Todas mis razones para quererte[completa]

Capítulo 10

Amber

Subo a la clase, Héctor me da un beso en la mejilla sin que nadie nos llegue a ver y se va a su sitio al fondo de la clase.

Yo me pongo en mi sitio en primera fila, de momento el chico raro de las chancas o al menos así lo llama Héctor todavía no ha llegado, quizás se le haya hecho tarde.

Pero en apenas segundo y antes de que llegue el profesor esas ilusiones se difuminan en un momento. Entra por la puerta, esta vez no lleva chanclas, lleva un pantalón rojo de chándal que tiene más lavados que un elefante bien educado  y una camiseta que como mucho iría a juego con el estampado de la pizarra porque con el pantalón ese no va pero no voy a ser yo quien le diga algo, no soy su madre y ademas la culpa es mía por ser tan observadora.

—Hola —dice acercándose a mi mesa y poniéndose en la de al lado.

—Buenos días —le respondo yo para ser cordial.

Lo noto nervioso, más que un catador de vino acercándose a un control de alcoholemia.

Mira para todos los lados, le suda la frente, las mano ya no lo se porque las tiene dentro de la mochila, parece buscar algo. Saca una hoja un poco mal doblada de dentro, mira para atrás, creo que está mirando al grupo de las spice girls pero no logró  detectar a quien.

Estás en un intento seguro de sacar el ojo a alguien se marchan al baño, seguro que para alargar sus  pestañas o como yo lo llamo palmeras del desierto. Porque son alargadas y más tiesas que un erizo y porque están llenas a su alrededor de maquillaje.

Son se levanta rápidamente y como no quiere la cosa deja  una nota sobre la mesa de Sophia. Se piensa que no lo ha visto nadie pero yo creo que es mejor dejarlo así.

Entra el profesor, parece que tiene bastantes ganas de dar clases. Las momias vivientes de mis compañeras que entran detrás suyo no parecen tenerlas tanto.

—Bien chicos y chicas, teneis que sacar los libros, como me imagino no todos tendréis los libros así que deberéis de compartirlo con el compañero, que levante la mano quien tenga el libro —levanto el brazo, un mes antes de empezar la clase siempre  tengo los libros.

Miro a mi izquierda, Son no levanta la mano con lo que llego a deducir que no lo tiene. Tan solo ha sacado una libreta que además ¿está la mitad ya escrita? este chico es todo una incógnita.

—Bien, vosotros dos compartirlo —no me fastidies, lo que me faltaba a mi es tener que compartir mi libro, odio tener que hacer eso. Me resigno para mis adentros y cedo dejandole una pequeña parte del libro que no llega a ser la mitad. Total, cuando me quiero dar cuenta observo que tampoco le está prestando mucho la atención.

Yo no sé si está pensando en que no se ha traído el almuerzo en que película se va a ver cuando llegue a su casa o si ha cerrado la puerta cuando ha salido pero atento no está. Creo que está más preocupado en lo que hay escrito en esa hoja porque no para de mirar para detrás.




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