Todo Lo Que Fui

EPÍLOGO-DESPUÉS DE QUE ME LEYERON

No estuve ahí.
Pero los vi.
No con ojos.
Con esa conciencia extraña que llega cuando ya no estás y, aun así, todo te duele.

Matteo fue el primero.
Tomó la carta con manos firmes que no lo eran. La leyó una vez sin respirar. A la mitad, se detuvo. Releyó una frase como si pudiera cambiarla. Como si al mirarla distinto yo fuera a volver.

No lloró enseguida.
Mi hermano siempre fue así.
Se sentó. Apoyó los codos en las rodillas. Se cubrió la cara. Y entonces… se rompió. No con gritos. Con ese llanto silencioso que solo tienen quienes creen que fallaron en su único trabajo.

—“No te supe cuidar,” murmuró.

Y por primera vez entendí que su culpa no era no haber llegado antes,
sino haber creído que siempre había tiempo.

Alessia leyó la suya de pie.
No porque fuera fuerte.
Sino porque no sabía qué hacer con las manos.
Cada línea la apretaba más. Cada palabra le quitaba un poco de aire. Cuando llegó al final, negó con la cabeza, como si no aceptara nada de lo que yo había escrito.

—“No era demasiado,” dijo. “Nunca fue demasiado.”

Lloró con rabia.
Contra mí.
Contra el mundo.
Contra todas las veces que defendió mi nombre y no pudo salvarme.

Después dobló la carta con cuidado. Como si fuera frágil. Como si fuera yo.

Thom tardó más.
No quiso leerla frente a ellos.
Se encerró. Se sentó en el borde de la cama. Leyó despacio. Demasiado despacio. Como si cada palabra fuera una herida nueva que no estaba listo para abrir.
Cuando terminó, no lloró.

Se quedó mirando la pared durante mucho tiempo.
Ese silencio suyo.
Ese muro que siempre fue su forma de sobrevivir.

—“Te quise,” dijo al fin. No en voz alta. No para alguien más. “Y tuve miedo.”

Y entendí algo que no supe en vida:
a veces, el amor también se esconde para no sufrir.
Los tres se quedaron distintos después.

No mejores.
No en paz.
Solo más conscientes.
Mis cartas no arreglaron nada.
No devolvieron el tiempo.
No cerraron las heridas.
Pero dejaron algo abierto.
Una pregunta.
Una duda.
Un ¿y si hubiera preguntado una vez más?

Si alguien más lee estas palabras algún día, ojalá no espere a una carta.
Ojalá no espere a una ausencia.
Porque yo no necesitaba que me leyeran después.
Necesitaba que me escucharan antes.
Y aun así…
gracias por leerme....

EN OTRA VIDA NO ME CONSUMIÓ LA OSCURIDAD.....




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