ropa para dormir, tomo una toalla y voy al baño para ducharme y con suerte, lavarme todos los pensamientos fuera de mi cabeza.

 

Bajo las escaleras luego de bañarme, tengo el cabello húmedo colocado a un lado de mi hombro. Escucho que mis padres hablan sobre algo, luego ríen.

Llego a la primera planta, camino hasta el comedor y me detengo cuando veo a Rodney sentado con mis padres.

Ellos sonríen pero él deja de hacerlo cuando me ve.

— ¿Qué haces aquí? —pregunto.

Papá me hace una mueca. —Buenos días, Cassie —señala a Rodney—. Tu amigo vino a saludarnos nuevamente, es un chico muy carismático.

Y un mentiroso.

—Ah —sigo de pie en el marco de la entrada—. ¿Qué quieres, Rodney? Hoy no íbamos a estudiar…

Mejor dicho, hoy no se suponía que vendría a mi casa sin mi permiso y yo creo que dejé bastante claro que ya no quería verlo.

Rodney se levanta. —Lo sé, es solo que —evita hacer contacto visual—, le estaba diciendo a tus padres que mis abuelos te invitaron a su casa y vine  preguntarles si está bien que me acompañes.

—Claro que sí —mamá responde, emocionada—. ¿Por qué no comes un poco y luego se van? Rodney, ¿te sirve una tostada más?

Rodney se ve apenado, pero no por querer otra tostada sino porque sabe que no debería estar aquí. —Eh, no, estoy bien. Muchas gracias.

Mamá asiente. —Ven, hija, siéntate.

Mi papá se levanta y pasa a mi lado, dándome una palmada en el hombro. —Pórtate bien, Cassie.

Le doy una mirada. —Siempre lo hago.

Sonríe. —Lo sé —ve a Rodney y luego a mí—. Confío en ti.

Asiento lentamente, no sé qué responder.

—Rodney, encantado de verte otra vez, subiré un momento a enviar unos correos —anuncia—. Espero verte pronto por aquí.

Rodney sonríe un poco. —Claro, sí, gracias.

Miro a mi mamá. —Um, está bien, yo puedo servirme.

Ella asiente y se mueve hasta la puerta. —Claro, sí, los dejo solos —cuando pasa por mi lado me da una sonrisa.

Espero que estén ambos lejos para acercarme con Rodney. — ¿Qué haces aquí? —pregunto molesta—. No puedes venir a mi casa y usar a mis padres para que te dejen entrar.

Rodney niega. —No estoy usando a tus padres.

Respiro profundo. —Rodney, de verdad, ya no tienes que seguir fingiendo —me encojo de hombros—. Ya se terminó todo el show del chico popular con la rechazada, ya no importa.

Resopla. —Vaya, ¿eso crees de mí?

— ¿Qué quieres que crea de ti? —entorno mis ojos cuando lo veo—. Eso es lo que ha estado pasando, tú… ya se acabó. Lo que sea que éramos, amigos o no, ya se acabó.

Rodney se retira el cabello de la frente. —Cassandra, si fueras una farsa para mí no estaría aquí con la intención de contarte toda la verdad —afirma—. Quiero que lo sepas todo, de verdad.

El estómago me duele aunque no creo que sea por el hambre. — ¿Para qué? —bajo la voz a pesar que me gustaría gritar—. ¿Para qué te esfuerzas conmigo?

— ¿No es obvio? —pregunta, inclinándose hacia mí—. ¿No lo notas?

Miro a sus ojos, él está cerca de mí y eso provoca que mi corazón traicionero pegue un salto. Ya no debería sentirme de esta manera por Rodney, él me ha hecho daño.

Pero al corazón no le importa, cree que puede seguir resistiendo los golpes.

—No sé de qué hablas —respondo.

Miro hacia un lado. — ¿Podemos hablar en otra parte? —pide—. ¿Puedes salir un momento?

Exhalo. —Camina hacia atrás —digo—, ahí, la puerta del jardín trasero.

Rodney gira su cabeza y asiente. —Está bien, vamos.

Siento el olor de las tostadas francesas cuando pasamos por la cocina y él abre la puerta de atrás. Tendré que calentarlas después de hablar con él y hacer que se vaya.

— ¿Qué quieres? —pegunto colocándome a su lado.

Él se lleva dos manos a su pecho. —Quiero que me perdones por no hacer lo correcto —dice—. Sé que debí decirte lo de las fotos y videos, sé que debí hacer mil cosas diferentes pero no las hice, te pido perdón por todo eso.

Trago saliva, no esperaba que se disculpara tan rápido, pensé que querría convencerme que él estaba en lo correcto y yo me equivocaba. — ¿Por qué no me dijiste?

—Esa historia es larga, Cassandra —aclara su garganta—. Te lo contaré todo pero por ahora quiero que sepas que te has vuelto alguien importante para mí en tan poco tiempo y aunque no lo merezco, quiero que me des una segunda oportunidad.




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