—¿Ya sabe todo? —preguntó Andy, un hombre alto, de mirada calculadora y presencia dominante. Su voz cargaba urgencia y preocupación.
—Sí, tío... pero no por nosotros. Los García la tienen —respondió, con el ceño fruncido por la frustración.
María Helena, una mujer elegante pero temible, con el cabello rubio recogido en un moño impecable y ojos azules que ardían como brasas, golpeó la mesa con rabia.
—Maldita sea, esos desgraciados viven en el pasado.
—Hay que reunir a todos los infiltrados —ordenó Andy, firme como acero.
—Van a necesitar nuestra ayuda —añadió José, un hombre corpulento, de piel morena, ojos café y mirada cansada pero noble, dando un paso al frente.
Pablo observaba a todos, desconcertado. Sus ojos verdes brillaban con angustia y amor contenido; la preocupación por Beatriz lo dominaba.
—¿Quiénes son ustedes?
Un hombre apareció desde el fondo. Era alto, vestido de negro de pies a cabeza, tenía ojos color carmesí, un tatuaje cruzando su brazo y una sonrisa peligrosa que inspiraba respeto y miedo a la vez.
—No nos conocen —respondió Paul con una media sonrisa—. Soy mafioso, al igual que los García. Todos queremos lo mismo: sacar a Beatriz. Además, yo también tengo cuentas pendientes con los García, así que tenemos intereses comunes.
Pablo lo miró fijamente, incrédulo. Su expresión cambió de desconcierto a sorpresa absoluta.
—¿Primo?
—Ah... hola, Pablo —respondió Paul, abrazándolo. Su abrazo era fuerte y sincero, muy diferente a la imagen de "mafioso" que proyectaba.
—¿Desde cuándo eres mafioso? —preguntó Pablo, todavía en shock.
Paul se separó apenas y su rostro se volvió serio, más oscuro.
—Es una larga historia... pero hay algo que tienes que saber ahora —dijo—. Adrián y Helena Edwards no solo traicionaron a los García. Ellos robaron a Beatriz cuando tenía apenas tres años. La arrancaron de su familia biológica en este caso hablamos de ustedes Alejandra y Jean y la criaron como si fuera suya. Sin embargo la alejaron del mundo no solo la ocultaron bien ella vivió toda su vida encerrada ellos tal vez según ellos la protegían pero ella se sentía sola porque no tenía amigos por graduarse en casa. Pero eso no fue la verdadera traición lo que hizo que ellos murieran además de haberse convertido en mafiosos fue que ellos trabajaban como aliados para los García ellos le daban protección, lujos, pero lo más importante poder a cambio de lealtad sin embargo Adrián y Helena los traicionaron por eso es que están muertos no fueron asesinados por los García ya que al parecer los García no son los únicos que tenían cuentas con ellos pero ellos no se creen que ellos están muertos creen que son mentiras de Beatriz como ya deben de haber visto. Esa fue la traición real. Por eso los García nunca olvidaron... y por eso hoy la tienen a ella.
El silencio cayó como una losa.
—Ahora no hay tiempo que perder —añadió Paul—. Ahora debemos movernos.
José dio un paso adelante, la barba descuidada y los ojos cargados de arrepentimiento.
—Soy hijo del que era la mano derecha de los Edwards, su nombre era Alejandro. Mi padre hizo muchas cosas malas con ellos; por más que traté no pude hacer nada... y ahora miren el desastre en el que estamos metidos. Déjennos ayudarlos.
A su lado estaba Natalia, una mujer de cabello negro rizado, ojos carmesí, mirada fuerte y postura decidida.
—Soy Natalia, su novia. Y también los ayudaré. Soy testigo del infierno que vivió José porque su padre no quiso dejar esta mala vida.
Jean soltó un suspiro pesado.
—Creo que es lo mejor... está bien.
Pablo dio un paso al frente, con las manos ligeramente temblorosas pero la mirada fija, llena de determinación.
—Yo pido algo. Quiero entrar como infiltrado. Si algo le pasa... jamás me lo perdonaría.
Paul lo miró con expresión seria.
—Primo, puede ser peligroso, y lo sabes.
—Lo sé —dijo Pablo con firmeza—. Pero si no estoy con ella me volveré loco. No puedo quedarme quieto mientras ella sufre.
María Helena asintió despacio, mezcla de orgullo y preocupación en sus ojos.
—Bueno... está bien. Todos empaquen. Debemos ir a Londres lo antes posible.
En Londres...
Alan, un joven de cabello castaño claro, ojos verdes brillantes y una sonrisa tímida, se acercó a Lucía, quien lucía su cabello largo rizado y castaño recogido en una coleta. Sus ojos grandes y expresivos estaban llenos de ansiedad.
Alan titubeó un segundo antes de hablar.
—Déjame ayudarte... y, emm... creo que nunca nos presentamos formalmente. Me llamo Alan.
Lucía lo miró, sorprendida, y él añadió, con voz suave, casi como un susurro poético:
—Si las estrellas pudieran hablar,
dirían que tu nombre y el mío
debieron encontrarse antes
en esta misma noche.
Lucía sonrió levemente, sintiendo un calor extraño en el pecho.
—Claro que sí, Alan —respondió con dulzura—. Mira, debo decirte algo delicado: mi mejor amiga fue secuestrada por la familia de Marcos, el chico de quien me salvaste el otro día. Es una historia larga, pero estamos en proceso con un plan para liberarla. Ven, tengo unos amigos que están en esa casa con Beatriz. Nos dirán cómo está.
Alan tragó saliva, nervioso, y asintió.
—Ok.
Cuando llegaron, Lucía preguntó con ansiedad:
—¿Y bien? ¿Tienen noticias?
Félix cruzó los brazos; sus ojos miel reflejaban determinación.
—Tenemos buenas y malas noticias.
—¿Cuál es la buena? —preguntó Alan.
—La buena es que los chicos vienen en camino —dijo Jade, de cabello oscuro, estilo rebelde y mirada directa—. Y no lo van a creer... el nuevo mafioso es tu primo.
Lucía abrió los ojos, sorprendida.
—¿Paul es el nuevo mafioso?
—Sí —respondió Félix.
—Wow... no tenía idea. ¿Y cuál es la mala?
Jade bajó la mirada, con los labios apretados.
—Beatriz está resistiendo... pero cuando por fin la saquemos, va a necesitar mucha terapia. Marcos la viola día y noche. Ella está profundamente traumatizada.
Editado: 16.01.2026