Amber
Espere dentro de ese vestuario. Remplantenadome seriamente si lo que me había pasado era realidad o ficción.
No era sueña de mis impulsos y por eso me deje llevar. Pero crucé la meta a la que nunca debí llegar. Besar a Tommy.
Y me estuve martirizando hasta que la lluvia ceso y fue capaz de llegar a la parada de autobús. Sin encontrarme ningun obstáculo con ojos azules y pelo rizado y al que su beso había despertado dentro de mí algo que no quería reconocer.
En cuanto llegue me tumbe en la cama de mi habitación. Quería la cama de mi habitación. Quería negar todo lo de mi alrededor pero no lo conseguía porque los pensamientos si que atraviesan puertas cerradas. Así llevo desde el día anterior. Esta mañana le he enviado un mensaje a Mery para que me llamara. Se que esta liada con lo del embarazo pero necesito hablar con alguien.
He estado esquivando a Son todo este tiempo. No soy capaz de dirigirle la palabra y creo que… si me llama me derrumbare y creo que le contaría todo y tal vez eso sea el principio del fin.
Se enciende la pantalla del móvil y comienza a brindar. Siento por un momento que se me va a salir el corazón hasta que leo en la pantalla del móvil que es Mery y el pulso vuelve otra vez a su sitio.
Respondo con miedo, vergüenza y un sin fin de sentimientos que han invadido mi cuerpo.
—Hola ¿que tal? —pregunta Mery gritando ajena a todo lo que me está pasando.
—Mal —me derrumbo enseguida y las lágrimas comienzan a caer.
—¿Que ha pasado? ¿Ha sido Son?
Mira que voy y le pongo las gafas de lentillas.
—No ha sido él. He sido yo. He besado a Tommy.
Observo como la puerta se abre y de detrás aparece Lea más blanca que un Noruego en Mallorca.
—¿Que has hecho que? —las dos parecen sincronizarse y preguntan lo mismo.
—No sé lo que ha pasado —trato de explicarme mientras me levanto y me siento en el columpio que compré hace meses.
Desde aquí puede verse reflejada en el espejo y me doy cuenta que mi aspecto es lamentable. Llevo un moño mal hecho y las orejas han hecho acto de presencia.
—¿Pero cómo fue, que ocurrió?
Le cuenta cada detalle y aunque no la vea. Me puedo imaginar a Mery completamente con la boca abierta.
—¿Y que piensas tú? ¿Cómo te sientes? —las preguntas de Mery hacen que reflexione.
—Estoy en un mar de sentimientos. Cuando estaba apoyada en su pecho sentía que era mi hogar. Me daba paz y no pensaba en nada más. Empezamos a besarnos hasta que llegó a mi cicatriz y me acorde de Son y en todo lo que habíamos pasado y en que no podia hacerle esto.
—¿Pero que sientes por ellos? —pregunta Lea que está sentada en la cama en la cual llevo desde ayer dando vueltas a esa misma pregunta.
¿Que siento?
—Por una parte esta Son. Que en mi vida, mi media mitad. La persona que me da paz. Es mi hogar y a la cual he imaginado miles de historias junto a él. No me imagino una vida sin él. Y por otro lado está Tommy. Que es fuego, pasional. Que cuando te tocar la luna sin necesidad de estar en ella.
Cada una apunta cosas distintas y es lo que no entiendo.
¿Estoy enamorado de ellos dos? ¿Se puede estar enamorado de dos personas a la vez? O quizás sea que no estoy enamorada de ninguno.
—Necesitas aclararte pero no tiene por qué ser ahora. Tomate tu tiempo —Mery responde a mis preguntas.
—Ya pero no se que hacer con Tommy. Vivo con él.
—Vivimos, tendrias que aclararlo con él porque conociéndola puede ser capaz de caldear esto hasta que reviente.
—¿A que te refieres con eso?
—Pues que puede hacer la situación insostenible. Puede cargar tanto el ambiente que estéis todo el día discutiendo. Es de sangre caliente y no puede dejar las cosas pasar.
—Ahora está en la cocina. Debería de ir —me ruega pero casi me ordena.
—Está bien. Mery luego te llamo.
Me despido y cojo aire antes de salir de la habitación. Todo esto se me está haciendo cuesta arriba.
Pero consigo llegar a la cocina donde está Tommy delante de los fuegos. No sé cómo empezar esta conversación. Realmente creo que nunca estaría preparada y es por eso por lo que no encuentro las palabras.
—Tenemos que hablar —mi tono no suena nada autoritario pero es lo que pretendo.
—Me parece bien, tu dirás —su mirada parece amenazante pero se sentó en la mesa.
—Lo del otro día estuvo mal.
Quiero decir que me gusto pero no puede volver a ocurrir. Yo tengo novio y tú tienes cosas tuyas. No sé lo que harás. Pero tenemos que intentar hacer como que no ha pasado nada y no cruzarnos en la medida de lo posible.
—Pues esta complicado porque vamos al mismo club deportivo, compro mis libros en tu trabajo y la peor de todo… Vivimos juntos.
—De acuerdo. Pues vamos a zanjar las cosas. Entre tu y yo no va a pasar nada más que aquel beso ¿de acuerdo?