Todas mis razones para luchar por ti

Capítulo 35

Son

Me quedan tan solo dos paradas para llegar a la fraternidad. Voy a volver de nuevo para ver a Amanda o al menos a intentarlo. Ya que el conductor se ha empeñado en pegar frenazos y por un momento he sentido que me comía el asiento de enfrente.

Cuando llegamos me falta poco para besar el suelo. No lo hago porque hay un grupo de estudiantes que se van a subir. Pero cuando observo que pierdo de vista el autobús suspiro para mi alivio. Me pongo en marcha para llegar a la fraternidad. Me se el camino de sobra por todas las veces que he ido y venido.

Gracias a que aún conservo la llave puedo entrar sin la necesidad de llamar. Si me ve alguien seguro que me la quitaria pero para mi tranquilidad no hay nadie en el salón.

Todos tienen que estar en la universidad o en sus habitaciones o haciendo lo que sé que hace esta gente. Luego dicen que yo soy raro pero estos lo son más subo las escaleras recordando cuando yo lo hacía. Esto no ha cambiando nada desde la última vez que estuve aquí.

Se conserva hasta el polvo encima de las estanterías. Me lo pienso un par de veces antes de llamar a sus puertas. Hago hasta una cuenta regresiva. Tengo miedo de como me podría recibir. Hace tiempo que no la veo.

Y la verdad es que yo no he hecho mucho para visitar o llamarla. Ella en cambio estuvo ahí hasta cuando desperté de la operación.

Venga vamos Son. No puedes tardar tanto en llamar.

Tres… dos… uno…

<<Toc… toc…>> se escucha en casi toda la fraternidad.

Una voz aguda y medio ronca se escucha a la lejos tras la puerta.

—¿Quién es? —pregunta Amanda que parece medio dormida.

—Soy yo Son Best.

—Pasa… pasa.

En cuanto lo hago me encuentro con ella en la cama con el pelo hecho un nudo y con el rostro como si se acabare de despertar ahora mismo.

—¿Que quieres? hacía mil años que no sabía nada de ti.

—No tanto… tal vez unas cuantas semanas. Quería saber como estas.

—Bien ¿no lo ves? Disfrutando de mi vida después de los exámenes.

—Ya veo ya… —respondo observando que su habitación en un auténtico desastre.

—Tu habitación nunca estuvo mucho mejor —su tono burlón parece leerme el pensamiento.

—No, la verdad es que no.

Lo reconozco. Que era un desastre. Al menos antes. Ahora con mi madre no me deja tenerlo todo tan mal.

—No has venido solo para saber como estoy ¿verdad? Amanda parece conocerme más de lo que pensaba.

Sacó la silla del escritorio y me senté justo enfrente de ella. En la universidad están apunto de aceptar el translado. Si todo está bien, en una semana estaré en San Francisco con Amber.

—¿Pero te vas a ir a vivir con ella? Me dijistes que su nuevo piso ya no quedaban cuartos libres porque se acoplo el chico ese que te caía tan mal.

—Y me sigue cayendo. Pero no me voy a ir a vivir a ese piso. Amber y yo nos iremos a vivir con mi madre a algún piso que aún estamos por ver.

—¿Pero eso ella lo sabe?

—No, claro que no. Pero seguro que acepta en cuanto se lo cuente.

—Creo que vives en tu mundo.

Deberías de consultar las cosas antes de tomar la decisión tan precipitado de marcharte.

—¿Que pasa que no te alegras por mi?

—Claro que me alegro. Solo que…. tal vez te voy a echar de menos.

Su mirada me derrite el corazón y se me reblandece el cuerpo.

Me gustaría darle un abrazo para animarla pero no se si debo. No se si puedo.

—¿Y tu madre entonces se va a marchar contigo? ¿Ella al menos lo sabe?

—Tampoco pero seguro que aceptarla —le digo emocionado y levantándome de la silla de la que no he durado ni tres minutos sentados.

—Es decir que esto lo estás decidiendo tú sin hablardo con nadie.

Amanda me da la ligera impresión que está empeñada en romperme la ilusión que tengo por esto.

—Tal vez debería de hablar con ellas.

Pero me muero de las ganas de vivir con Amber y hacer que funcione de una vez por todas sin que haya siempre una distancia de por medio.

—Las relaciones a distancia nunca funcionan. Te lo digo por experiencia.

—Lo sé. En los últimos meses desde que se termino el verano todo han sido contratiempos.

Estoy harto. Quiero que esto funcione y hacerlo de verdad. Necesito desesperadamente hacerlo y que funcione porque lo quiero.

—Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Lucha por lo que quieres. No lo dejes escapar. Y date prisa antes de que sea tarde.

Le regalo una sonrisa de las mías y después nos tiramos hablando una media hora más o menos. Lo digo así porque se me pasa el tiempo volando.

Nunca me había dado cuenta pero la compañía de Amanda es acogedora y es una persona que te escucha.

No todo el mundo puede decir que tiene amigos de esos.

Lo voy hacer. Lo he decidido. Voy a recortar toda esta inmensa distancia que hay entre el amor de mi vida y yo.



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En el texto hay: pareja, adolescente, amor

Editado: 28.01.2026

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