Todo lo que le escribí a ella...

Carta 9

Aún no sé cuándo ni dónde enviarte estas cartas, o si enviártelas sea lo correcto, no sé qué hacer con ellas y menos con lo que ha pasado hoy.

Te he visto llorar, y me ha sido imposible no correr a consolarte, realmente estabas devastada y fuera de sí, desde el momento en el que llegué a la banca donde te encontrabas sentada.

Tú que siempre te has mostrado fuerte como el sol, hoy parecías una triste mariposa cuyas alas se han lastimado y le quedan pocas horas antes de morir, parecías un ave cautiva, sin poder disfrutar la libertad que sus grandes alas le pueden aportar.

Tú que sueles ayudar a todo el mundo, la que quita la tristeza de los demás y parece transmutarla y entregárselas como alegría, necesitabas más ayuda que lo que alguna persona jamás antes la había necesitado.

Tal vez si llegas a leer estas cartas no te sea de mucho agrado leer que estabas tan mal, pues creo conocerte más que nadie y puedo afirmar que nunca te ha gustado mostrarte débil ante los demás. Aun así, quiero escribir lo que pasó, detallar como te encontrabas para demostrarte que a pesar de ser vulnerables el mundo sigue su girar y los que habitan en él pareciera que no se detienen un segundo a observar aquel que sufre, que a pesar de que no me querías allí fui el único de los muchos amigos que dices tener, que pudo intentar comprender tu dolor y hacer lo que tú siempre haces por todos.

Estaba caminando por el gran parque de la escuela cuando a lo lejos te vi sentada en aquel banco donde disfrutábamos pasar largas horas contemplando los bellos paisajes, cuando lo que tu llamarías intuición y yo simplemente diría que es especulación, me hizo caminar a tu encuentro y a medida que avanzaba fui observando como de tus ojos las lágrimas brotaban. No tuve que pensar mucho para decidir ir al auxilio tuyo, al menos creo que eso haría un amigo, y de nuevo te repito que esa palabra no va ni contigo ni conmigo.

A pesar de que no me dijiste ni una sola palabra, pues tus hermosos labios carmesí lo único que sabían hacer en ese instante era sollozar y solo te aferrabas cada vez más y más a mí con el paso de los minutos, no me preocupe ni un segundo por saber qué te pasaba, lo único que me importaba era poder sanar tu corazón o tu alma que parece estar más herida que la mía.

Espero que cuando leas esta carta ya estés mejor y me puedas comentar lo que provocó que esos hermosos ojos que parecen las más finas y preciosas esmeraldas, se inundaran en un mar de lágrimas.

Con amor y cariño C.B. para Lizzie.




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