¿Alguna vez han pronunciado tu nombre como si no significara nada?
Porque hoy lo escuché y sonó hueco. Sin historia. Sin ti.
No me dieron detalles, solo palabras sueltas, fragmentadas, como si con eso bastara. Como si fuera suficiente para entender que ya no existes, que ya no respiras, que mis cartas nunca llegaron a tiempo.
No sé si lloré. No recuerdo si dije algo. Creo que asentí. Creo que respiré hondo. Creo que no respiré en absoluto.
Pensé en el sobre apilado junto a otros, en la tinta todavía intacta, en las palabras que nunca pudiste leer. Pensé en tus manos frías, en la ausencia de una despedida, en todo lo que no dijimos, en todo lo que ahora nunca diremos.
Y pensé en mí, aquí, todavía escribiéndote.
Pero ya no hay a quién enviarle esta carta.
No leíste las cartas. Nunca las leerás. No sé si habría cambiado algo, si habría servido de algo. No sé nada.
Me dijeron que se fue sola, en silencio. Que nadie se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde… estaba embarazada.
No dejo de pensar en eso. En lo que pudo haber sido. En lo que ya no será.
No puedo respirar. No puedo pensar. No puedo escribir.
Lizzie ya no está.