Todo Lo Que Fui

EL ESCÁNDALO DE BLACKMOOR

Blackmoor nunca había estado tan silencioso.
Y aun así, nunca había hablado tanto de mí.

Mi nombre rebotaba en los pasillos como un eco maldito.
En susurros.
En pantallas iluminadas a escondidas.
En mensajes reenviados con una ligereza que me habría dado náuseas si aún pudiera sentirlas.

—¿Supiste lo de Vittoria?
—Dicen que fue anoche…
—Era la que siempre sonreía…
—La reina de las fiestas…
Yo los escuchaba.
No desde un lugar físico.
Sino desde ese espacio extraño donde ya no se pertenece a nada, pero se ve todo.

La misma que hacía reír.
La misma que bailaba como si nada le pesara.
La misma que parecía tenerlo todo.

Qué fácil fui de resumir.
Qué cómodo fue quedarse con esa versión.
Ahora yo era un rumor.
Un tema de conversación entre clase y clase.
Una tragedia para algunos.
Un espectáculo morboso para otros.
Un “qué pena” que duraba lo mismo que una historia de quince segundos.

Nadie hablaba de mis silencios.
De mis noches.
De cómo pedir ayuda se me quedó atorado en la garganta durante meses.

Alessia dejó de ir a clases.
La vi pasar una vez, con la mirada vacía, como si el mundo se hubiera vuelto demasiado grande sin mí.

Yo quise tocarla.
Decirle que no era su culpa.
Que hizo todo lo que pudo.

Thom caminaba por los corredores como un fantasma.
Dos pasos detrás de nadie.
Sin vigilar a nadie.
Con las manos siempre tensas, como si aún esperara detener algo que ya pasó.

Matteo firmaba papeles.
Papeles que no quería leer.
Papeles que decían mi nombre con una frialdad que jamás tuvieron cuando yo estaba viva.

Blackmoor perdió su luz.
O tal vez nunca la perdió.
Tal vez solo se dio cuenta demasiado tarde de que brillaba gracias a quienes se estaban apagando por dentro.

Y entonces llegaron las preguntas.
Tardías.
Inútiles.
Dolorosas.

¿Qué no vimos?
¿Qué no quisimos ver?

Yo tenía ganas de gritarles la respuesta.
De sacudirlos.
De decirles que no fue invisible.
Que estuve pidiendo ayuda en cada sonrisa forzada.
En cada “todo está bien”.
En cada gesto pequeño que nadie supo leer.

Pero ya era tarde.
Porque ahora mi historia ya no me pertenecía.
Le pertenecía al escándalo.
Al rumor.
A Blackmoor.

Y yo…
yo solo esperaba que, al menos esta vez,
mi silencio les doliera lo suficiente como para aprender a escuchar a los vivos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.