La fiesta de graduación estaba en pleno apogeo. Las luces colgantes del salón brillaban suavemente, reflejándose en los cristales y en los vestidos y trajes elegantes de los invitados. La música suave daba paso a un ambiente lleno de risas, abrazos y reencuentros.
Beatriz caminaba entre sus amigos y familiares, todavía con el vestido azul marino que había llevado para la ceremonia, su moño ligeramente deshecho, dejando algunos mechones ondulados enmarcar su rostro iluminado por la emoción. Pablo no se apartaba de su lado, su traje azul marino impecable y su mirada fija en ella, llena de amor y orgullo. Cada tanto le tomaba la mano, como recordándole que estaba allí, que todo lo que habían pasado había valido la pena.
Lucía apareció junto a Alan, quienes decidieron finalmente revelar su noviazgo frente a todos. Ella sonreía tímidamente mientras Alan la abrazaba por la cintura, orgulloso y seguro. La reacción de los amigos y familiares fue inmediata: aplausos, gritos y felicitaciones llenaron el lugar.
—¡No puedo creer que no nos lo hayan dicho antes! —gritó Alex, riendo mientras se acercaba a abrazarlos—. ¡Son la pareja más adorable del año!
Beatriz soltó una carcajada, disfrutando del ambiente cálido y lleno de cariño. Pablo la tomó de la cintura y la acercó a él, susurrándole:
—Mira... todos están felices por nosotros. Esto es perfecto.
—Sí... —susurró ella—. Y todo gracias a ti. Por no dejarme sola nunca, por enseñarme a confiar y a amar.
Pablo la miró con intensidad.
—Te amo, Bea. Y esto... esto es solo el comienzo de nuestra vida juntos.
Cuando la música cambió a un ritmo más animado, comenzaron a bailar. Beatriz se apoyó en su pecho, dejando que el calor de su abrazo y la seguridad de su presencia la llenaran por completo. A su alrededor, amigos reían, familias compartían historias y los recuerdos del pasado parecían desvanecerse, reemplazados por esperanza y alegría.
En un rincón, Alejandra y Jean observaban orgullosos, mientras Alex y Lucía compartían risas cómplices con amigos cercanos. Todos habían vivido momentos difíciles, secretos revelados, traiciones y pérdidas, pero ahora la vida parecía darles una segunda oportunidad para disfrutarla juntos.
Pablo se inclinó hacia Beatriz mientras danzaban.
—Bea... —dijo con voz baja—. Hace cinco años que decidimos confiar el uno en el otro, que nos apoyamos, que nos descubrimos... y ahora quiero dar un paso más.
Beatriz lo miró, sorprendida y emocionada, recordando el anillo de promesa que le había dado en la ceremonia.
—Para siempre —añadió él, apretando suavemente su mano—. Siempre tú y yo, sin importar lo que venga.
Ella sonrió, apoyando su frente contra la suya.
—Para siempre —susurró, con el corazón latiendo más rápido que nunca.
La noche avanzó entre risas, bailes, abrazos y promesas. Beatriz y Pablo no podían apartar sus miradas, y en cada gesto, cada caricia y cada palabra, reafirmaban lo que ya sabían desde hace mucho: el amor verdadero no se rompe, se fortalece, se reconstruye y brilla aún más después de las tormentas.
Al final de la noche, cuando las luces comenzaron a apagarse y la música disminuyó, Pablo tomó la mano de Beatriz, caminando hacia la salida. Afuera, la brisa nocturna acariciaba sus rostros, y el cielo estaba despejado, con estrellas brillando intensamente.
—Mira... —dijo él, señalando el cielo—. Cada una de esas estrellas es un recuerdo, un momento, un paso que nos trajo aquí. Y yo prometo que juntos crearemos aún más.
Beatriz apoyó su cabeza en su hombro, respirando profundamente y sintiendo que, finalmente, estaba en paz.
—Sí... juntos —susurró ella, y con un abrazo que parecía detener el tiempo, sellaron su promesa.
Ese fue el inicio de su nueva vida: llena de amor, confianza, aventuras y la certeza de que, aunque el pasado los hubiera marcado, el futuro estaba abierto, brillante y completamente suyo.
Editado: 16.01.2026