Todo el ruido entre nosotros

Capítulo 10

Descubrir que Dominic Hale tenía un auto absurdamente caro no debería haberme sorprendido tanto.

Y sin embargo…

—¿Tú conduces esto? —pregunté apenas subiendo.

Dominic cerró la puerta del lado del conductor con tranquilidad.

—¿Te decepciona que no tenga una motocicleta peligrosa y emocionalmente cuestionable?

Miré el interior elegante del auto otra vez.

—Esperaba algo más caótico.

—Qué poca fe tienes en mí.

—Te conozco mínimamente lo suficiente.

Dominic sonrió mientras arrancaba.

Londres brillaba húmeda detrás del parabrisas y yo todavía no podía creer que esto estuviera pasando realmente.

Iba camino a una cena familiar infernal.

Con mi vecino insoportable fingiendo ser mi novio.

Perfecto.

Absolutamente perfecto.

El silencio duró aproximadamente cuarenta segundos.

—Bien —dijo Dominic finalmente—. Necesitamos una historia.

Suspiré hundiéndome un poco más en el asiento.

—Odio esto.

—Sí, sí, tragedia y sufrimiento. Concéntrate.

Lo fulminé con la mirada.

Dominic ignoró completamente eso.

—¿Cómo nos conocimos?

—No podemos decir la verdad.

—¿Por qué no? “Mi gato invadió su departamento y después me escondí en el armario de Dominic”. Suena memorable.

—Voy a abrir la puerta y lanzarme del auto.

Él soltó una carcajada.

Dios.

Totalmente insoportable de oir.

—Está bien —dijo todavía divertido—. Algo normal entonces.

Pensé unos segundos.

—¿Cafetería?

—Muy cliché.

—¿Biblioteca?

Dominic me miró horrorizado.

—¿Crees que voy a fingir que estaba en una biblioteca?

—Buen punto.

Él sonrió satisfecho consigo mismo.

—Mejor algo accidental.

—¿Como qué?

—Nos conocimos en el edificio.

—Eso es verdad.

—Y empezamos a hablar.

Solté una risa seca.

—Eso definitivamente es mentira.

—Discutir también cuenta como interacción social.

Lamentablemente… tenía razón.

—¿Hace cuánto estamos “saliendo”? —pregunté haciendo comillas en el aire.

Dominic fingió pensarlo seriamente.

—Lo suficiente para que sea creíble.

—Eso no responde nada.

—Tres meses.

Giré inmediatamente hacia él.

—¿Tres meses?

—¿Qué? ¿Quieres que diga tres días?

—No. Pero tres meses implica demasiadas preguntas.

Dominic sonrió apenas.

—Relájate. Improvisaremos.

—Tú improvisarás. Yo entraré en combustión espontánea.

—Confío en ti, escritora.— dijo muy seguro.

—Eso es un error.

Él rio otra vez mientras doblaba una esquina elegantemente iluminada.

—Entonces… ¿por qué lo ocultábamos?

Suspiré.

—Mi familia.

Dominic asintió lentamente.

Y por primera vez desde que subí al auto, no hizo una broma inmediata.

—¿Tan malos son?

Miré distraídamente por la ventana. Porque estaba segura de que mi rostro iba a ser un poema de sentimientos que no se podian ocultar facilmente.

—Mi madre convierte todo en una evaluación social constante.

—¿Y tu padre?

—Más silencioso. Lo cual honestamente a veces es peor.

Dominic me observó apenas unos segundos antes de volver la vista al camino.

—Entendido.

La forma seria en que lo dijo me puso extrañamente nerviosa.

Porque Dominic normalmente se reía de todo.

Pero ahora parecía realmente intentando entender.

Y eso era peligrosísimo.

—Además —continué rápidamente intentando romper el momento— mi madre probablemente ya planeó mi boda con Sebastian Holloway.

Dominic hizo una mueca inmediata.

—Sigo odiando ese nombre.

—Ni siquiera lo conoces.

—Suena como alguien que usa gemelos con iniciales.

Lo pensé dos segundos.

—Los usa. —confirme.

Dominic soltó una carcajada triunfal.

—LO SABÍA.

No pude evitar reírme también.

Muy poco. Pero suficiente.

Y la forma en que Dominic sonrió de lado al escucharme hizo que tuviera que mirar rápidamente hacia otro lado.

Idiota.

El auto finalmente abandonó las calles más transitadas y entró en una zona muchísimo más privada.

Casas enormes. Portones elegantes. Luces cálidas iluminando jardines perfectos.

Dominic silbó apenas.

—Wow.

Sentí el estómago tensarse inmediatamente.

Porque sí.

Era impresionante.

La mansión Hart aparecía iluminada al fondo como algo sacado de una revista imposible: ventanales enormes, columnas elegantes, jardines perfectamente cuidados.

Demasiado grande. Demasiado lujosa. Demasiado fría.

Dominic redujo la velocidad lentamente.

—Espera. —Me miró. Después volvió a mirar la casa. Y otra vez a mí. — ¿Tú eres rica rica?

Hice una mueca.

—No empieces.

—Evie, esto parece el lugar donde viven villanos elegantes.

—Gracias, crecí aquí. Igual… tu descripción no suena tan descabellada.

Dominic seguía claramente sorprendido.

—Entonces… ¿por qué demonios vives en un departamento pequeño, teniendo una mansión de puta madre? —La pregunta salió tan genuina que me tomó desprevenida.

Miré la mansión otra vez.

Las luces. Las ventanas perfectas. La casa impecable donde nunca me sentí completamente cómoda.

—Porque ahí puedo respirar —murmuré.

Dominic no respondió inmediatamente.

Solo me observó unos segundos.

Y algo en su expresión cambió apenas.

Más suave.

Eso fue peor que cualquier broma.

El auto finalmente se detuvo frente a la entrada principal.

Respiré profundo preparándome mentalmente para la guerra.

—Todavía podemos huir —murmuró Dominic.

Lo miré inmediatamente.

—¿Hablas en serio?

—Un poco.

Y honestamente…

una parte muy pequeña de mí quiso decir que .

Pero entonces la puerta principal se abrió.

Demasiado tarde.

—Bien —dije tomando aire—. Vamos a sobrevivir esto.




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