Amber
Me encuentro en el coche con Tommy. Se ha empeñado en enseñarme su sitio secreto. Es de noche. Y pese a que estamos en Marzo hace bastante calor para estar en primavera. Nos encontramos delante de un edificio. Está en silencio observando la puerta.
—¿Que hacemos aquí? —pregunto ya intrigada y sin uñas que morderme de los nervios.
—Esperar…
—¿A que? a que venga un alien y nos secuestren.
—A veces en la vida hay que esperar para que te llegue la oportunidad.
Me indigno y me recuesto en el asiento del coche.
El no aporta la vista de una de las puertas del edificio hasta que al final salen de su boca palabras que es música para mis oídos.
—Ahora… ahora vamos.
Salimos del coche y yo solo me limito a seguir sus pasos. La puerta que estaba observando se abre y del interior salen dos personas de avanzada edad.
—Buenas noches —les saluda Tommy y ellos les responden como si lo conocieran.
Se alejan y Tommy justo antes de que la puerta se cierre pone el pie en medio.
—¿Vamos?
Me gustaría de verdad estar en la cabeza de este chico.
—¿Pero dónde vamos? —mientras lo sigo observo lo que parece ser más una urbanización con varios edificios juntos.
—¿Te has traído bañador?
—No, claro que no. No se lo que tienes en esa cabeza pero te vas a ir olvidando.
—A veces eres aburrida.
—No quiero bañarme ahora en la playa.
—¿Quién ha dicho que sea una playa? —me responde y mientras lo hace puedo observar una enorme piscina con una cascada circular en medio.
Me quedo blanca y con la boca abierta.
—Es preciosa. Pero estoy segura que tiene seguridad.
—Por la noche solo hay uno y es amigo mío. Tenemos pista libre para bañarnos todo lo que queramos.
—¿Y porque no nos ha abierto el?
Todo esto me parece muy raro.
—Deja de hacer preguntas. Siempre lo haces, te replanteas todo. Disfruta un poco.
Comienza a quitarse la camiseta y luego el pantalón hasta que se queda con un boxer blanco. Yo intento en la medida de lo posible no mirar pero no puedo evitar ver cómo se ajusta esa prenda a su cintura.
Provoca dentro de mi un sentimiento nunca antes tenido. Pero en cuanto lo tengo sé que me gusta. Quizás es porque lo encuentro sexi. Coge toda la ropa y la deja al lado de unas sierras que rodean toda la piscina y hacen de barrera visual para la gente de alrededor. Después se pega una carrera y se tira sin pensárselo dos veces. Luego saca su cabeza de debajo del agua y se acerca a la orilla a la parte más cercana a donde estoy.
—Venga tírate. Esta calentita —intenta convencerme mientras se quita el pelo mojado de la cara.
Yo niego con la cabeza mientras me siento en el borde sin llegar a meter ninguna parte del cuerpo.
—eres más sosa que una comida sin sal.
Su comentario provoca en mí una sonrisa aunque no quiera reconocerlo.
—No tengo toalla ni ropa de recambio.
—¿Y eso que más da? Te cambias en cuanto llegues a casa y tengo un par de toallas en el coche.
—¿Y porque no has entrado con ellos?
—Porque cantaría un huevo que iríamos a la piscina.
—¿Alguna pregunta más, doña preguntona? ¿Algo más impide que te pegue un baño?
—La verdad es que me has dejado sin excusas. Pero me meto con ropa —le sugiero levantándome.
—Y luego que vas a ir ¿empapada hasta el coche? Quítate la ropa y quédate en ropa interior. No voy a ver nada y mucho menos bajo el agua.
—Vale pero date la vuelta —le ordenó señalando con el dedo.
Él obedece sin protestar. Me quito la ropa rápidamente y la dejo escondida junto a la de Tommy. Me miro y me maldigo.
Debería haber llevado ropa interior algo nueva. Llevo unas bragas rosas con la tela tan fina que se esta empezando a deshilachar y un sujetador negro ya cansado de tanto uso.
No me martilizo mas y me lanzo a la piscina de cabeza. Si me viera Amber del pasado seguramente me preguntaba que “que hago con un chico al que conozco de poco tiempo en ropa interior dentro de una piscina. Y sobretodo teniendo novio”
Pero esta es una nueva Amber. Es una versión mejorada de mí y me gusta. Me gusta no estar pensando las cosas aunque lo siga haciendo.
Salgo de debajo del agua después de estar unos segundos y me encuentro con la atenta mirada de Tommy que tiene una sonrisita en el rostro.
—Sabía que te convencería…
En cuanto termina de decir la frase aprovecho la oportunidad para lanzarle agua en la casa.
—Ven te voy a enseñar mi sitio secreto.
—¿No es esto?
—En parte sí. Ven y lo entenderás.
Y le siga directo a la cascada circular que hay en medio de la piscina y lo observo cómo entra atravesando el agua que cae. No me imaginaba que debajo de aquella cascada habría algo. Pero me muevo de ganas de averiguarlo y me meto yo también.