Todo Lo Que Fui

EL OTRO LADO DE LA PUERTA

Del otro lado, ellos estaban cansados.
Yo podía sentirlo, incluso sin verlos.
Aquí dentro, el mundo era más pequeño.
Más lento.
Más silencioso.

Me senté en el suelo con la espalda apoyada en la puerta. El azulejo estaba frío, pero no me importó. Dejé correr el agua. No porque la necesitara, sino porque el sonido llenaba los huecos que no quería escuchar dentro de mí.
Respiré.

Afuera, Alessia se dejó caer en la cama. Lo supe sin oírla. Su cansancio siempre hacía ruido, incluso en silencio.
Matteo caminaba de un lado a otro. Él nunca sabía quedarse quieto cuando tenía miedo. Seguramente hablaba por teléfono, buscando respuestas que nadie podía darle.

Thom… Thom estaba junto a la ventana. De espaldas. Mirando algo que no estaba ahí.
Nadie hablaba.
El agua seguía cayendo.
Normal.
Cotidiana.
Tranquila.
Demasiado tranquila.

—Que se tome su tiempo —murmuró Matteo.

Lo escuché como si su voz viniera de otro mundo. Cerré los ojos. No respondí. No podía.
Pasaron minutos.
O segundos.
El tiempo ya no funcionaba igual.
El agua no se detenía.

Sentí el primer quiebre antes de escucharlo. Esa tensión rara en el aire. Ese presentimiento que no necesita palabras.

—¿No se tarda mucho? —dijo Thom.

Mi pecho se apretó.

Alessia se levantó de golpe. Lo supe por la forma en que el silencio cambió.

—Tori… —susurró desde la puerta—. ¿Ya vas a salir?
No contesté.

No porque no quisiera.

Sino porque ya no sabía cómo.

—Vittoria —dijo más fuerte.

El agua seguía sonando.
Constante.
Ininterrumpida.

—No… no… no… —la voz de Alessia se quebró.

Escuché los pasos rápidos de Matteo. El golpe de sus nudillos contra la puerta vibró en mi espalda.

—Tori, abre.

Cerré los ojos.
No había palabras que pudieran abrir eso.
El pomo giró. Cerrado.

—¡Vittoria!

Entonces pasó.
El impacto contra la puerta fue brutal. Una vez. Dos. El sonido de la madera cediendo me atravesó el cuerpo. Sentí el temblor antes de ver nada.
El grito de Alessia rompió el aire.

Matteo se quedó en silencio. Ese silencio que duele más que cualquier alarido.
Thom cayó de rodillas.
Yo seguía en el suelo.
El agua seguía corriendo.
Como si nada.

Y entendí, con una claridad cruel, que aunque estuvieran ahí…
aunque hubieran llegado…
algo ya se había roto para siempre.

Del otro lado de la puerta, el mundo seguía.
Aquí dentro…
ya no era el mismo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.