Se ha cambiado de ropa y se ve radiante, como siempre. A lo lejos me sonríe y observa toda mi casa.
—Qué hermosa casa. Ya entiendo por qué no quieres ir a la escuela. Digo, ¿quién querría salir de un lugar tan lindo? Me encanta el jardín; está muy bien dividido por secciones.
—Eh… gracias, supongo. Es una de las pasiones de mi mamá; se ha esforzado mucho por mantenerlo así.
—Se nota.
—Pasa adelante.
Desde que tengo uso de razón, nunca había visto a alguien fijarse tan detalladamente en el jardín de mamá. Al parecer, la mayoría solo se interesa por lo que hay dentro de la casa o por lo grande que es. Eveling es la primera persona que menciona algo sobre el jardín de mamá. Algo bueno debe de tener.
—Mira, te admito que es mucho trabajo, y sé que hoy ha sido un día pesado, así que, hasta donde pueda, trabajaremos juntos y yo terminaré el resto.
—Descuida. Cuando dije que iba a devolverte el favor, hablaba en serio. Imagino que estás en décimo, al igual que yo.
—Mmm… estoy en noveno apenas.
—Pero vas para décimo, a eso me refiero.
—Ah, sí, voy a décimo, si logro pasar con todo lo que tengo.
—Perfecto. Esos temas ya los terminé, así que será fácil ayudarte. Se me ocurre que me des lo más difícil a mí y avances con lo más simple; así podemos trabajar juntos y terminar en unas dos o tres horas, tiempo suficiente para que descanses.
—¿Crees que vamos a terminarlo? Pensé que solo podríamos hacer una materia hoy.
—Claro. Si te digo que puedo, es porque estoy lista. Además, la idea de ayudarte es que descanses. Nadie debería estar tan cansado como para dormirse a mitad de jornada.
—Comencemos, entonces.
Separamos las tareas como lo propuso Eveling, y resulta que es muy buena, tal como dijo. Me ha sorprendido que empezó tan rápido; el tiempo que a mí me tomó apenas acomodar las cosas, ella ya va por la mitad.
—Mira, te dejaré todas las clases literarias; no soy muy buena con eso. Tomaré el resto de matemáticas.
—De acuerdo. La primera que tomaré será la de escritura, ya que es mi fuerte.
—Súper, entonces terminemos con esto.
Me impresiona lo en serio que se lo ha tomado. Avanza con cada tarea sin distraerse ni un segundo, mientras yo apenas inicio la primera asignación. Va mucho más rápido que yo. Me ha dejado sin palabras; sin duda sabe lo que hace.
—Oye, ¿y por qué no vas a una escuela que se adapte a tus necesidades, si estás en constante cambio?
—Pues la verdad nunca lo he buscado. Este año ha sido más cansado que los anteriores, y estaba pensando en hablar con mis padres para ver qué opinan de que tomemos clases en una escuela.
—¿Tienes hermanos?
—Ah, sí. Es mi melliza, pero somos totalmente diferentes. Se llama Ashley y es muy sociable, así que casi nunca está en casa.
—Debe de ser divertido tener una melliza. Pero creo que sería bueno que fueras a una escuela; la carga se vuelve más equilibrada y no te pasa esto. Además, te dan mejor atención y un aprendizaje más completo para la universidad.
—Seguro que sí. ¿Tú dónde estudias?
—En Elaris Academy. Es una escuela espectacular, créeme. Se ajusta a las necesidades de los alumnos. Yo también viajo con mis padres constantemente, y tiene sedes en varios países de LATAM y Europa, así que puedes continuar las clases en cualquier parte, presencial o virtual. Actualmente cubre el 77 % de Estados Unidos, un 70 % en LATAM, y en Europa apenas va alcanzando un 55 %. El resto de continentes es la visión futura. Te garantizo que no te vas a arrepentir; si quieres, te paso el número de admisión y conversas con ellos.
—Wow, suena como una gran escuela… y parece que tú fueras la dueña. Sin duda deberías trabajar en ventas o admisiones.
—Ríe tímidamente—. Pues casi la dueña… en realidad, es de mi madre.
Cuando Eveling dice que su madre es la dueña de una escuela tan grande y prestigiosa, entiendo por qué la casa no le parece asombrosa. Imagino que puede tener varias, y por eso su mirada se detuvo en el jardín. Quizá le pasa como a mí: no le gusta que la gente se acerque por lo que representas, sino por quién eres.
—Entiendo. Si quieres, compárteme el número y hablaré con mis padres para ver qué les parece.
—Está bien. Bueno, he avanzado bastante, solo me faltan tres guías. ¿Cómo vas tú?
—Bastante bien. Ya solo me queda terminar un poema, y ando con inspiración, así que, antes de que se me vaya la idea, lo termino.
Eveling se ríe y continúa trabajando. Me ha inspirado esta tarde; pasar el tiempo con ella ha sido una de las pocas actividades que me relajan y me hacen sentir bien. Seguro que, con lo de su madre, tenemos los mismos ideales. Comienzo a escribir:
En los ojos de ella
el mundo se detiene,
como si el tiempo temiera
profanar tanta calma.
Cuando me miran,