Todavia Me Estoy Encontrando

CONTRA MÍ

Durante mucho tiempo sentí que estaba luchando contra el mundo.

Contra las personas que no supieron verme.

Contra quienes no supieron quedarse.

Contra las oportunidades que no llegaron.

Contra los caminos que terminaron antes de tiempo.

Contra todo aquello que me hizo sentir que la vida siempre tenía un lugar para todos menos para mí.

Pero con el tiempo entendí algo que dolió mucho más:

también estaba luchando contra mí.

Contra la persona que tenía miedo de intentarlo.

Contra la que se comparaba.

Contra la que encontraba defectos antes que virtudes.

Contra la que quería ser fuerte incluso cuando ya no podía más.

Contra la que decía que estaba bien para no tener que explicar todo lo que llevaba dentro.

Y qué cansancio.

Qué cansancio intentar avanzar mientras una parte de mí hacía todo lo posible por detenerme.

Quería cambiar, pero tenía miedo de perder lo conocido.

Quería amar, pero levantaba muros antes de que alguien pudiera acercarse.

Quería crecer, pero dudaba de cada paso.

Quería encontrarme, pero algunas veces ni siquiera sabía quién estaba buscando.

Y así pasé mucho tiempo:

corriendo hacia adelante mientras algo dentro de mí tiraba de mí hacia atrás.

Me exigí demasiado.

Me juzgué por no ser suficiente.

Me castigué por errores que ya no podía cambiar.

Me comparé con personas que caminaban caminos completamente diferentes al mío.

Y terminé convirtiendo mi propia vida en una competencia que nunca podía ganar.

Porque siempre había algo más que hacer.

Algo que mejorar.

Algo que corregir.

Algo que demostrar.

Hasta que entendí que no podía seguir viviendo intentando convertirme en alguien que nunca había sido.

No quiero pasar el resto de mi vida peleando conmigo.

No quiero despertar cada día preguntándome qué parte de mí debo cambiar para merecer sentirme orgullosa.

No quiero seguir tratando mis heridas como defectos.

Porque también soy esa persona que sobrevivió.

La que se levantó cuando nadie sabía que había caído.

La que siguió sonriendo cuando por dentro estaba agotada.

La que volvió a intentar después de jurarse que no lo haría.

La que todavía tiene miedo y aun así sigue buscando su camino.

Entonces sí.

He estado contra mí.

Muchas veces.

Pero hoy quiero dejar de hacerlo.

No porque ya me quiera todos los días.

No porque haya aprendido a aceptar cada parte de mí.

No porque mis inseguridades hayan desaparecido.

Sino porque finalmente entendí que no necesito destruir una parte de mí para que otra pueda vivir.

Puedo tener miedo y avanzar.

Puedo equivocarme y perdonarme.

Puedo sentirme perdida y continuar.

Puedo no saber quién quiero ser y aun así permitirme descubrirlo.

Puedo estar rota sin considerarme perdida.

Porque quizá encontrarme nunca significó convertirme en alguien diferente.

Quizá significó dejar de estar en mi contra.

Y por primera vez quiero estar de mi lado.

Aunque me cueste.

Aunque vuelva a dudar.

Aunque algunos días vuelva a mirarme con dureza.

Quiero aprender a ser esa persona que no abandona a la persona que soy.

Porque después de tantos años buscando quién podía salvarme...

entendí que también podía ser yo.

Y esta vez no quiero luchar contra mí.

Quiero luchar por mí.




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