Amber
Son las once de la mañana. Acabo de aparcar. Hoy le voy a dar una sorpresa y he venido a Phoenix sin que él lo sepa. He estado conduciendo casi toda la noche.
Hoy se que Son por la mañana va a estar en el restaurante. Así que voy a pasar por allí. Paso por un parque que está completamente vacío. Tan solo varias palomas militan en el suelo y se están acicalando. La sensación que me da viendo este cuadro que es la calma antes de la tempestad, todo tranquilo y con el sonido de los pájaros antes de que lleguen los niños y lo inunden de gritos.
Entró al restaurante y como en el parque todo está demasiado tranquilo. Esto luego va a ser un jaleo importante.
Busco con mi vista periférica al camarero rubio platino pero no logro dar con él. Solo consigo dar con una camarera que le falta bastante tela para esa ropa.
Enseguida me observa y se acerca a mi.
—¿Necesitas algo? —pregunta con cara de pánfilo.
—Si, busco a Son Best.
—No me digas que tu...
Me mira de arriba a abajo y deja la frase en el aire.
—¿Yo que? —no se que ha querido decir con eso pero no me ha gustado ni un pelo.
—Nada nada que eres la novia de Son ¿verdad?
Esta chica ha tenido que tener algún tipo de charla con él.
—¿Dónde está? —pregunto pasando claramente de su pregunta.
—No está. Hoy librará. La verdad es que no te imaginaba asi tan...
—¿Tan como?
Esta chica me está sacando de quicio o yo he perdido los nervios muy pronto.
—nada nada. Que eres muy guapa. Bueno yo voy a seguir con mis mesas.
Se da la vuelta y me deja con la palabra en la boca pero casi que lo prefiero. La sorpresa ya no es tan sorpresa. más bien me la he llevado yo. Aun puedo sorprenderlo si voy a su casa. Espero que esté allí sino ¿dónde diantres puede meterse?
Miro a mi alrededor un hombre con gorro de cocina y otro que parece el cocinero están hablando y no dejan de mirarme. Me acerco porque tengo la sensación de que aquí ha pasado algo y yo me quiero enterar.
Les pregunto a los dos mientras les echo una mirada amenazante.
—¿Tengo granos en la cara o algo por el estilo? —muy bien Amber directa al cuello.
—No, no. Estabamos mirando a la camarera que esta muy buena —explica mientras hace gestos con la cabeza señalando claramente.
—Tampoco es para tanto —no me quería meter en la conversación pero lo han provocado.
—Joder que no si han caido todos los camareros.
Esas palabras se me clavan en el corazón como un puñal.
—Todos no —les corrijo sin saber si quiero saber la verdad—. Son nunca caería. Está enamorado de mi —se que sueno muy contundente pero confío en él.
—Tanto no lo estará cuando se acostó el otro día con ella cuando salió de fiesta.
Se que había salido de fiesta pero no me creo. No me lo quiero creer.
El corazón va a mil por hora y miles de pensamientos se me vienen a la cabeza.
¿Ha podido pasar?¿Son me ha sido infiel?
—Cuéntame que ha pasado.
Me quiero ir de aquí sabiendo la verdad o de lo contrario creo que la rabia me va hacer romper cosas.
—Nada nada tranquila —dice mientras hace aspavientos para que me relaje pero eso solo provoca que me ponga aun mas nerviosa.
—Que me lo cuentes de una maldita vez o soy capaz de quemarte el local con vosotros dentro —no me reconozco pero también he de reconocer que estos tíos me están sacando de mis casillas.
Ambos se quedan callados mirándome fijamente y tengo la ligera impresión de que se están apunto de reir. Como lo hago pienso llevar mi amenaza a cabo.
—Tu chico se acostó con la camarera.
Las palabras que no quería escuchar entran a mi cabeza y dejan repetirse en ella.
—No, eso es imposible —niego totalmente la realidad. No se si quiero omitir la realidad o afrontarla.
—Corre, pregunta a la camarera —me desafía pero no quiero aceptar el reto.
—No, a ella no le tengo que preguntar.
Les dejo con la palabra en la boca y me dirijo a la casa de Son. Espero que esté allí porque de lo contrario no se lo que voy hacer o donde lo voy a buscar. Cojo el coche que está aún caliente y me dirijo al apartamento de Tatiana.
Trato de no pensar en unos posibles cuernos pero no paro de imaginarme a ellos dos metidos en la cama. Pero la que está a su lado no soy sino la suelta de la camarera que esta mañana desconocía completamente su existencia pero que ahora se mucho más de lo que podría imaginarme. Llego y aparco en la misma puerta. Espero no tener suerte solo en esto y que lo otro se trate de un completo malentendido. Me cuesta tragar, creo que me he puesto mala de la garganta. Tiene que ser ese maldito nuevo apartamento que las paredes parecen de papel y no insonorizan nada. Toco la puerta y la voz de Son anunciando que viene me relaja y a la vez se me acelera el corazón. Abre la puerta frotando unos de los ojos como si se acaba de despertar. El hecho de ir en pijama me confirma mi teoría.
—Pero cariño... ¿que haces aquí? —pregunta mientras se acerca a mí para darme un beso y un abrazo. Yo no puedo evitar responder de una forma un tanto fría. Pero el hecho de que él haya reaccionado así me consuela un poco y me hace pensar que quizás entre ellos dos no ha pasado nada.
—Quería darte una sorpresa pero me la he llevado yo al no verte en el trabajo. Me han dicho que estabas librando.
—Si, hoy me tocaba.
—¿Te puedo hacer una pregunta y quiero que seas totalmente sincero?
—Claro amor lo que quieras...
No se como empezar. No encuentro las palabras exactos y la cabeza me va a mil. Me va a explotar. El aire comienza a faltarme.
—Aquí no. Prefiero sentada en algún sitio en el que puedo tomar algo. Estoy desmayado.
Gano unos minutos mientras me ordeno la cabeza y sigo a Son que no se exactamente a donde me esta llevando.
Después de andar un par de calles me lleva hasta un "Starbucks".
Yo me pido un Frappuccino y algo de bollería y Son solo se coge un chocolate. Cuando nos lo dan sencillamente nos limitamos a sentarse en la única mesa que hay libre en todo el establecimiento. Es hora punta y todo el mundo ha decidido venir aquí.