CAPÍTULO 12:
NESSA:
La luz del sol comienza a colarse entre las orillas de la cortina. No he dormido siquiera pocos minutos, solo he permanecido recostada al lado de Elian, sobre la cama. Él tampoco ha dormido, ni dicho nada desde anoche.
Me remuevo debajo de las cobijas hasta que nuestros rostros puedo sentir su cálida respiración. Sus ojos se quedan fijos por unos segundos en mi cabello hasta que acomoda mi mechón rubio.
—¿Por qué no te tiñes completamente de rubio? —Sus ojos me miran con duda genuina y luego toma otro mechón para comenzar a jugar con él.
—Me gusta así. —Digo sin pensar al posar mi mano sobre su cabello.
—Deberías dejarlo de un solo color. —Susurra.
—Rubio no sería una opción —copio su volumen, intentando no sonar demasiado tajante.
—Tampoco pelirrojo —deja salir, suspirando. Observo como juguetea con mi cabello mientras pienso que más decir—. Tu cabello es —analiza mi rostro un par de segundos antes de sujetar con más fuerza el mechón— …llamativo —tira de mi cabello, sin fuerza y vuelve a mirarme—. Cualquiera podría encontrarte.
—Lo sé. —No hay otra cosa que se me ocurra, porque pienso en ello todo el tiempo.
—Entonces deberías teñirlo si temes que algo te ocurra. —Sus palabras salen con tanta facilidad. Mi corazón se acelera mientras escaneo su rostro completamente serio.
—Fue algo muy irracional lo que dije —Al instante la saliva se me dificulta pasar.
Comienzo a removerme en mi lugar, de un momento a otro todo lo que tiene contacto con mi piel comienza a incomodar.
—Tú nunca has sido racional —Vuelve a dejar salir, pasando una mano sobre mi mejilla—… Sobrevives gracias a eso.
Mi mirada se queda fija en su rostro, espero que sonría en forma burlona como lo suele hacer, pero no sucede.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes —hace una pausa. Su mirada se ilumina como si de pronto hubiera recordado algo importante—… ¿Cuántas vidas has tenido? ¿Una, dos…?
—Elian —las palabras salen antes de que siquiera lo piense. Su mirada rígida me observa. Vuelvo a tragar saliva, pensando en lo que puedo decir—. Debería arreglarme para la universidad…Se me hace tarde y son finales.
Me apresuro a poner mis pies sobre el frío suelo. Antes de seguir intento sonreír un poco para disimular que mi respiración me falla.
Después de pocos segundos estoy dentro del baño, miro la perilla durante unos segundos. La ropa me incomoda más que nunca. Sigo inmóvil frente a la puerta con la mano rozando con el metal del seguro. Y antes de girarlo el rostro de Elian aparece en mi cabeza «él podría querer entrar», no puedo encerrarme.
Finalmente dejo la idea de lado y arrastro mis pies hacia la regadera. Dejo caer el agua hasta que el agua caliente se vuelve tibia en mis manos.
Intento relajar mi cuerpo mientras el agua cae sobre mi piel desnuda. Aunque alivia la incomodidad que me provocó la ropa, mis hombros siguen estando tensos.
Las palabras se cuelan en mi cabeza al igual que mis dedos en mi cabello. La ducha debería ser mi solución como siempre lo hace…
Dejo escapar el aire de mis pulmones. Por más que repaso la conversación, su tono de voz y sus gestos, no encuentro alguna pizca de que quería molestarme o bromear. No lo hacía.
Cuando la espuma deja de caer de mi cuerpo, me apresuro a alcanzar la toalla que cuelga del gancho de metal antes de que comience a temblar de nuevo.
El espejo está cubierto por una capa fina de vapor. Paso la palma de mi mano por encima del cristal. Observo cada mechón de mi cabello empapado.
Mitad rubia.
Mitad pelirroja.
Las gotas de agua resbalan por algunos mechones y terminan perdiéndose bajo la tela que rodea mi cuerpo.
«“Deberías dejarlo de un solo color”».
Aparto la mirada del espejo, «debería dejar de pensar en eso».
Doy media vuelta y tomo la toalla del gancho metálico.
Mis manos comienzan a temblar mientras envuelvo mi cabello e intento secarlo tan rápido como puedo hasta dejarlo sin ninguna gota. Mientras lo hago un golpe en seco me hace dar un pequeño salto en mi lugar.
«Solo es la puerta», me digo a mí misma.
Dirijo la mirada a la puerta solo para encontrarme con el rostro de Elian.
Él no tarda en comenzar a deshacerse de sus prendas.
—Vas tarde, cariño —dice con suavidad mientras aparta unos mechones de su frente—. ¿Qué tanto haces en el baño?
—Nada…—respondo después de unos segundos—. ¿Vas a llevarme?
Una sonrisa que apenas puedo percibir aparece en sus labios.
—Siempre lo hago.
Continua hasta la regadera. El cristal empañado comienza a cubrirse de gotas segundos después de abrir la llave.
—Lo sé —suspiro, esperando que diga algo más, pero no sucede. Ya está concentrado duchándose—. Pero creí que tenías algunas vueltas hoy.
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Editado: 30.06.2026