Todo empezó contigo

Cap 4: Quien es el pt 2

La adrenalina todavía recorría mis venas cuando el chico que me había defendido se volvió hacia mí. Su mirada estaba cargada de preocupación, intensa, como si el mundo a nuestro alrededor hubiera dejado de existir por un instante.

—¿Estás bien? —preguntó. Su voz era seria, pero suave, casi protectora.

—Sí... gracias —respondí, dejando escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Algo en su presencia me hacía sentir segura. No era solo el hecho de que hubiera intervenido, sino la forma en la que se mantenía frente a mí, atento, como si su prioridad fuera asegurarse de que nada más pudiera hacerme daño. En medio del caos, él se sentía como un refugio inesperado.

En ese momento, Lucía apareció corriendo hacia nosotros, con el rostro dividido entre el susto y el alivio.

—Beatriz, ¿estás bien? —preguntó apresurada—. Vi que algo pasó con ese chico y supe que necesitabas ayuda.

—Sí, estoy bien —dije—. Gracias a él.

Lucía me sonrió con sinceridad y luego se giró hacia él, mirándolo con una complicidad evidente.

—Gracias, hermano —dijo con calidez.

Parpadeé, sorprendida. —¿Hermano?

Lucía soltó una pequeña risa. —Oh, cierto, no los he presentado formalmente. Beatriz, él es Pablo, mi hermano. Siempre aparece cuando más se le necesita.

Pablo me sonrió entonces, y fue distinto. Más lento. Más consciente. Extendió la mano hacia mí, y cuando nuestras pieles se tocaron, sentí una corriente inesperada recorrerme.

—Mucho gusto —dijo.

—Igualmente —respondí, notando cómo su mirada se quedaba un segundo más de lo normal en la mía. No era invasiva, era curiosa... como si quisiera memorizarme.

Por un instante, el tiempo pareció suspenderse. No sabía explicar por qué, pero algo en mi interior se acomodó, como si lo hubiera estado esperando sin saberlo.

—Bueno... debo irme a casa —dije finalmente, intentando recomponerme—. Nos vemos mañana.

—Cuídate —respondió él. Su tono era tranquilo, pero había algo implícito, una promesa silenciosa de cuidado.

Mientras me alejaba, sentía su mirada seguirme, y esa sensación me acompañó todo el camino a casa. No podía dejar de pensar en lo ocurrido. En él. En cómo, con solo aparecer, había cambiado mi día... y tal vez algo más profundo dentro de mí.

Aún no tenía carro; acababa de llegar a Londres y me movía entre estaciones, calles interminables y luces desconocidas. La ciudad era un laberinto fascinante, pero también intimidante. Y, desde hacía días, una sensación inquietante se había instalado en mí: la impresión constante de ser observada. Cada tarde, al terminar mi rutina, sentía esa presencia invisible. Me giraba, buscando algún rostro conocido, pero solo encontraba estudiantes y transeúntes apresurados. Nunca nada concreto. Nunca nadie. ¿Era solo mi imaginación... o algo más?

Muy lejos de allí, en una elegante sala de estar, Alejandra observaba por la ventana con el ceño fruncido, como si pudiera ver más allá de la ciudad.

—¿Están seguros de que es nuestra hija? —preguntó con la voz temblorosa, cargada de miedo y esperanza.

—Por ahora no la traigan —respondió su esposo con firmeza—. Sería un impacto demasiado grande. Hay que vigilarla, saber con quién se relaciona, cómo vive...

—Yo me encargo —intervino Alex—. Cada paso debe ser calculado. La verdad puede esperar.

Los días pasaron, y luego las semanas. Lucía se convirtió en mi refugio, en mi mejor amiga. Con ella podía reír, hablar sin filtros, sentirme acompañada. Poco a poco, la universidad dejó de parecerme fría; comenzó a sentirse como un lugar al que pertenecía.

Una tarde, mientras revisaba mi teléfono, apareció un mensaje suyo.

Lucía: ¡Hola, Beatriz! 😊

Lucía: ¿Qué te parece una noche de chicas este fin de semana?

Beatriz: ¡Me encanta la idea! ¿Qué tienes en mente?

Lucía: Películas, manualidades y mucha comida.

Beatriz: Perfecto.

Lucía: ¿Puedes traer sushi? Sé que te encanta hacerlo.

Beatriz: Claro. ¿De atún y aguacate?

Lucía: ¡Sí, por favor!

Un nuevo mensaje apareció.

Pablo: Hola, chicas. ¿De qué hablan? 🍣

Lucía: Noche de chicas.

Pablo: ¿Puedo unirme?

Lucía: Solo si traes algo para compartir 😄

Pablo: Trato hecho. Llevo bebidas.

Beatriz: Perfecto, entonces.

Mi corazón dio un pequeño salto al leer su nombre. No entendía por qué me ponía nerviosa algo tan simple. Pero cada interacción con él despertaba algo nuevo, una emoción suave, insistente.

—Estás rara —comentó Lucía más tarde, observándome con una sonrisa traviesa—. ¿Nerviosa?

—No... solo emocionada —mentí mal.

—No podré quedarme mucho —escribió Pablo después—. Tengo práctica de fútbol.

Sentí una punzada de decepción, mezclada con comprensión. Había algo admirable en su disciplina, incluso eso me atraía.

Mientras me preparaba para el fin de semana, lo supe. No era solo curiosidad. No era solo gratitud. Algo había nacido desde el primer instante en que nuestras miradas se cruzaron.

Y aunque todavía no sabía qué significaba... mi corazón ya había empezado a elegirlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.