A lo largo de mi camino han nacido cicatrices que jamás imaginé llevar conmigo.
Algunas aparecieron por decisiones que tuve que tomar sin saber si eran las correctas. Otras fueron consecuencia de personas, despedidas y silencios que dejaron más huellas de las que alguna vez imaginé.
Cada una de ellas cambió mi forma de mirar la vida.
Aprendí a afrontar dolores que nunca pensé sentir, a convivir con emociones que todavía intento comprender y a aceptar que, muchas veces, crecer también significa perder partes de quien creía ser.
Hubo momentos en los que me pregunté si realmente pertenecía al lugar donde estaba.
Si el amor llegaría algún día de la forma en la que tantas veces lo imaginé.
Si mis sueños seguían siendo los mismos o si el miedo había logrado convencerme de renunciar a ellos antes siquiera de intentarlo.
Y aunque todavía no tengo todas las respuestas, entendí algo importante.
Mis cicatrices nunca llegaron para destruirme.
Llegaron para recordarme todo lo que fui capaz de sobrevivir.
Cada una dibujó un nuevo mapa dentro de mí.
Un mapa donde viven los recuerdos que todavía me abrazan, los sueños que logré cumplir y aquellos que el tiempo terminó llevándose.
Un mapa donde también existen la rabia, la nostalgia, la decepción y la esperanza.
Porque sanar nunca ha significado olvidar.
Significa aprender a mirar hacia atrás sin dejar de caminar.
Hoy entiendo que soy el resultado de todas esas marcas.
De cada caída.
De cada despedida.
De cada decisión que tomé aun cuando el miedo me decía que no podía.
Y aunque todavía sigo buscando mi lugar en el mundo, mis cicatrices dejaron de ser un motivo para esconderme.
Ahora son la prueba de todo lo que he resistido.
La vida también es eso.
Un cuerpo, un corazón y un alma llenos de marcas que cuentan historias que nadie más conoce.
Historias que hablan de nuestras pérdidas, de nuestros errores, de nuestros intentos y de las veces que tuvimos que volver a empezar.
Por eso ya no miro mis cicatrices con vergüenza.
Las miro con respeto.
Porque cada una de ellas me recuerda que hubo una versión de mí que creyó que no podría seguir...
...y aun así encontró la fuerza para levantarse una vez más.
Todavía no sé cuál será mi destino.
Todavía no sé dónde terminará este camino.
Pero si algo tengo claro es que cada cicatriz que llevo conmigo no me alejó de quien soy.
Me acercó un poco más a la persona que todavía estoy intentando encontrar.