Mis pensamientos nunca fueron normales ante una sociedad que intenta inculcar lo que cree correcto.
Pero ¿quién decide realmente qué es lo correcto?
Mi alma siempre ha caminado perdida entre mis días, mis decisiones y mis sueños, sin saber con certeza qué hacer o hacia dónde quiero llegar.
Incluso en los lugares donde se suponía que debía encajar, siempre me sentí extraña.
Porque la vida puede darte un hogar, una familia o personas que te aman, y aun así sentir que algo dentro de ti es diferente.
Como si una parte de tu alma hubiera nacido para mirar el mundo de otra manera.
Me siento extraña ante los caminos que la vida me presenta, ante los destinos que a veces dejo pasar y ante las oportunidades que ignoro por miedo o por no saber si realmente me pertenecen.
Nunca he pretendido ser una más en un mundo que idealiza la paz interior como si fuera algo sencillo de encontrar.
Porque la verdad es otra.
La paz también se pierde.
La identidad también se cuestiona.
Y el alma también se siente sola.
Pretendo ser la extraña más indulgente conmigo misma.
La que se permite seguir buscando.
La que entiende que un camino que ayer parecía correcto puede dejar de serlo mañana y que no hay nada de malo en cambiar de dirección.
Porque también es humano volver a empezar.
A veces siento que el mundo va demasiado rápido y que todos parecen saber quiénes son y hacia dónde van.
Mientras tanto, yo sigo descubriéndome.
Y aunque mi manera de vivir parezca extraña para algunos, sé que también así se siente la humanidad en algún momento de la vida: perdida, confundida y llena de preguntas.
Hay días en los que el miedo camina a mi lado y mi valentía se convierte en una armadura que apenas logra sostenerme.
Pero aun así sigo.
Sigo el mapa de una extraña que, incluso en sus días más irreales, se niega a dejar de buscar.
Porque quizás siempre seré una extraña en algunos lugares.
Quizás nunca tenga todas las respuestas.
Quizás nunca sepa con exactitud a dónde quiero llegar.
Pero también he aprendido algo:
La humanidad se trata de eso.
De buscar.
De cambiar.
De equivocarse.
De volver a comenzar.
Porque encontrar un camino no significa que debamos permanecer en él para siempre.
Es de humanos tener nuevos sueños.
Es de humanos construir nuevas versiones de nosotros mismos.
Es de humanos sentir que ya no pertenecemos al lugar donde antes éramos felices.
Así que, si algún día encuentras un mapa incompleto o te descubres caminando por rutas que jamás imaginaste recorrer, sigue explorando.
No encajar no significa que haya algo malo en ti.
No significa que estés roto.
Significa que tu alma todavía tiene hambre de algo que los demás no pueden ver.
Y quizás esa extraña que vive dentro de ti...
solo está intentando encontrarse.