No es necesario estar feliz todo el tiempo, ni tampoco sonreír en cada momento y a cada persona que pasa por tu vida, como tú siempre lo has hecho.
Dejame estar en silencio por unos instantes para poder así intentar alegrarte.
Siempre te defendí cuando te imponían cosas, pero ¿por qué no me dejaste estar en silencio y solo expresar las cosas por medio de mi cuerpo?
Siempre intenté hacerte ver que no me importaba lo superficial, siempre traté de hacerte saber que no me importaba lo que hacías o decías con tal de que fueras feliz, pero ¿por qué me quitaste el poder de ver el color gris? Ese gris que no es ni negro o blanco, solo gris, gris como mi vida, gris como lo que pienso, gris como lo que soy, un gris al cual tú le has cambiado el significado.
No confundas el hecho de quererme y que yo te quiera, con tenerme bajo una inmensa nube negra, que por más que de ella caigan palabras lindas, palabras santas o lluvia escarchada, sigue siendo una nube llena de inseguridades, miedos y prejuicios que lentamente fueron llenando mi cuerpo, que de manera muy lenta creo que me privaron de mi libertad.
Déjame ser yo por un momento, que luego con miradas enamoradas y el corazón a punto de estallar por el amor que te tengo, lo compenso.
Creo que nunca fui muy claro contigo cuando te decía que no importaba lo que el resto del mundo decía, solo me importaba tus palabras, tus caricias y tu sonrisa, pero supongo que pensaste que iba a ser como el resto del mundo, un mundo que pretende cambiar a como dé lugar nuestra verdadera esencia.
Cada día me arrepiento de no haber hecho más por ti, por mí, me arrepiento de no haberte dicho con mi voz que no necesitabas cambios, que eras lo más perfecto que mis ojos hayan visto nunca, de no haberte dicho que… te amo.
Pero ya es tarde, empezaste a tejer una red de mentiras, que tal vez los demás se creían, aunque yo nunca lo hice, nunca creí esa utopía que decías que era tu vida, sin embargo, me permití sentir tu triste verdad y también tus alegres mentiras, me permití quedar apresado en la red de tus falacias, aunque no estuve cegado como muchos otros, permanecí estático en ella y no hice nada para cambiarlo.
Y no sé si haber sentido la dualidad de tu vida haya sido una ventaja para poder que en mí tuvieras un refugio o una desventaja porque querías hacer lo mismo que hacías contigo y por el amor que te tengo tolere que la mentira arropara mi grisácea existencia, tal vez tolerar eso era lo mínimo que me correspondía por haberte hecho pasar incertidumbre con mi callado ser.
Con congoja C.B. para mi querida Lizzie.