Todo lo que fuimos sin darnos cuenta

Capítulo 1.1 La noche que lo cambió todo

Bueno, mientras hago mis actividades de fin de año, hoy es la celebración y vendrán mis abuelos de España. Ellos aún no están muy contentos de que mi madre iniciara todo el proceso del colegio o que renunciara a su título. Pero ella me explicó que fue un sacrificio que tuvo que hacer por su sueño, y la entiendo. A este punto, yo estaría dispuesta a todo por seguir el mío.

—Hermosa Eveling, qué grande estás, cariño, te extrañé muchísimo. Los meses se sintieron muy largos.

—Abuelita, qué gusto que estés aquí. Te guardé algo desde Costa Rica, seguro te va a encantar muchísimo, pero es una sorpresa. Te la daré cuando entreguemos los regalos.

—Seguro, mi niña. ¿Dónde está tu hermanita? Quiero saludarla.

—No lo sé, creo que anda con papá haciendo las últimas compras para la fiesta de hoy. Ya sabes, nuestra tradición de hacer un fin de año inolvidable para todos nuestros invitados. Me alegra que finalmente conozcas nuestra casa en Los Ángeles. Te va a encantar. No es tan grande como la tuya, pero es enorme para nosotras.

—Seguro, mi pequeña. Realmente es enorme. Jamás pensé que fuera así de grande.

Mi abuela ha sido muy dura con mi madre, pero qué podemos esperar de la reina de España. Entiendo su frustración y que todos sus hijos hayan renunciado a su título por derecho, pero no quita que también son una familia tradicional.

Hoy, por primera vez, luego de ver nuestra casa, no miró a mamá con cara de reproche.

Justo cuando ya van llegando todos, aparece mi tía Karoline. Es mi tía favorita, lo admito.

—¡Tía Karol! —salto de la emoción—. Te extrañé demasiado.
Y corro a abrazarla.

—Mi pequeña, te extrañé un montón —me devuelve el abrazo—. ¿A que no sabes qué te traje?

—¿Un delicioso chocolate? ¿O será mi colección favorita de las joyas que te pedí?

—Uff, casi adivinas, pero ya sabes cómo lo hacemos: siempre tendrás que esperar hasta que abramos los regalos.

—Eso no es problema, porque solo faltan tres personas más e iniciamos con la cena especial. Estoy segura de que este año será diferente. Tengo la sensación.

—Claro que sí, mi niña de los ojos azules más hermosos.

Amo tanto a mi tía; es todo lo que está bien en el mundo. Es una mujer increíble y, además, da muy buenos consejos. Ha sufrido mucho desde la pérdida de la tía Anne; era su hermana gemela. Entiendo esa conexión entre ellas.

Su enfermedad fue terrible y, en menos de un año, le había quitado todas las fuerzas. Recuerdo la última vez que la vi: estaba en el hospital y solo me dijo:
“Hola, mi pequeña, ya tienes un cabello enorme como el de tu mamá”.
Y yo solo la abracé, quizá porque no tenía la suficiente edad para entender lo que pasaba.

Ya han pasado cuatro años desde que no está y la extraño muchísimo, pero sé que mi tía Karol la extraña aún más.

Vamos todos a cenar.

—Pueden pasar al comedor —anuncia papá—. Es un verdadero honor que puedan estar en nuestra casa y, junto a mi esposa, estamos seguros de que será una agradable velada. Muchas gracias a todos por estar aquí, en especial a nuestra querida reina Alice; estoy seguro de que no se arrepentirán.

Todos tomamos un lugar en la mesa y empiezan a servir la comida. He de admitir que siempre he apreciado el amor que tiene mi papá por mi mamá: se preocupó tanto por esta cena porque sabe lo que significa para ella. Y es satisfactorio ver que mi abuela está feliz de compartir con sus hijos. Quizás eso era lo que todos necesitábamos: una reunión familiar.

Veo a mis padres y pienso que, quizá, algún día pueda tener algo como ellos, que, a pesar de la adversidad, se hacen cada vez más fuertes. Estoy muy feliz de tener a los padres que tengo y segura de tener una maravillosa hermana como lo es Moni. Me encanta que sean parte de mi vida.

Tras una agradable velada, llega mi parte favorita: los regalos.

—Iniciemos con la tradición de entregar los regalos en Año Nuevo y no en Navidad —dice mamá, riéndose un poco—. Quizás sea una locura, pero ¿qué cosa de esta familia no lo es?

—Madre, ¿quieres iniciar con esta hermosa tradición? —pregunta mi mamá a la abuela.

—Seguro, pero antes quiero decir que la noche ha estado espectacular y la he disfrutado tanto. Gracias, Olallia, por todo; tu casa está espectacular y todo ha estado a la altura.

—Gracias, madre. Si te gusta, inició con tus regalos.

Mi abuela entrega todos los regalos y, después de un rato, por fin nos toca. A Moni le dieron un hermoso pony de su tamaño; ella, tan cowgirl, no puede disimular su alegría.

Ya me toca a mí.

—Para mi dulce nieta Eveling, que además de compartir los mismos ojos, también comparte conmigo el gusto por la música. Espero que te guste.

—Gracias, abuela.

Lo abro y, con emoción, veo que es un violín… pero no cualquiera: es un Guarneri del Gesù, un violín moderno inspirado en los originales de Giuseppe Guarneri, construido por luthiers. Estoy tan feliz que se me escapa una lágrima y abrazo a mi abuela.

—Espero que toques muchísimo y seas la mejor artista —dice ella, sonriendo.



#4874 en Novela romántica

En el texto hay: musica, amor, amigos y amor

Editado: 18.02.2026

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