Todo lo que fuimos sin darnos cuenta

Eveling - Antes del primer paso -

Finalmente llega el día del baile, lo que me recuerda dos cosas: estoy a solo tres días de iniciar y debo tener pareja de baile. Me resulta bastante extraño, pero supongo que ya tengo edad para eso. Mamá solo me dijo que no lo veía mal, siempre y cuando estuviera segura de que era lo que yo quería.

Me preparo con el peinado y el maquillaje; Anne dejó mi vestido listo. Este mes ha sido un poco solitario: mis padres han tenido que viajar por trabajo y mi hermana ha estado en casa de mi abuela, así que he permanecido sola en esta enorme casa. Solo me acompañan las personas del servicio, que sin duda son geniales, pero extraño a mi familia. Sé que todos tienen cosas que hacer, pero por eso amo las fiestas navideñas: nos obligan a estar juntos al menos algunos días. Me tomo una foto para enviársela a mamá y me responde de inmediato: “Te ves hermosa. Disfrútalo, cariño.”

Realmente no tengo muchos ánimos de ir, pero no dejaré plantado a Cris. Quizá pase un buen momento, así que llamo a Artur para que me lleve. Durante el camino pienso que será bueno iniciar mi propio camino, porque muchas veces siento que las personas se acercan a mí solo por lo que represento. Ser la hija de un cantante, de la dueña de una escuela internacional o la nieta de la reina puede ser abrumador; nunca sabes quién es realmente honesto.

Me bajo del vehículo y, para mi sorpresa, no veo a Cris. Se me hace raro, así que decido llamarlo por si le ha pasado algo, pero no responde. Pregunto a algunas personas si lo han visto, pero nadie sabe nada de él. Empiezo a preocuparme, le dejo un mensaje, pero no obtengo respuesta. En ese momento se acerca Katlyn.

—No… realmente no lo he visto. Quizá le pasó algo… —dice, dejando un silencio incómodo.
—¿Qué pasa?
—Pero no creo… él no es así.
—¿Así cómo?
—Que solo haya sido una broma de mal gusto. Ya sabes que ellos escogen personas para hacer retos y poder entrar en grupos selectos.

En el momento en que Katlyn lo dice, todo comienza a tener sentido. Me siento la persona más estúpida del mundo. ¿Cuántas veces me ha hablado Cris? Dos. Y una fue porque se me cayó un libro. Me siento fatal, así que decido que lo mejor es no entrar y volver a casa.

—Sabes… es más probable lo segundo. No tengo ganas de entrar. Me iré a casa. Puedes delegar mis responsabilidades a alguien más.
—¿Estás segura? Podemos quedarnos juntas si quieres.
—Descuida, me voy.

Le pido a Artur que me lleve con mi tía Karol. No pienso convertirme en la burla de nadie.

—Hola, linda —responde mi tía al teléfono.
—Tía, ¿estás en casa?
—Sí, estoy por aquí. ¿Qué sucede?
—Llego y te cuento.
—Aquí te espero.

Me siento tan tonta. ¿Cómo pude creer que me invitaba solo porque quería pasar un momento conmigo? Fue la invitación más rara del mundo, por eso al inicio no lo creí. Pero cuando vi que no parecía broma, no quise dejarlo así. Bueno, eso me pasa por ingenua. Le digo a Artur que me quedaré con mi tía y que vaya a descansar.

Luego de contarle todo a mi tía y de que nos riéramos y nos enfureciéramos al mismo tiempo por lo que me hicieron, dejamos el tema y comenzamos a conversar sobre el papel que he obtenido.

—¿Ya te han enviado información sobre lo que vas a hacer?
—No, solo con quién me tocará estar.
—¿Y quién será el afortunado o la afortunada?
—Pues mira, solo aparece el nombre. He leído los demás para ver si conozco a alguien, pero no reconozco a nadie.
—Déjame ver.

Empieza a leer los nombres en voz alta, con su increíble radar para reconocer a todo el mundo en Los Ángeles.

—Oh… mira quién está aquí.
—¿A quién conoces? Así al menos puedo iniciar una conversación.
—Joe Tisdale.
—¿Qué? ¿Quién es? Justo es mi pareja, la persona con quien compartiré ocho horas durante algunos meses.

Mi tía se ríe en silencio y me explica:

—Cuando estudiábamos en la universidad, tu mamá y yo tuvimos muchas amigas, pero hubo una con la que fuimos inseparables. En ese tiempo conoció a su novio, Adrian Tisdale. Es un apellido poco común. Luego conocimos a su hijo cuando era un bebé. Te digo esto porque Pecos era la mejor amiga de Anne; fuimos muy unidas. Ella tiene mellizos y una vez que nos encontramos, coincidimos contigo. Recuerdo que hay una foto, déjame buscarla.

No puedo creer lo que acabo de escuchar. Mi tía me muestra la foto y es real: estoy en un coche con mis tías, y su amiga aparece con sus dos bebés en otro coche. Así que, hijo de Pecos, veremos cómo hago para unir de nuevo esta amistad. No sé qué pasó entre ellas, pero presiento que es algo delicado y prefiero no preguntarlo.

—¿Qué pasó después con ustedes?
—Para ser honesta, después de que Anne murió perdimos comunicación y se hizo complicado. Ella se mudó a Canadá por trabajo y yo no seguí al pendiente. Realmente era más cercana a Anne.
—Entiendo. Gracias, tía, por dejarme venir.
—Yo siempre estaré, y lo sabes.
—Lo sé.

Reviso mi teléfono y veo un mensaje de Cris que dice: “Lo lamento, Eveling. De verdad me atemoricé de que todo fuera a salir mal. Te vi afuera, estabas realmente hermosa, pero me asusté tanto que no pude ir. Entiendo si no quieres volver a hablarme; lo peor es que estoy haciendo esto por mensaje. Gracias por aceptar mi invitación.” Al leerlo, me doy cuenta de que no se trataba de un reto; solo tenía miedo. Lo entiendo, pero ¿por qué dejarme ahí? En este momento no tengo cabeza para pensarlo, así que solo respondo: “Lo hablaremos luego. Descansa.”



#5961 en Novela romántica

En el texto hay: musica, amor, amigos y amor

Editado: 01.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.