Ya se acerca la tan querida temporada de fiestas, donde lo único bueno que veo es que se puede compartir con la familia y disfrutar de una deliciosa comida que a mamá le queda fantástica. Pero estos años han sido lo mismo, uno tras otro. Estoy agotado mentalmente de tener que vivir todo como en un estilo de piloto automático, sin saber qué hacer con mi vida.
Sé que solo tengo catorce años, pero ni siquiera voy a la escuela como un adolescente normal; debo estudiar en casa todo el tiempo y eso me tiene harto. La única amiga que tengo es mi hermana, y justo porque pasamos casi todo el tiempo juntos, ya no quiero seguir en esta aburrida rutina. No ha pasado un solo año que recuerde con alegría. Esta vida que me tocó ha sido una mierda, pero espero que se pueda mejorar.
—Joe, mamá te ha estado hablando desde hace un rato. Nos asustaste, no respondías. Pensamos que habías salido.
—Ash… solo es que tienes esos audífonos.
—Cállate, que no sabes nada. Pero dile que voy enseguida.
Bajo las escaleras a tomar mi aburrida rutina, pero agradezco a mamá por estar aquí con nosotros cuando sé que tiene muchas cosas por hacer.
—¿Qué hacías, Joe, que no respondías? Nos estabas preocupando.
—Lo siento, es que tenía mis audífonos y no podía escucharte.
—Seguro estabas escuchando de nuevo tu fracaso de audición que tuviste hace unos años —ríe descaradamente.
—Ashley, por favor, no digas eso.
—Pero es que tiene razón, mamá, fue un fracaso.
—No, no creo que haya sido un fracaso —dice mamá—, solo que te desconcentraste como nunca había visto, y sobre todo tú, que siempre estás preparado.
—Muy graciosas las dos…
—Estoy segura de que fue esa chica la que te desconcentró. No dejaste de verla por un buen rato.
—Deja de mentir, Ash. Ese no fue el problema.
—¿Y tú qué crees que pasó, cariño?
—No lo sé, quizás estaba nervioso… irónicamente. Pero lo volveré a intentar. Ya envié nuevamente la solicitud para un apoyo vocal en una película.
—Esperemos que esta vez sí termines la canción.
—Ya basta, Ash. Seguro que esta vez lo obtendrás.
—Sí, mamá, yo también lo creo.
Sé que mi audición fue un fracaso y me dolió mucho. Decidí que no podía quedarme estancado en ese recuerdo. Esa misma noche, después de regresar a casa, me encerré en mi cuarto y comencé a cantar una y otra vez la misma canción que no logré terminar en la audición. No importaba si mi voz se quebraba o si sentía que iba a perder el aire; lo único que quería era demostrarme a mí mismo que podía hacerlo.
Pasaron varios días en los que apenas dormía, practicando frente al espejo, grabándome con el celular y repitiendo hasta los errores más pequeños. Cada vez que sentía que no servía para esto, recordaba a papá diciéndome que el talento no basta si no hay disciplina, y que los escenarios están llenos de personas que alguna vez fueron rechazadas.
Entonces lo supe: no importaba cuántas veces me dijeran que no, yo iba a seguir intentándolo hasta que un “sí” cambiará mi vida. Esa convicción es la que me llevó a enviar una nueva audición, esta vez más preparado, con la esperanza de que alguien reconociera que dentro de mí había algo que valía la pena escuchar.