Todo el ruido entre nosotros

Capítulo 20

Había olvidado lo que era salir al mundo como una persona normal.

Gravísimo error.

Porque aparentemente ahora ya no era solo “Evangeline Hart, escritora”.

No.

Ahora era: "la supuesta novia de Dominic Hale".

Qué horror.

—Esto es tu culpa —murmuré mirando el mensaje que acababa de llegarme.

Dominic: extrañas mi presencia?

Le respondí inmediatamente:

Evie: extraño mi paz.

Dominic: eso significa sí.

Bloqueé el teléfono antes de seguir alimentando su ego.

Estaba camino a la editorial porque, desgraciadamente, el mundo seguía girando y mi libro seguía atrasado.

Aunque ahora al menos tenía avances reales.

Gracias a cierto músico insoportable que accidentalmente se había convertido en combustible creativo.

No pensaba admitir eso jamás. Menos aún cerca de él o de alguien que tuviera que ver algo con él.

Llegué al edificio de la editorial intentando ignorar el pequeño grupo de personas afuera.

Hasta que entendí que… me estaban mirando a mí.

Oh no.

OH NO.

—¿Evie? —preguntó una chica emocionada.

Me congelé.

—Dios mío, sí es ella —dijo otra voz.

Y entonces pasó.

Todo demasiado rápido.

Más personas acercándose. Voces. Teléfonos. Preguntas.

—¿Tu nuevo libro sale este año?

—¿Es verdad que estás viviendo con Dominic?

—¿Black Hollow aparece en el libro?

—¡Amamos tu relación!

—¿Poe está bien?

PARA QUÉ Y CÓMO SABÍAN EL NOMBRE DE MI GATO.

Mi cerebro dejó de funcionar.

Porque esto no era como antes.

Antes mis lectores eran tranquilos. Respetuosos. Discretos con mi privacidad.

Ahora había fans de Black Hollow mezclados entre ellos.

Y eso significaba caos.

Un chico levantó un álbum de la banda.

—¡DILE A DOMINIC QUE LO AMAMOS!

—¡NO VIVO CON ÉL! —respondí automáticamente.

Silencio.

Después alguien gritó:

—¡ESO SONÓ MUY SOSPECHOSO!

Perfecto.

Absolutamente perfecto.

Intenté avanzar hacia la entrada mientras mi dignidad moría lentamente.

Y entonces alguien preguntó:

—¿Tu próximo protagonista está inspirado en Dominic?

CASI ME MUERO.

—NO.

Mentira.

Un poco.

Tal vez.

Muchísimo peor.

Una chica sonrió emocionada.

—¡Sabía que sí!

—¡NO DIJE ESO!

Las cámaras seguían apareciendo.

Más flashes. Más teléfonos. Más preguntas.

Y el peor problema… era que algunas personas realmente parecían quererme.

Eso me desconcertaba completamente.

Tu libro me ayudó mucho el año pasado —dijo una chica bajito sosteniendo uno de mis libros contra el pecho.

Mi cerebro se frenó un segundo.

La miré.

Y algo dentro de mí se suavizó apenas.

Porque sí. Eso era lo que amaba de escribir.

Incluso en medio del caos.

Sonreí pequeñito.

—Gracias.

La chica sonrió feliz inmediatamente.

Y el error fatal… fue que alguien tomó una foto justo en ese momento.

Perfecto.

Más contenido para internet.

Finalmente logré entrar al edificio casi huyendo.

Y apenas las puertas del ascensor se cerraron… me dejé caer contra la pared.

—Oh Dios mío. Esto es un caos —murmuré.

—Te ves traumatizada.

Casi grité.

Giré sobresaltada.

Y encontré a Charlotte dentro del ascensor sosteniendo café.

—¿QUÉ HACES AQUÍ?

—Tu editora me dejó entrar porque dije que eras emocionalmente inestable.

—Eso no responde nada.

Charlotte me entregó un café tranquilamente.

—Quería verte sufrir en persona.

La fulminé con la mirada.

—Hay gente afuera.

—Sí.

—MUCHA gente.

Charlotte sonrió apenas.

—Bienvenida oficialmente a la fama colateral.

Gemí frustrada apoyando la cabeza contra el espejo del ascensor.

—No sirvo para esto.

—Sí sirves.

—Charlotte, casi me desmayo porque alguien preguntó si Dominic inspira mis personajes.

Charlotte soltó una carcajada.

—Bueno…

—NO TERMINES ESA FRASE.

Las puertas se abrieron.

Y apenas entramos al piso editorial… mi editora apareció caminando rápidamente hacia mí.

Margaret Collins.

Elegante. Intimidante. Y con la capacidad de destruir mi autoestima literaria en tres palabras.

—Evangeline.

—Margaret.

Ella me observó unos segundos.

Después habló completamente seria:—Necesito saber algo.

Sentí terror inmediatamente.

—¿Qué cosa?

Margaret dejó una carpeta sobre mis brazos.

—¿Tu relación caótica con el rockstar está ayudando finalmente a que escribas?

Charlotte se dobló de risa atrás mío.

Y yo entendí inmediatamente… que mi vida ya no tenía salvación alguna.

—¿Perdón? —pregunté lentamente.

Margaret me observó con absoluta calma editorial.

—Tu bloqueo creativo. ¿Mejoró o no?

Charlotte seguía riéndose detrás de mí como una traidora profesional.

—No puedes preguntarme eso así.

—Claro que puedo. Soy tu editora.

Eso era técnicamente cierto.

Y desgraciadamente… también tenía razón.

Porque sí. Había escrito más en las últimas semanas que en meses.

Lo cual era profundamente irritante.

—No tiene nada que ver con Dominic —mentí inmediatamente.

Charlotte hizo un sonido ahogado.

Margaret levantó apenas una ceja.

—Evangeline. Soy editora. Detecto mentiras emocionalmente dañinas por profesión.

La odiaba un poco.

Muchísimo.

—No estamos hablando de eso.

Margaret empezó a caminar hacia su oficina como si ya hubiera ganado la discusión.

—Perfecto. Entonces hablemos del manuscrito.




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