Todo lo que fuimos sin darnos cuenta

Eveling Capítulo 1 Cuando los sueños vuelven a casa

Es Navidad, mi época favorita del año. No he visto la nieve en varios años. Parece que en Costa Rica el clima es tan tropical que incluso durante el invierno hace calor. Aun así, es reconfortante volver a casa después de tantos años, y ahora estamos aquí, en el lugar que dejamos hace tiempo persiguiendo los sueños de mamá.

Tal vez para Mónica no sea tan sorprendente, porque tenía apenas cuatro años cuando nos marchamos. Durante estos tres años ha crecido tanto… y aun así sigue siendo mi hermanita pequeña, a quien quiero con todo mi corazón.

Regresar nuevamente solo me recuerda algo: aquí no tengo muchos amigos; creo que apenas conozco a tres de mis vecinos. Además, mis compañeras no son muy constantes, ya que estamos en una escuela donde sabemos que sus padres las cambian con frecuencia, porque deben viajar por trabajo o simplemente porque ya no quieren permanecer aquí. Es una completa locura.

Pero lo que realmente me entusiasma de volver es que quizá, por fin, pueda presentarme a una audición para el papel en el que deseo participar. Todo el año pasado estuve practicando mi canto. La señora Lisa me dijo que he progresado bastante. Sé que tengo mucho talento.

La última audición fue un desastre total: me quedé paralizada y luego canté un poco desafinada, sin saber la otra parte de la canción. Realmente estaba avergonzada. Sé que mamá había hecho un gran esfuerzo por llevarme y, sobre todo, por conseguirme esa audición.

Me pregunto quién obtuvo finalmente el papel. Recuerdo que había tres personas: una niña mucho mayor que yo, que tenía un cabello hermoso; una chica menor que yo que, irónicamente, parecía muy bien preparada —quizás ella lo consiguió—. También había un chico que se veía muy feliz de estar allí; tal vez buscaba algún papel secundario. Me encantaría hablar con alguno de ellos y saber cómo les fue, qué hicieron bien o mal, porque no creo que lo hayan hecho tan mal como yo.

—Eveling, es momento de desempacar, cariño. Dejaste toda tu maleta en el auto; debes guardar tus cosas y ayudar a tu hermana, que también anda jugando cuando debería estar bajando sus juguetes.

—Está bien, mamá, voy en un segundo.

—¿Te sucede algo, linda? Te noto triste por estar de regreso. ¿Tanto te gustó la costa? —dice, riéndose.

—No, para nada. Solo que volver me recuerda la última vez que estuvimos aquí y el fracaso de mi audición, que fue terrible.

—No te preocupes, ya verás cómo vas a lograr todo lo que deseas. Pero, como ya te lo dije antes, debes prepararte y practicar, porque no todo es cuestión de magia. Ahora vamos a comer algo y luego desempacamos; de todas formas, estaremos aquí por un buen tiempo.

—Seguro, mamá. Te amo.
—Yo también te amo, cariño.

Si hay alguien a quien admiro en esta vida, es a mi mamá. Cómo dejó toda la comodidad que su familia le ofrecía solo por seguir sus sueños… y verla ahora con todo lo que siempre quiso. Es una mujer maravillosa, siempre muy realista, y me dice qué es lo que debo corregir. Sé que puedo confiar en ella.

Vamos en el auto y sigo pensando en cómo podría contactar a aquellas personas que estuvieron en la audición. Luego me tranquilizo, porque mamá tiene razón: solo tengo catorce años, tengo mucho tiempo para lograrlo y me estoy preparando muy bien.

A lo lejos veo mi carrito favorito de helados. ¡Ay, cómo lo extrañaba! En Costa Rica, el sabor del chocolate no es como el de Los Ángeles. Cada país tiene su toque especial. Lo que sí echaba de menos eran los hermosos atardeceres de la costa; eso jamás tendrá comparación.

Pido mi helado de chocolate con sprinkle doble, como siempre lo hago, y justo cuando me lo entregan, a lo lejos veo a un chico que se parece mucho al que estuvo en la audición. ¿Será que aún lo recuerdo? Trato de acercarme para verlo mejor, pero no estoy segura y, la verdad, me da vergüenza que no sea él y termine hablándole a un extraño.

Cuanto más me acerco, no sé qué hacer. Él me acaba de ver y no aparta la mirada. Hacemos contacto visual por un segundo. No deja de observarme. Trato de pensar si realmente es él. Cuando intento cambiar el helado de mano, noto que me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y, justo en ese instante, recuerdo que él también me sonrió durante la audición: es la misma sonrisa dulce.

Así que empiezo a caminar para hablarle, pero, cuando me acerco, él se va… y tampoco voy a correr. ¿Será que no le agradé? Se alejó sin decir nada. No sé cómo te llamas, chico, pero yo solo quiero saber cómo te fue.

Han pasado algunos días desde que vi al chico de la audición, pero solo salió corriendo sin mediar palabra. ¿Habrá pasado algo malo? He de admitir que sigo pensando en él durante este tiempo… o será que simplemente no quiso hablarme.



#4874 en Novela romántica

En el texto hay: musica, amor, amigos y amor

Editado: 18.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.