Era viernes y Victoria esperaba ansiosa una visita concreta.
Se la veía más mayor, con el plato con tostadas aún en la mano y con Carla en la mesa.
La pequeña ya no parecía una catorceañera. Sus lánguidos ojos mostraban la madurez de haber cumplido la mayoría de edad.
—Esto no es improvisación, Vicky. —Se quejó.
—¿De qué hablas?
—Comer siempre tostadas se hace monótono.
Victoria suspiró con picardía.
—Es un éxito asegurado.
—¿No se supone que en la escuela de interpretación te enseñan a improvisar?
—¡Pero no un plato, Carla!
Sonó el timbre.
—¡Abro yo! —Carla se levantó y se fue a la entrada.
Victoria volvió a la cocina para terminar de preparar la merienda con su prima.
Y fue mientras abría el frigorífico para sacar un brick de zumo que una figura se le apareció tras la cortina. Y golpeó el cristal como puerta de entrada.
Dio un salto que le hizo cerrar el frigorífico del susto. Si hubiera tenido el zumo en la mano, seguramente lo hubiera soltado.
—¡Joder, qué susto! —Corrió la cortina—. ¿Qué haces aquí, Kim?
—A ver, Vics, te has dejado el guion en clase por salir corriendo.
El chico con el que hablaba asomó por la ventana y le entregó una fina carpeta.
Era guapo sin pretensiones, con el cabello negro punteado y unos brillantes ojos azules. Tenía los rasgos afilados por la edad, pero su voz dulce y masculina era inconfundible.
—¿Y no puedes llamar a la puerta? —Victoria se cruzó de brazos—. No es lógico que llames a la ventana porque asustas a la gente, listillo.
—¡Oh, venga, Vics! —Estiró el brazo con el puño cerrado, con el fin de chocarlo—, ¿buen rollo?
Ella sonrió con la mitad de su cara y correspondió al choque de puños.
Desde la esquina contraria de la cocina se asomó una chica morena con la cara redonda y con la misma madurez añadida que sus primas: Silvia.
—Oye, prefiero que me llames Vicky, y lo sabes de sobra, Kim.
—Pues ya sabes lo que tienes que hacer, Vics.
Se sintió incómoda de repente. E incluso miró hacia la puerta donde Silvia estaba escondida, sin verla. Aunque se acercó a él y le susurró alarmada.
—¿Cómo voy a presentarte ante mi familia, si se van a pensar lo que no es, Joaquín?
Silvia no vio a Victoria guiñarle un ojo al chico. Y con lo que había entendido, se dirigió con su otra prima.
Justo al llegar a la mesa del salón donde Carla se estaba untando la mermelada rojiza en una de las tostadas, Silvia casi se tropieza.
—Carla, ¿desde cuándo tiene novio Victoria?
La chica miró a su prima como si estuviera hablando en coreano.
—¿De qué hablas?
—Acabo de verla hablando con él por la ventana.
Señalaba en dirección a la cocina. Pero su prima no la creía.
—Estás hablando de Victoria, que ahuyenta a todos los chicos que se le acercan con su manera de expresarse y sus aspavientos.
—¡Que lo he visto, te digo, leche!
Carla dejó la tostada y se levantó, dispuesta a acompañar a Silvia a la cocina. Pero a medio camino se toparon con Victoria, que llevaba una botella de zumo de melocotón.
Carla increpó a su prima con la mirada y volvió sobre sus pasos.
—¡Lo dicho, imposible!
Victoria, que era ajena a ser el centro de la conversación, dejó el zumo sobre la mesa y regresó a la cocina por unos vasos.
Silvia se acercó a la prima que tenía sentada y se sentó a su lado.
—No me creas, sé lo que he visto —dijo.
—¡Claro que no te creo, la conozco de sobra!
Carla se molestó con la insistencia de su prima. Pero no se volvió a sacar el tema en toda la tarde.
Vieron juntas una serie japonesa sobre el romance de dos adolescentes víctimas del cruce de pareja de sus padres. Y les alcanzó la hora de la cena para ver un concurso musical de una cadena privada mientras se comían las chuletas de cordero que había cocinado María.
Cuando llegó la hora de acostarse, siempre que venía Silvia de visita, dormían las tres juntas en la cama grande de la habitación de invitados.
Probablemente fue el sueño que ya les estaba venciendo, pero Silvia soltó una carcajada en un hilo de voz, mirando a Victoria.
La aludida se sintió como un mono de feria sin motivo aparente.
—¿Qué pasa? —cuestionó.
Silvia volvió a reír.
—¿Pues no va y dice que te ha visto en la cocina hablando con tu novio esta tarde? —intervino Carla.
Victoria palideció al darse cuenta de lo que su prima podría haber visto y malinterpretado. Su hermana se incorporó y Silvia rio de nuevo.
—Es un compañero de clase. —Rectificó con el semblante serio.
La otra se dejó caer de nuevo sobre la cama y la morena frunció el ceño.
—Eso me cuadra más contigo —Carla se llevó la mano a la frente—, y no la locura que ha entendido esta —comentó señalando con el pulgar a la prima.
Victoria se tumbó de lado, mirando a su hermana.
—¿Qué tiene de malo que yo pueda tener novio? —Desvió el tema como pudo.
—Malo no, Vicky, predecible. —Se jactó su hermana.
Carla sonrió con el sueño a medias y, al girarse, se quedó dormida. Poco más duraron las otras dos despiertas hasta que la fase REM las alcanzó.
Editado: 06.07.2026