Alejandra observaba a su hijo con el ceño fruncido, cada línea de su rostro reflejaba preocupación y cautela.
—Hijo, ¿realmente estás seguro de que esto es lo correcto? —preguntó, con un hilo de voz tenso—. No quiero que te metas en problemas.
Jean intervino antes de que Alex pudiera responder, cruzando los brazos con una mezcla de autoridad y cuidado.
—Aún no es el momento, hijo. Debemos ser cautelosos.
Alex asintió, enderezando los hombros, firme a pesar de la tensión que sentía en el pecho.
—Lo sé... pero es la única forma de estar cerca de ella sin que sospeche nada.
Alejandra suspiró, como si intentara vaciar su propia angustia en el aire.
—Está bien... si crees que es lo mejor, te apoyaré.
Jean lo miró fijamente, la inquietud marcada en su expresión.
—Pero, por favor, ten mucho cuidado. Esto puede salir mal de muchas maneras.
Alex sonrió, proyectando una confianza que contrastaba con la atmósfera cargada.
—No se preocupen. Estaré bien. Este es un paso que debo dar.
Al día siguiente, Beatriz despertó con el sonido insistente del despertador, una mezcla de nervios y emoción agitándole el pecho. Saltó de la cama y fue directo al baño, decidida a prepararse. La ducha caliente despejó su mente mientras el vapor llenaba la habitación; el agua resbalando por su cabello rubio le hacía sentir un extraño alivio. Mientras se enjabonaba, repasó mentalmente todo lo que debía hacer.
Al salir, se secó con una toalla suave y se miró un instante en el espejo. Eligió un top de tirantes blanco y una chaqueta de mezclilla clara; unos pantalones negros de tiro alto y zapatillas blancas completaban su conjunto. Añadió un collar de plata, pequeños aros y un toque de brillo labial. Dejó su cabello en ondas sueltas, respiró hondo y sonrió ante su reflejo: estaba lista.
En la universidad, Beatriz caminaba por el pasillo buscando a Lucía cuando, sin darse cuenta, chocó con un chico.
—Oh, Dios mío, lo siento. De verdad no te vi —dijo ella, con una mezcla de sorpresa y timidez.
—No te preocupes —respondió él con una sonrisa tranquila.
Beatriz lo observó, frunciendo ligeramente el ceño.
—Es que... me pareces muy familiar. Creo que te he visto en algún lado, pero no sé dónde. ¿Eres nuevo?
—Así es —dijo él, con un tono que parecía genuino—. Me gustaría que me enseñaras la universidad. Soy Alex, por cierto.
—Yo soy Beatriz. Claro, puedo mostrarte... pero primero debemos buscar a mi amiga Lucía.
—Perfecto —respondió él, con un destello de complicidad en la mirada.
Encontraron a Lucía, quien guardó rápidamente su teléfono al verlos acercarse.
—Hola, amiga —dijo Beatriz, levantando una ceja—. ¿Con quién hablabas?
—Con nadie —respondió Lucía, sonrojada—. Y el quién es él?
— El es Alex es nuevo—respondió Beatriz, sonriendo
—- Mucho gusto soy Lucía— respondió estrechado manos
—Igualmente —dijo Alex, con una sonrisa que parecía iluminar la escena.
Después de las clases, Alejandra, la madre de Alex y Beatriz esperaba ansiosa en la sala, recorriendo el espacio con la mirada.
—Y bien, hijo... ¿lograste acercarte a Beatriz?
Alex suspiró, dejando escapar la tensión acumulada.
—Me fue bien... pero...
Jean tensó la mandíbula, anticipando malas noticias.
—¿Pero qué pasó?
—Sospecho que Beatriz podría estar sospechando... o incluso saber algo —murmuró Alex, evitando la mirada de sus padres—.
Alejandra lo miró alarmada.
—¿Por qué piensas eso?
—Cuando choqué con ella en el pasillo, me miró fijamente. Dijo que le parecía muy familiar.
Jean trató de ver el lado positivo, aunque con cautela.
—Eso podría ser buena señal. Fue alejada de nosotros cuando era bebé. Dicen que los bebés nunca olvidan.
Alejandra asintió, con un dejo de esperanza.
—Sí... esa conexión puede ser más fuerte de lo que pensamos.
Alex cruzó los brazos, inquieto.
—Puede ser... pero tengo un mal presentimiento. No sé... siento que algo no está bien. Hay más en su mente de lo que deja ver.
—Es normal tener miedo —dijo Alejandra con ternura, colocando una mano sobre su hombro—. Pero estás dando un paso importante.
Jean lo apoyó con un gesto firme.
—Ten paciencia. Observa. No te apresures a sacar conclusiones.
Alex respiró hondo, tratando de calmar el nudo en el estómago.
—Tal vez... pero aun así vi algo más. Algo sospechoso.
Editado: 16.01.2026