Todavia Me Estoy Encontrando

La belleza de un casi

Hay personas que llegan a nuestra vida de una forma tan inesperada que, por un instante, nos hacen creer que el destino por fin decidió mirarnos.

Así llegaste tú.

Sin filtros.

Sin grandes promesas.

Solo con esa facilidad de hacerme sentir elegida en un momento en el que había olvidado lo bonito que era que alguien te escogiera por decisión y no por costumbre.

Durante un instante volví a creer que el amor también podía tocar mi puerta.

Y eso, para mí, ya era extraordinario.

Pero hay historias que nacen para quedarse.

Y otras que nacen para enseñarnos algo antes de partir.

La nuestra fue una de ellas.

Construimos un futuro que nunca existió.

Imaginamos días que jamás llegaron.

Le dimos nombre a ilusiones que el tiempo no alcanzó a convertir en realidad.

Éramos dos caminos que coincidieron justo el tiempo suficiente para demostrar que, a veces, un instante puede cambiar más que una eternidad.

Fuimos un casi nosotros.

Y, aunque durante un tiempo esa palabra me dolió, hoy la miro con una ternura distinta.

Porque entendí que los "casi" también dejan huellas.

No llegamos a construir la historia que imaginábamos.

No vivimos el amor eterno que tantas veces soñamos.

Pero vivimos algo igual de importante.

Me recordaste que todavía era capaz de ilusionarme.

Que mi corazón seguía teniendo espacio para alguien más.

Que después de tantas decepciones aún existía en mí la valentía de volver a creer.

Y ese regalo vale más de lo que imaginas.

Claro que dolió.

Dolió aceptar que no todo lo que se siente está destinado a quedarse.

Dolió despedirme de un futuro que solo existía en mi imaginación.

Dolió entender que, algunas veces, el amor no termina porque deje de sentirse, sino porque los caminos dejan de encontrarse.

Pero también aprendí que el amor no siempre se mide por el tiempo que permanece.

A veces se mide por la transformación que deja.

Y tú dejaste una muy importante.

Me devolviste una versión de mí que creía perdida.

La persona que todavía se emocionaba con un mensaje inesperado.

La que sonreía al escuchar una llamada.

La que imaginaba un mañana sin sentir miedo de volver a empezar.

Quizá nunca fuimos el gran amor de nuestras vidas.

Quizá solo fuimos dos personas que coincidieron cuando ambas necesitaban recordar algo.

Tú me recordaste que el amor todavía existía.

Y yo descubrí que, a pesar de todo lo vivido, el miedo nunca había logrado apagar la bondad con la que sigo amando.

Hoy continúo mi camino.

Con la misma esperanza.

Con nuevas dudas.

Con cicatrices que siguen enseñándome.

Pero también con la tranquilidad de saber que no necesito aferrarme a un "casi" para agradecer lo que viví.

Porque algunas personas llegan para quedarse.

Y otras llegan para devolvernos una parte de nosotros que creíamos perdida.

Tú no te quedaste.

Pero dejaste algo que sí lo hizo.

La certeza de que mi corazón nunca dejó de creer en el amor.

Y, aunque nuestra historia nunca aprendió a llamarse "nosotros", siempre agradeceré que, por un instante, me recordaras que todavía era capaz de abrir mi alma sin dejar de ser yo.




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